jueves, 5 de junio de 2014

CAPITULO 210



Me duelen los brazos para el momento en que pongo a Paula de vuelta en la habitación. Los números que brillan intensamente azules en la mesa de noche significan que son las dos de la mañana, pero no puedo dormir. No puedo dormir sabiendo que mi hermana pequeña está todavía fuera de casa en esta ciudad jodida. No sé dónde está Brian, pero cuando lo vea, es hombre muerto.  


Me tiendo en el lado derecho de la cama. Normalmente, ese es mi lado de la cama, pero desde que he empezado a dormir con Paula, he optado por la izquierda, porque a ella también le gusta el lado derecho. Pongo una sábana sobre ella y se pone sobre su costado. Si hago caso omiso del leve surco entre sus cejas,se ve tranquila.



Me alejo de la cama y dejo la habitación. Dejo caer la camiseta en las escaleras y me siento con una exhalación fuerte. Sé que debería estar tratando de dormir un poco ahora, teniendo en cuenta que tengo una cena de gala esta noche (técnicamente), pero no puedo dormir, no después de esta noche, y definitivamente no después de ver a mi hermana desnuda bailando en un tubo. Tengo que volver a por ella. Ninguna hermana mía bailará por dinero, y lo que me molesta más es que todo esto es por mi culpa. No hice caso de sus llamadas y me negué a devolvérselas porque soy demasiado terco para mi propio bien. He estado tan atrapado en la forma en que mi vida iba que no me importaba saber cómo iba la de Maca.  


Busco mi camisa y la paso sobre mi cabeza. Está un poco arrugada y húmeda, pero va a tener que funcionar. Hago palanca con la baranda para impulsarme sobre mis pies y andar el resto de la escalera. Cuando llego a la puerta, la abro y al instante mi estómago se hunde en sí mismo, con ira y alivio. Ella está vestida, por lo menos, en una camiseta suelta y un par de jeans ajustados negros. Mis ojos se centran en un pequeño rastro de pájaros de tinta que parecen estar paseando a lo largo de su clavícula.


—No los mires de esa manera —se burla Maca, empujándose más allá de mí y dentro de la habitación—. Son muy cariñosas.  

Lucho con el impulso de burlarme de ella mientras cierro la puerta y doy la vuelta, inclinando la espalda contra ella. La observo mientras mete las manos en el bolsillo trasero de sus vaqueros y se pasea por la sala principal, evaluando todo el daño con una sonrisa divertida en los labios.


—Sigues rompiendo cosas cuando estás molesto, ya veo.


—Deja la mierda, Maca —digo bruscamente—. ¿Qué demonios?


Ella mete un lado de su largo cabello negro detrás de su oreja, a la vez que sus ojos marrones me miran.  


—¿Ahora quieres hablar? ¿Tengo que aparecer sin anunciarme para que me hables? —Niego—. Diez meses. Durante diez meses, te he estado llamando para pedirte ayuda, pero no me prestaste atención.


Me empujo fuera de la puerta.  


—He estado ocupado, mira dónde estás parada. Me llevó un montón de tiempo, dinero y esfuerzo llegar aquí.


Maca se estremece, sus ojos se estrechan en ranuras acusadoras.  

—No daría una mierda aún si estuviera de pie en el palacio de la reina en estos momentos. Los elementos materiales que tienes no significan nada para mí. —Ella se pasea hacia la cocina—. ¿No podías incluso prescindir de un segundo para tu hermana? Familia... ¿alguna vez has oído hablar de esa maldita palabra?


Se apoya en la blanca isla de cocina cuadrada y arranca una uva de su racimo antes de hacerla estallar en su boca.

—Conozco esa palabra mejor que tú. Me dejaste solo para hacerle frente a mamá aun cuando sabías que ella y yo teníamos una relación difícil.


Maca sonríe. Ella malditamente me sonríe.  

—¿Y cómo va eso para ti?


—¿Cómo va eso? Está en un centro de rehabilitación en California. Eso es lo que está pasando.


Su postura se pone rígida.


—¿Y no pensaste en llamarme y decirme eso?


—No querías tener nada que ver con ella después de que te golpeó. ¿Por qué iba a llamarte? ¿Así podrías decirme que no te importa?


—¡Por supuesto que me importa! Ella sigue siendo mi madre.



Me encojo de hombros y ella rueda los ojos por mi actitud. ¿Por qué siempre me hace sentir como un niño? Dios sabe que discutimos como niños. De todos modos, repasar esto no tiene sentido, no va a cambiar nada. No hará que mamá salga de la rehabilitación o se arreglé mágicamente el problema de Maca.


—¿Dónde diablos está Brian? —le pregunto—. Quiero verlo.

Y así, veo que el color se escapa de su cara. Incluso su pintalabios color rojo brillante disminuye su tonalidad.


—No sé dónde está.


Está mintiendo. Puedo decirlo por la forma en que aparta la mirada y sus párpados aletean.


—No juegues conmigo, Macarena. Voy a salir y buscarlo en cada bar de mierda en esta ciudad hasta que lo encuentre.

Ella no se mueve y dejo pasar unos segundos. Cuando sé que no va a decirme, me muevo hacia la puerta. No estoy jodiendo. Cuando digo que voy a hacer algo, lo hago. Punto. A medida que mis dedos se enroscan alrededor del frío metal de la manija de la puerta, ella se rompe. 

—¡Para!

Poco a poco, casi triunfalmente, me doy la vuelta. Ella comienza a descascarar nerviosamente su esmalte de uñas rojo.  

—Brian no sabe que me desnudo por dinero.

—¿Qué? —Mi voz sale en una fuerte explosión, por lo que Maca salta y sin duda, despierto a Paula—. ¿Él no lo sabe? ¿Quién te lleva y te recoge del trabajo? ¿Quién te protege?


—Lo hago todo yo misma, ya no soy una niña. Tengo veintiuno. 

Oírla decirlo de esa forma suena todo menos maduro. No la veo como de veintiuno. La veo como la niña con la que crecí. 


En mi mente, ella no bebe o tiene tatuajes o sexo. Se supone que es la niña buena...


Santa.


Jodida.


Mierda. 

¿Me he convertido en el niño bueno?


—¿Por qué? —Respiro, pasando mis manos sobre mi cara—. De todo lo que podrías ser, ¿por qué estríper?


Se encoge de hombros


—Es caro en Las Vegas. Los precios turísticos son ridículos y bien, tengo el cuerpo para ello.


Le frunzo el ceño.


—Es solo temporal —añade—. Hasta que Brian y su banda ascienda.


—Sí... no hay manera de que confíe en que ese idiota sin talento te ayude a salir de esta situación. —Me giro sobre mis talones y marcho por las escaleras,haciendo caso omiso de mi hermana, que llama por detrás. Puedo arreglar esto... todo lo que tengo que hacer es encontrar mi maldita chequera.


Busqué alrededor en mi maleta, por debajo unos cuantos pares de calcetines. Cuando me doy la vuelta, mi mirada roza la cama y veo el rostro cansado de Paula parpadeando ante mí. No puedo evitar sonreír. Me gusta verla aturdida, es lindo. Ella abre la boca para decir algo, pero la interrumpo.


—Si me das diez minutos, volveré con la respuesta a cualquier pregunta que quieras hacerme.


Salgo de la sala antes de que ella responda. Quiero cumplir mi promesa en diez minutos. Paula me ha esperado lo suficiente esta noche y todavía no tieneidea de quién es Maca para mí. La última vez que la vio, yo estaba en el escenario en Spearmint Rhino tratando de sacar a una chica de él y luego me negué a hablar con ella... hombre, ¿voy para el premio del idiota del año o qué?

CAPITULO 209




Lanzo mi camiseta por encima de mi hombro y me agacho, recogiendo a Paula en mis brazos. Ella apenas pesa lo mismo que un trapo. No hay manera de que se despierte, bebió mucho esta noche ¿y a qué estaba jugando Luciano? 


Él nunca,nunca, dejaba que nada se metiera conmigo antes, nunca. Está acostumbrado a la gente que presiona para obtener información sobre mi vida personal y nunca ha dejado escapar nada, ni una vez, pero la única vez que necesitaba que mantuviera la boca cerrada, habla.  


¿Y si lo arruinó todo para mí y Pau? Paula no es el tipo de chica normal. Ella es confusa. Es una gran bolsa de emociones y trucos. Cualquier cosa que diga o haga puede provocar una reacción diferente cada vez. Esta vez, estuvo bien con eso, lo cual fue cien por ciento inesperado teniendo en cuenta su reacción a la chica en el restaurante. Si se hubiera decidido a dar la vuelta e irse, no sé qué hubiera hecho. Pero ella se encogió de hombros como si no fuera gran cosa y no sé si debo sentirme mal o aliviado.  


Sé que Vanesa ve a Paula como débil porque ella se inclina a mi favor con cada comando, pero eso no es debilidad. 


Paula es cualquier cosa menos débil. Claro, ella se quedó con su idiota ex por una cantidad ridícula de tiempo después de que él la engañó en varias ocasiones, pero eso no es debilidad,tampoco. Eso es malditamente fuerte. Yo no podría mirar constantemente el rostro de alguien que me traicionó. 

 
No es su culpa. Paula es una romántica. Ella ve el amor en todo el mundo y lo enciende en los que se molestan en conocerla. Piensa que la gente puede cambiar, incluso si le muestran un millón de veces que no lo harán. Creo que por eso ella puede ser tan frívola a veces. No sabe con qué enojarse y qué debe dejar pasar.  


Ramiro ha hecho un muy buen trabajo en formarla para desviar sus emociones en cosas al azar. Cosas que deberían molestarla no lo hacen y cosas que no importan la asustan. Es como si sus emociones fueran de nada a mucho y ella no supiera cómo expresarlas. Trata desesperadamente de darle a cada uno todo lo que necesita, por lo que no se da cuenta cuando las personas la están ayudando y cuándo las personas están atacándola.


Suspiro, sumerjo mis labios hacia la cabeza húmeda de Paula y la beso. Con suerte, siempre estaré por aquí para ayudarla. Tanto por un momento perfecto en Las Vegas para borrar todas sus dudas de casarse conmigo. Es apenas el primer día y ya he hecho un gran lío.  


La aprieto con más fuerza contra mi pecho y miro hacia su rostro. No quiero que el mañana venga porque tengo miedo de mirarla a la cara cuando se despierte. ¿Qué pasa si he dejado pasar demasiado tiempo y el daño ya está hecho?

CAPITULO 208



Pedro 
 

Mis nudillos latían y la piel amenazaba con dividirse mientras golpeaba la bolsa por última vez a mano desnuda. 


¿Cómo pude haber sido tan estúpido? Se supone que debo protegerla, cuidar de ella, y sin embargo he ignorado sus
llamadas durante los últimos diez meses y olvidé responder cualquiera de sus mensajes de voz. Sudor abriga mi cuerpo y me agacho para recuperar mi camisa del suelo. La paso por mi cara y la parte posterior de mi cuello. ¿Dónde diablos está Brian? Y, ¿por qué está dejando que mi hermanita se roce desnuda contra postes? La imagen de su cuerpo desnudo bombardea mi mente y retrocedo. ¿Cómo pude dejar que esto suceda? Mi hermanita... bailando desnuda por dinero. Aprieto los dientes y me empujó a mí mismo al máximo. Ella no pondrá otro maldito dedo del pie en un club de striptease, no si puedo impedirlo.


Me doy la vuelta, listo para ir de regreso a la habitación, pero me detengo en seco por una Paula desmayada. La visión de su cuerpo cansado casi me pone de rodillas. ¿Me siguió hasta aquí? ¿Cuánto tiempo hace que está ahí, en ese banco duro?  


Me recuerdo rompiendo todas las cosas posibles en el piso de arriba y recuerdo que ella se inclinaba contra la pared. 


Nunca lo admitiría, pero pude ver el miedo absoluto en sus ojos, como si estuviera asustada de que pudiera irme sobre ella como un perro salvaje. A veces reacciono de forma exagerada y rompo cosas... y la idea de que me haya visto tan loco me mata. No quiero que me tema,o tema hacerme enojar. Ella debe sentirse segura, siempre y yo nunca le haría daño físicamente. Es tan pequeña en comparación a mí... es curioso cómo alguien tan pequeño me puede incapacitar por completo.



Me acerco a la forma dormida de Paula con las ganas de despertarla y decirle que la culpa está carcomiéndome. 


Quería aclarar esto antes de que se quedara dormida. Todo lo que necesitaba era un poco más de tiempo. Cuando me
pongo así... todo ansioso y loco, no puedo hablar. La sola idea de tratar de explicarme o incluso escuchar a la gente tratando de explicarme cosas a mí mientras estoy tan exaltado es indignante. Necesito que me dejen con mis pensamientos y espacio para trabajar a través de ello solo. 


Si no lo hago, diré y haré estupideces por las que me arrepentiré cuando esté tranquilo. Verla toda agotada y sola me pone ansioso y contemplo despertarla solo para que me mire con sus ojos verdes, sé que entonces la presión en mi pecho se disipará.


Por la mañana, se lo diré todo. Por mucho que me mate incluso pensarlo, le diré a Paula que mi hermana es al parecer una stripper en el Spearmint Rhino. Ella lo entenderá.

miércoles, 4 de junio de 2014

CAPITULO 207




No sé por cuánto tiempo me paseo por el hotel antes de localizar a Pedro en el gimnasio. Soy tan estúpida. El gimnasio debería haber sido el primer lugar que comprobara. Oigo los puños de Pedro antes de verle. 


Mi corazón late más fuerte cada vez que sus puños golpean en la bolsa, bombeando sangre caliente y nerviosa a través de mis venas en un tiempo récord.


Me paseo más allá de una larga línea de caminadoras y más allá de las bolsas en la esquina más alejada de la estación de pesas. Efectivamente, ahí está.


Tiene su espalda desnuda hacia mí y no oye mi aproximación, lo cual está bien para mí. Me deslizo en un banco cercano y veo su bien formada espalda cuando los músculos se tensan y flexionan mientras trabaja sus nudillos en la bolsa. Veo su cuerpo ondulando cada vez que hace contacto y el sonido de él expulsando aire me tranquiliza. Se relaja con cada golpe, su cuerpo volviéndose cada vez más cansado. En algún momento, se dará cuenta de que está deteniéndose y entonces va a retomarlo una vez más, a veces aumentando su potencia y velocidad.


Después de una hora entera observándole, me acuesto en el banquillo. Mi columna duele por encorvarla y mis ojos se ponen más pesados con cada segundo que pasa. Mis ojos se tambalean entre la alerta y el sueño, a veces cayendo sobre el borde y permitiéndome tomar una micro-siesta. Me despierto a mí misma porque no quiero dormirme. No quiero lidiar con esto mañana. Quiero que se acabe ahora. Voy a sentarme, así no me quedo dormida. Los dedos de mis pies se retuercen ante la idea, pero mi cuerpo se niega a cumplir. 


Me doy unos minutos para reunir energía, pero después del sexto intento de luchar contra el sueño,sucumbo a este, dejando que esta situación se quede hasta mañana.

CAPITULO 206




Me apoyo contra la pared en la base de las escaleras hacia nuestra habitación, mi cuerpo rígido y en estado de alerta mientras Pedro pierde la calma.

 
Agarra un pequeño candelabro redondo y lo arroja duro contra la pared. El lindo vidrio rojo y plata se rompe en pequeños pedazos en el suelo y desvió mi mirada mientras él agarra un taburete de la barra y lo lanza contra la hermosa mesa de café de cristal. El miedo se catapulta a través de mi cuerpo y se aferra a mi estómago mientras me estremezco por la sonoridad. Nota mental: Si alguna vez
vivimos juntos, evitar comprar algo de cerámica, vidrio o cualquier otra cosa que pueda destruir. Lamentablemente, estoy teniendo un caso grave de déjà vu de Boston.


Sólo que ahora es sobre una chica al azar en un club de striptease en lugar de Dom.



El da vuelta sobre sus talones, sus ojos oscuros estrechándose sobre mí.  


—Vete a la cama —gruñe y casi brinco—. No quiero que me veas así.  


—No —le respondo, presionándome más duro contra la pared por apoyo y para evitar encogerme lejos de su oscura y agresiva mirada—. No voy a ninguna parte. 


Quiero odiarle justo ahora. Quiero darle una bofetada e insultarle e irme...
pero me dijo que me amaba. Me ha dicho una y otra vez que nunca me lastimaría de esa manera y si bien esta noche me hace sentir muy traicionada, sé que hay más en esto. La falta de comunicación es un asesino y no voy a dejar que esta relación caiga víctima de esta.


Su pecho se eleva y cae en jadeos rápidos y sus labios se separan cuando su aliento es expulsado rápidamente de sus pulmones antes de que él lo absorba de nuevo.  


—¿Solo vas a verme enloquecer y darte otra razón para quererme menos?  


Siento que mis rasgos se tuercen.



—¿Quererte menos? ¿Cómo puedo amarte menos? —Doy un paso hacia adelante—. No funciona de esa manera. Te quiero por completo o no te quiero en absoluto. No hay un medio.


—¿Y tú me amas ahora?


Aprieto los labios. Sí. Sí, lo amo ahora. Sí, lo amo después de la escena que presencié en el club de striptease, pero él no está en condiciones de hacerme preguntas, no mientras todavía tengo que recibir una explicación.


—Cuando estés listo para darme una explicación, voy a estar lista para darte la respuesta.


Sé que debería estar echando humo. Sé que debería ser la que lance objetos y exigir respuestas, pero a veces una chica sólo necesita dar un paso atrás y que le digan qué hacer. Una chica debería tener momentos fuertes, donde es feroz y controlada y, a veces, una chica debe tener momentos de debilidad, dónde es vulnerable y quiere llorar y que sólo le digan que todo va a estar bien. Este es un
momento de debilidad para mí. Tal vez no quiero una explicación... tal vez tengo miedo de lo que va a decir. Tan pronto como él me construye con sus dulces labios, sé que puede enviarme a estrellarme en cualquier segundo.


No le gusta mi respuesta. Puedo ver el pánico asentándose en sus ojos y cuando estoy a punto de romperme, para decirle lo mucho que lo amo, sale apresurado de la habitación, cerrando la puerta con un golpe fuerte detrás de él. 

Me inclino contra la pared y cierro los ojos. ¿Cómo diablos voy a hacer frente a esto? Ni siquiera quiero tratar con esto ahora mismo. Estoy borracha, una rara clase de entrada y salida de sobriedad de borracho, pero aun así, mi cerebro está adormecido. Todo lo que quiero es dormir y un poco de agua fresca y fría... pero primero, tengo que encontrar a mi luchador enfadado.

CAPITULO 205




Miro hacia atrás a Pedro y no recibo ningún indicio de calidez o simpatía por lo que acabo de presenciar, lo que demonios fuera eso. Confiando en Pedro, me acerco a él, con la esperanza de que me va a dar algún tipo de explicación sensata dentro del taxi. Me agacho y subo al taxi y me sigue, cerrando la puerta con fuerza tras de sí. 


Después de que gruñe la dirección del hotel al conductor del taxi, no se mueve, ni siquiera trata de explicar lo que acaba de suceder y no sé si debo ser la que inicie la conversación. 


El taxista persa me sonríe por el espejo retrovisor y decido que arrastrarle hacia esto no es una buena idea. Puedo oír la alta y rápida respiración de Pedro,pero no hago nada para consolarle. Me siento con mi postura recta y miro las luces pasar rápido. Mantengo mis manos en mi regazo, entrelazadas para luchar contra el impulso de tocarle.


Pedro baja la ventana, dejando entrar más aire fresco y puedo escuchar sus dedos tocando a un ritmo desigual en contra de sus vaqueros mientras se vuelve más y más ansioso.


Me estremezco cuando por fin habla.



—Ya sé lo jodido que probablemente parecía para ti, pero lo explicaré todo...una vez que llegue a un acuerdo con esto.


Asiento sin mirarle. Espero que me lo explique pronto, porque me temo que estoy a punto de romper a llorar en cualquier momento. Mientras las brillantes luces del boulevard de Las Vegas comienzan a pasar rápido, me muerdo el labio inferior y hago la misma pregunta que Vanesa me estaba preguntando antes.


¿Quién coño era esa y qué coño acaba de pasar?

CAPITULO 204




Siento que mi coño late ante la idea. Claro, estoy celosa, y sí, hay una masa de nauseabundas mariposas arremolinándose en mi estómago al pensar en él tocándolas como me toca, pero debajo de todo eso, hay deseo... deseo de ver este otro lado de él, de experimentar este otro lado. 


Traigo la bebida más cerca de él,levantándola hacia su boca. 


—¿Todavía quieres que beba? —pregunta Pedro con curiosidad—. Más y creo que voy a estar en camino de superar mi límite de seguridad.


Empujo el vaso un poco. 

 
—Sólo si prometes poner todo tu enojo y pasión en mí y no en tres mujeres extrañas. 


Sus cejas se arquean con incredulidad antes de poner un ceño decidido.
Arrebata la copa de mi mano y la traga en unos rápidos segundos. Se inclina sobre mí, su cuerpo casi aplastándome cuando pone su vaso sobre la mesa.


Cuando se aleja, arrojo mis brazos alrededor de su cuello y fuerzo mis labios contra los suyos. Normalmente no soy dada a las demostraciones públicas de afecto, pero hay suficientes tetas desnudas en esta sala para desviar la atención a una pareja besándose en la esquina trasera de la sala. 


Pedro se aleja mientras los altavoces anuncian a una nueva bailarina y sus ojos se dirigen al escenario. Después de unos segundos, siento que todo su cuerpo se pone rígido y arrastro mi mirada de sus labios a sus ojos. La chispa colorida de lujuria, ida; reemplazada por rabia oscura. En un movimiento rápido, se sale de debajo de mí, poniéndome rápidamente de espaldas en el sofá. ¿Qué demonios?



A lo lejos, oigo el sonido de un taburete de metal chocando con el costado de la barra y esto me obliga a salir de mi estupor confundido, cuando Damian pasa justo por mi sofá y detrás de Pedro, con Luciano a remolque.  

Me levanto sobre mis codos antes de sentarme y balancear mis piernas por el borde del sofá. Miro a Pedro abrirse paso entre las sillas, hombres de negocios encaprichados y solteros ruidosos para llegar al escenario. La chica solitaria en el escenario, hacia la que él parece estarse dirigiendo, es ajena a su acercamiento,


Luciano y Damian son incapaces de alcanzarle antes de que salte sobre el escenario de un solo salto. 

—¿Qué diablos está pasando? —exige Vanesa mientras ella cae en el asiento de al lado mío.


Las dos miramos a Pedro agarrar a la chica en el escenario. 


Ella se ve genuinamente aterrorizada al verle y desesperadamente intenta cubrir sus pechos y la pequeña tanga de tiras azul claro.  

—¿Qué mierda, Pau? —Vanesa respira, agarrando mi muñeca.


No hablo mientras observo a Pedro y a la chica gritarse silenciosamente el uno al otro. En el momento en que Luciano y Damian llegan al escenario, los porteros ya están allí, tratando de contener a Pedro, pero él es demasiado poderoso para ellos.  

Cuando los empuja, ellos tropiezan varios metros hacia atrás antes de encontrar su equilibrio de nuevo. La chica intenta huir a través de las puertas por las que vino, pero agarra su muñeca, obligándola a quedarse con él. Su largo cabello negro azota alrededor y su rostro está enrojecido tanto por la vergüenza como por la ira. No puedo ver todos los mínimos detalles desde aquí, pero no me gusta quemella sea tan bonita.


—¿Quién es esa? ¿Sabes quién es?


Una vez más ignoro a Vanesa, desconsoladamente inmersa en la escena delante de mí. Seguramente me estoy imaginando esto. Quien sea esta chica, a Pedro no le gusta que se desnude en frente de toda esta gente, y la forma en que la maneja con tanta agresividad y posesión pone nudos en mi estómago. Desde los oscuros rincones del club, seis guardias de seguridad marchan al escenario e inmovilizan a Pedro. Ellos se devuelven, arrastrando a un Pedro cabreado desde el escenario mientras la chica desaparece detrás de las puertas del personal. Salto del
sofá y me dirijo a las puertas mientras Pedro es forzado a salir del club.


Fuera, Damian tiene a Pedro contra la pared, tratando de calmarle, y Luciano está en la acera, llamando a un taxi. 


Todo está sucediendo tan rápido y mi cerebro mareado no puede procesarlo todo. Mi cabeza gira como resultado de todo el alcohol y la escena que acaba de suceder ante mí. 


No puede ser lo que creo que es... No hemos estado en Las Vegas el tiempo suficiente para que él encuentre a alguien más... ¿no?


Un taxi se detiene casi de inmediato y es blanco, completamente diferente a los amarillos que tenemos en Portland, no que eso sea una pieza importante de
información en este momento. Pedro empuja a un lado a Damian y veo como se dirige furiosamente hacia el taxi. Él jala la manilla abriendo la puerta y se vuelve hacia mí.  


—Entra.


Doy un paso hacia adelante y entonces me detengo.  


Pedro


—Jesús-maldito-Cristo, —espeta él—. ¡Dije que entres!


Echo un vistazo por encima de mi hombro a Vanesa y ella cruza los brazos apretados sobre su pecho.


—Paula, no tienes que ir con él, —me dice, escupiendo la palabra “él” como si esta llenara su boca con un mal sabor.

—Mantente fuera de esto, Vanesa —exige Luciano y Vanesa abre la boca, a  punto de protestar.  

—Está bien —le digo, orgullosa de cuan estable sale mi voz—. Te llamaré más tarde.