jueves, 29 de mayo de 2014

CAPITULO 185



Una vez que pasamos la recepción y ellos nos registran más de un par de veces para asegurarse de que no estamos tratando de pasar de contrabando nada,una enfermera nos lleva hasta las amplias salas y a través de lujosas áreas de descanso. Todo parece ser de un blanco brillante adornado con dorado. Todo el trabajo en piedra es de mármol y las luces son bajos candelabros de cristal. Este lugar es más como un hotel seis estrellas que un centro de recuperación de alcohólicos. La enfermera da vuelta a una esquina y seguimos. Los uniformes de aquí no son batas de médicos en varios colores de azul, sino más atuendo de oficina, ajustados vestidos de negocios y lujosos tacones demasiado altos. Por desgracia, yo encajo bien aquí. 


La enfermera se detiene ante una puerta y de repente un tornado de nervios barre a través de mí. Odio no saber lo que hay al otro lado de la puerta. Esto puede girar en ambos sentidos. O esto va a hacer que este viaje valga la pena o va a ser una completa pérdida de tiempo. 


La bonita enfermera rubia se vuelve hacia nosotros.  


—Atención, ella tiene un poco de mal humor esta mañana. 


Genial. Lamo mis labios en un intento para humedecer la sequedad nerviosa que se ha apoderado de ellos, no ayuda. Con un gesto amable, nos deja solos en la puerta. Me muevo más cerca de Pedro, permitiendo que mi dedo se deslice sobre el dorso de su muñeca.


—Voy a esperar aquí por ti. —Me aparto de él, sintiéndome un poco aliviada de que no tenga que ir allí con Julia, casi me evado de esto también, hasta que la mano dura, fuerte de Pedro envuelve la mía y me jala de nuevo hacia él. 

—Te quiero conmigo —dice él en voz baja mientras me aplasta contra su pecho. Es bajo y agresivo, golpeando todos los acordes correctos—. No me hagas enfrentarla solo. 

Pedro, ella es tu mad…


—Yo no te lo estoy pidiendo,Pau. Te necesito en la habitación conmigo.


Su cara... ni siquiera puedo soportarlo. Es dulce y exigente todo a la vez.


¿Cómo puede mi cerebro competir contra mi corazón? Mi cerebro sabe que es mejor para Julia, y para mí misma, si no estoy ahí contaminando su reencuentro, pero mi corazón sabe que debo estar ahí para apoyar a Pedro,
independientemente de cuan incómoda me sienta.


Asiento con la cabeza en acuerdo y él me sostiene más cerca por un poco más de tiempo. Tiempo y espacio se alejan mientras me sostiene con su mirada. El edificio podría estar en llamas en este momento, las alarmas podrían estar a todo volumen, los aspersores volando y no tendría ninguna idea. Estaría completamente ajena a todo lo que no sea Pedro. Sus manos circundan mi cintura y mi vista cae a sus labios mientras él los baja a los míos. Siento su respiración en mi rostro mientras dolorosamente elimina la distancia entre nuestras bocas. Mis labios están separados para el momento en que su mirada baja a la mía y antes de que se sellen con fuerza, su cuerpo se pone rígido y él vuelve su cabeza, alejando sus labios pulposos de mí. 


Parpadeo rápidamente, sintiendo como si hubiera acabado de salir de algún control mental, loco y lleno de lujuria. Yo estaba demasiado consumida por Pedro para oír la puerta de Julia abrirse y cuando giro mi cabeza, me encuentro con los ojos oscuros, color café expreso, que pertenecen a una madre enojada.

Pedro cambia su peso y me apartó de él, enderezando mi camisa y falda. 

Siento que mi cara se enciende y me aclaro la garganta. No hay rastro de vergüenza en las facciones de Pedro y me pregunto, si a él realmente le importa que fuéramos sorprendidos por su madre fuera de su puerta. 

Hay un largo silencio y mi mirada vacila entre los dos. Ellos se miran entre sí en algún silencioso enfrentamiento, por lo menos ahora sé de dónde lo sacó. El silencio no duró mucho, y es rápidamente roto cuando la mano de Julia se dispara y abofetea a Pedro a través de la cara. Jadeo y mis manos vuelan hasta cubrir mi boca. Él apenas se ve afectado por la bofetada y sigue observando a su madre. El pelo se eriza sobre la superficie de mi cuerpo y todo mi sistema se inunda con sorpresa e ira.


¿Qué carajos?

miércoles, 28 de mayo de 2014

CAPITULO 184




El instituto no es nada como lo que imaginé. Me imaginé un cubo frío, blanco, como edificio, no me esperaba un balneario en la playa. Conducimos por un camino largo y recto, bordeado con hermosas palmeras y arbustos. Yo bajo mi ventana y el coche se inunda con el olor de flores diferentes. Qué lugar encantador.



El esquema de color de los edificios, los marrones y los carboncillos,contrastan bien con el cielo azul y la arena casi blanca, no es nada como la prisión sin brillo que preveíamos. Contemplo soltar una broma acerca de convertirme en un alcohólico sólo para quedar atrapada en un lugar como este, pero decido no hacerlo. En un sentido es demasiado pronto para hacer bromas como esa.

Aspiro el aroma fresco de la sal del mar y esta hace cosquillas en la parte posterior de mi garganta. Me encanta estar aquí.

California se siente a mundos de distancia de Portland, Maine.


Estoy paralizada de asombro ante la serenidad de la institución, desde el camino de entrada al estacionamiento, todo esto me sorprende y no es hasta que siento los labios llenos de Pedro presionados rápidamente contra mi mejilla, que me doy cuenta de que hemos parado. Cuando lo miro, me sonríe, pero es una sonrisa falsa que asumo se supone que me haga sentir mejor. Sus ojos son oscuros, nublados, y los hermosos ríos de oro son apenas distinguibles. 

Sin decir una palabra, me deslizo de mi asiento y cierro la puerta. Mientras nos rodeamos la parte trasera del coche, Pedro mete las manos en sus bolsillos. Yo lo estudio de cerca mientras él respira profundamente, preparándose para el reencuentro con su madre. Su camisa azul cielo se estrecha alrededor de su pecho con cada inhalación y me acerco a él, pasando mis brazos por las duras aristas de sus bíceps y hacia su nuca. Suelta aire de sus mejillas.

—Me siento estúpido. 

Yo frunzo el ceño. 

 
—¿Por qué te sientes estúpido? 

Encoge sus anchos hombros. 

 
—Porque estoy nervioso... —Sus párpados caen una fracción y por alguna razón, su repentina vulnerabilidad perfora mi corazón—. Hay una sensación de malestar en la boca de mi estómago y siento ganas de vomitar.


En este momento, veo un vislumbre de lo que Pedro podría haber parecido como un niño, con toda su inocencia aún intacta, grandes, brillantes ojos marrones, labios rectos, y un pequeño surco de preocupación entre las cejas.


Adorable. 

—No te sientas estúpido —le digo, incapaz de ocultar una sonrisa.


Bajo mis brazos y engancho uno alrededor del suyo. Poco a poco, lo acerco más a la puerta principal. 

 
—Tú tienes todo el derecho a estar nervioso y si termina en una buena nota o una mala nota, todo esto se acabará pronto. Entonces, los dos podemos sentarnos y estar de mal humor o podemos ir a la playa, lo que quieras hacer, lo haremos.


Asiente con la cabeza y el movimiento me mantiene ligada a su infancia.


Tan jodidamente adorable.

CAPITULO 183




A menos de dos días para Las Vegas


 
Mi cuerpo está cargado de emoción y un sentido de auto-realización mientras nos alejamos del aeropuerto en una camioneta alquilada por Pedro. ¡Me monté en un avión por primera vez! No me importa lo infantil que sueno, fue increíble y cuando Pedro se fue al baño, incluso me asomé por la ventana.


Plano. Sereno. Surreal.  


Esas son las únicas palabras que tengo para describir lo que vi. Quiero verlo de nuevo y quiero tomar fotos de esto, para recordar exactamente lo perfecto que era. Bajo el tapasol y reviso mi cabello en el espejo, no está mal teniendo en cuenta  que estuve aplastándolo contra el reposa-cabezas de una silla por un par de horas.  


Miro de reojo a Pedro, sus ojos centrados en la carretera y me doy cuenta de que sus manos sueltan y agarran el volante, una y otra vez.  


—¿Nervioso? —le pregunto, poniendo una mano en su muslo revestido de vaquero.


Deja caer su mano del volante y toma mi mano en la suya. Extrañamente, el gesto envía un millón y un revoloteos por mi brazo y directamente a mi pecho. 


—No lo sé. —Humedece sus labios y mantiene su mirada en el parabrisas delantero—. Esto puede ir muy bien en verdad... o puede ser una mierda total.


—¿Si va bien? —pregunto en voz alta.


—La llevaremos a casa con nosotros. 


—¿Y si es una mierda?



Reflexiona por un segundo y su mandíbula se aprieta imperceptiblemente.  


—Ella se queda.


Analizo su rostro. No le gusta esa idea y puedo decir que está en conflicto.


Quiere traer a su madre a casa, pero no hasta que ella esté mejor y yo ruego por su bien que lo esté.

CAPITULO 182





Me inclino perezosamente contra su coche y bostezo mientras Pedro paga el metro. Al parecer, puedes dejar tu coche en el aeropuerto, ¿quién lo sabía? Yo nunca lo haría, no en estos días, de todos modos. Pedro, sin embargo, no tiene problemas dejando su coche. No tiene por qué, sin embargo. Luciano se ofreció a dejarnos y recogernos, pero Pedro insistió en que lo hagamos solos. No es de  
extrañar, nunca ha sido una persona de querer ayuda.
Después de que paga, entramos en el aeropuerto,cumplimos con todas las obligaciones aburridas, que consumen mucho tiempo, como esperar en la fila y registrarnos, tan bien como esperar una hora y media antes de que podamos abordar el gigantesco avión. Mientras me siento en el avión a la espera de despegar, mi pulso se acelera. Se aceleró cuando llegamos al aeropuerto, aceleró aún más cuando tuvimos nuestros necesarios documentos de identidad verificados y estaba golpeando violentamente contra mis costillas.


Embarcábamos en el avión. A pesar de todo, Pedro me frotó la espalda baja y me dio pequeños apretones de tranquilidad y esto ayudó un poco.  


Volar a otro estado es agotador, el empacar, la mañana temprano, el conducir, la espera, todo es demasiado. A mi lado, Pedro se desplaza más cerca,poniendo su mano sobre la mía.



—Relájate —me dice, dándome una sonrisa ladeada ligeramente—No puede haber dos desastrosos ansiosos en el avión.


Estudio su rostro y el lento ascenso y descenso de su pecho. No traicionó ningún signo de la ansiedad que al parecer él siente por dentro. 

—¿No te gusta volar?


—Dios, no. Preferiría tener ambos pies firmemente plantados en el suelo,pero a veces, tenemos que hacer cosas que odiamos. —Su sonrisa se ensancha—Y esta es una de esas cosas. 

Una azafata alta y desgarbada, con hermoso cabello castaño, nos pasa inadvertidamente y se desplaza hacia una pequeña habitación en la parte delantera del avión. 

—Trata de no enloquecer o ellos te tiran del avión.

Me apoyo en él, susurrando.  


—¿Qué? ¿Ellos me sacarán? ¿Así de fácil?


Pedro está disfrutando de esto. La expresión divertida en su rostro lo dice y él se lame los labios para ocultar una sonrisa.  


—Sí, así que compórtate.


Me relajo de nuevo en mi asiento y trato de comportarme indiferente y fría,pero no puedo dejar de golpetear la punta de mis dedos a lo largo del dobladillo de mi falda, de vez en cuando tocando mi muslo desnudo. Pedro eligió mi atuendo para hoy, una apretada, falda de negocios negra y una blusa de seda de color rosa claro con un cuello con volantes. Planeaba guardar este traje para la cena si
salíamos, pero Pedro no podía esperar tanto tiempo para verme en él y exigió que lo usara hoy. Yo sería más feliz en un par de pantalones de chándal y una camiseta normal. ¿No es eso lo que la gente usa en los aviones? ¿Ropa cómoda?


Tomo una inhalación profunda y estiro la mano para abrir la ventana. Aún no estamos en el cielo, pero me imagino que si me enfrento al miedo en mi cabeza y veo nuestro ascenso, entonces voy a estar lista para el vuelo. Antes de que mis dedos se enrosquen alrededor de la manija de la persiana, Pedro se lanza a través,agarrando mi muñeca. Yo jadeo mientras aleja mi mano de esta.  

—Cálmate, temeraria. —Se ríe—. Puedes desear conquistar tus miedos, pero estoy bien escondiendo el mío. —Me deja ir—. Por favor, no abras la persiana. 

¿Estoy tratando de ocultar una sonrisa escéptica? Creo que lo estoy.  


—¿Estás así de asustado? Estoy segura de que es hermoso.  

Asiente con la cabeza, sin vergüenza.  

—Sí, estoy así de asustado. Vamos a estar muy, muy alto, a decenas de miles de metros, y no me importa lo bonito que es, es un espectáculo que nunca quiero ver.


Estoy con ganas de abrir las persianas ahora. Quiero ver las nubes... mis pensamientos de las mullidas nubes blancas son interrumpidos por la voz del piloto. Apenas presto atención a lo que está diciendo. Todo en lo que puedo concentrarme es en el errático pulso de mi corazón. A los pocos minutos y una docena de anuncios de seguridad más tarde, estamos corriendo por la pista y oficialmente en nuestro camino a California.

CAPITULO 181




Parpadeo un par de veces con el fin de mantenerme despierta. Mis ojos amenazan con cerrarse y lo único que los mantiene abiertos es la masa imponente de músculos que se eleva desde la piscina. Juro que mi mundo va a cámara lenta mientras lo veo deslizar sus dedos por el cabello, haciendo que se vea todo despeinado y sexy. Eso no es todo lo que me llama la atención. Mis ojos recorren
su perfecta forma, como lo hicieron la primera vez que puse los ojos en él. Mi boca se seca y quiero pasar mis labios sobre su húmeda garganta. Soy consciente que de pronto un extraño calor abrasador me traspasa la parte trasera de mi cuello y una corriente eléctrica  hormiguea en mi cuello como nunca antes he conocido.


Sonrío. Es agradable ver que nada ha cambiado. No creo que nunca me acostumbre a su perfección sin adulterar.



―Sigue mirándome así y te llevaré a la segunda ronda. 

 
Me empujo fuera de la cerca y lamo mi labio inferior. Me siento fría y entumecida. Realmente espero no estar azul.

  
―Tenemos que levantarnos temprano mañana,¿recuerdas?  

Se encoge de hombros.  


―Si lo perdemos, reservaremos otro vuelo. ―Sonríe con una sonrisa arrogante—. Estoy seguro de que valdrá la pena.

Me agacho, recuperando la camisa de Pedro del suelo y se la arrojó.  


—Nunca he estado en un avión antes y estoy emocionada, así que, si tú me haces perderlo, voy a matarte. 

Termina con la camisa y alcanza sus pantalones vaqueros, mete una pierna después de la otra. Los jala hacia arriba y los abotona bajo en sus caderas. Cuando termina, extiende su mano hacia mí y la tomó. Mi piel se calienta en la suya y no puedo esperar a llegar arriba y tener el calor de todo su cuerpo irradiando hacia mí.

En la habitación de Pedro, tiro el vestido en el cuarto de baño y rápidamente paso una toalla sobre mi cuerpo, secando todas las pequeñas gotas de agua que me están helando hasta mis huesos. 

Dejo caer la toalla y camino de regreso hacia la habitación, deteniéndome a medio camino de la cama. Mis ojos se abren una fracción cuando se colocan sobre Pedro y toda su gloriosa humedad recostada casualmente en la cama. 

—Estás mojado.


Mojado es un poco exagerado. El aire casi lo había secado por completo antes de entrar en la casa, a excepción de una pequeña salpicadura de gotas sobre su pecho y brazos.


Me lanza otra de esas sonrisas. 

 
—Creo que esa es mi línea. 

Trato de no sonreír, pero estoy segura de que el torpe puchero en mis labios,mientras niego con la cabeza, ya había mostrado de hecho lo que yo quiero.


Pedro se ríe mientras enrolla las sábanas hasta sus caderas desnudas.  

—Entra aquí. 

Voy corriendo rápidamente hacia el interruptor de la luz y lo apago antes de sumergirme en la cama. Los brazos de Pedro me circundan, inmediatamente me arrastro hacia él y mi pecho palpita. 

Me gusta esto. 

Me gusta la forma en que estamos conectados. Cuando estábamos peleados y acostados en la cama, ignorándonos el uno al otro, me sentía vacía y nunca quiero sentirme así de nuevo. Con Ramiro, me quedaba dormida sola y enojada más veces de las que puedo contar... eso no es una relación. Lo que teníamos era una rutina incómoda de la que no podíamos sacudirnos y voy a estar condenada si dejo que otra relación se vaya por ese camino. Cuando estoy en la cama con Pedro, quiero tocarlo, sentir su piel contra la mía. Quiero sentir amor, tan abrumada que me agote y me quede dormida en sus brazos. Eso es una relación. Eso es amor.


Pedro entierra su cara en mi cabello húmedo y me besa.

  
—Te amo —susurra y hace que mi corazón tartamudee. 

Tan tonto como suena, olvido que él me ama. Es difícil de creer que alguien que camina alrededor atrayendo tanto la atención con su sutil engreimiento, músculos duros, y tatuajes, alguna vez dejaría que alguien como yo lo pusiera de rodillas, y no nos engañemos, yo lo hago ponerse de rodillas. Lo pongo de rodillas, con fuerza. 

Me muevo hacia atrás, presionando mi cuerpo con más fuerza contra el suyo. 

 
—Yo también te amo.


En el silencio que sigue, pienso en nuestro viaje a California. Nunca he estado en un avión antes, siempre he querido ir en uno, pero lo creas o no, yo era una trabajadora muy dedicada antes de que Pedro llegara. Nunca tomé un día libre por nada. No sé lo que pasó... Pedro caminó hacia mi vida y mi revolvió mi cableado interno. Desde entonces, no he sido la misma y estoy de acuerdo con eso. Cuando te encuentras con alguien que hace que todo tu cuerpo zumbe con sólo una curva de sus labios, no puedes escapar de esto. Te sientes atraído por esto, olvidando todo lo que se supone que te importa.Pedro se convirtió en mi sol y gravité alrededor de él, aun lo hago, y como el sol, todavía hay mucho que aprender acerca de Pedro. Ya sé que es grande y hermoso, pero también sé que es ardiente e impredecible. 


En California, creo que voy a estar viendo mucho más del vehemente y negativo Pedro. Siempre está de mal humor cuando se trata de su madre, o al menos lo estaba cuando lo conocí. Siempre estaba en el gimnasio,golpeando sus frustraciones.


Su madre, Julia, es una mujer muy difícil de leer. Sólo la he visto una vez y en ambas ocasiones estaba demasiado borracha, confundiéndome y frustrándome con sus violentos cambios de humor, por no mencionar el hecho de que ella me llama por el nombre de una chica diferente cada vez que la veo. Una sensación nerviosa retuerce mi estómago. 


Julia va a estar molesta de que Pedro la hubiera alejado... 


¿Tal vez yo pueda retirarme y visitarla? No. No puedo hacer eso. Pedro va a necesitar mi apoyo y es por eso que voy...  


Por él.


La necesidad de dormir se desvanece y me encuentro bien despierta mucho tiempo después de que la respiración de Pedro se nivela y mi cuerpo soporta el peso de su brazo.


 Su respiración es lenta y pesada, sonando totalmente en paz.  


Desearía que el repentino ataque de náuseas ansiosas se fuera para así poder dormir. La última cosa que quiero es verme como una mierda visitando a la mamá de Pedro mañana. Quiero gustarle, que piense que soy digna de su hijo. 


Diablos, yo incluso voy a ir tan lejos como para decir que quiero que esté orgullosa de Pedro por encontrar a una chica como yo. No soy una presumida, pero comparándome con Cassie (la chica que dormía con Pedro antes que yo), soy un premio. Claro que ella era ardiente, pero es apenas la clase de chica que puedes traerle a casa a tu mamá, no, a menos que quieras ser acusado de contratar una cita de un servicio caro de acompañantes. 


Pedro suspira adormilado, sacándome de mis pensamientos, y sofoco un bostezo mientras el sueño me reclama lentamente. Me muevo hacia adelante, con la esperanza de rodar sobre mi estómago, pero la mano de Pedro lo aprieta,manteniéndome en mi sitio. Sonrío. Incluso en su sueño él tiene que tenerme cerca.  


Me gustaría que me pidiera casarme con él ya. Sé que eso es lo que ha estado tratando de hacer las últimas semanas. 


La única pregunta que pone a un chico nervioso. Pedro no tiene control. Dice lo que quiere, cuando quiere y me parece lindo que tenga miedo de mi respuesta. No sé por qué, seguramente él sabe que va a ser sí, ¡un millón de veces sí! Estoy impaciente. Yo quiero que sea todo mío. 
Quiero su apellido, que lo lleven sus hijos, tú nómbralo, yo lo quiero. 


Y todo lo que tiene que hacer es preguntar.