sábado, 10 de mayo de 2014

CAPITULO 124



Sus ojos son oscuros, más oscuros de lo que alguna vez los he visto y mi corazón se agrieta dolorosamente en mi pecho. Está enojado conmigo…

Poco a poco me alejo de él, subiendo por las escaleras de vidrio transparente, a mi izquierda. Mis tacones sonando contra ellas, haciéndose eco en la tranquila habitación de hotel. Cuando llego a la habitación, me dejo caer en la cama, presionando mi cara en la almohada de raso morado. 

¿Cómo esta noche se volvió una mierda? Sé que debería haberme quedado aquí en la habitación del hotel. Iba a hacerlo, pero Pedro insistió en que le hiciera compañía. Mira como resultó eso.

En algún lugar entre el llanto, escucho a Pedro romper cosas y gritar a la gente en el teléfono, caigo dormida. 

Cuando abro los ojos, sigue estando oscuro, pero la luz de la sala está filtrándose por las rendijas. Me deslizo fuera de la cama y me tambaleo vacilante en mis tacones. Agarro la manija de la puerta y la abro lentamente. Esperando que Pedro se haya calmado y quiera mi compañía.  


Al igual que antes, mis tacones suenan y bajo por la escalera. No puedo ver a Pedro en ningún lugar y no puedo oírlo tampoco. En la parte inferior de las escaleras, hay una pila dispersa de porcelana. Doy vuelta en el corto pasillo y abro el armario de la limpieza en búsqueda de un recogedor y un cepillo. El vidrio en tus pies no es una buena cosa. Me agacho y barro la mayor cantidad de vidrio en el recogedor como puedo. El suelo tiene una exuberante alfombra blanca que no lo hace más fácil. 
―No tienes que venir limpiando detrás de mí. ―Su voz calmada me asusta, pero no me volteo para mirarlo por miedo a que me aleje de nuevo.

―Quiero hacerlo ―contesto, pasando mis dedos con cuidado sobre la mullida alfombra.
Estoy segura de que tengo la mayoría de las grandes piezas de vidrio. 
Suelto una respiración calmada, controlada, y no tengo más remedio que dar la vuelta. Poco a poco, me enderezo y doy la vuelta. Mi mirada se posa sobre la apariencia perfecta y sin camisa de Pedro. Su expresión es ilegible y menea una copa en la mano. El hielo golpea contra el cristal llenando el incómodo silencio. Camino pasando a un lado de él y hacia la cocina de gran tamaño.

Abro el cajón de debajo del fregadero y lanzo los fragmentos de porcelana a la papelera.

Pedro coloca el vaso ahora vacío en la barra de desayuno en el centro de la cocina. Lo miro y cierro el cajón. Él todavía tiene sangre seca en su cara y quiero atenderlo, curar la herida en su ceja. Doy un paso adelante, una vez, haciéndole saber que quiero llegar a él. Asiente y prácticamente corro hacia él. Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello, enterrando mi cara en su hombro.

―Lo siento mucho ―digo. Oh, Dios. Creo que voy a llorar de nuevo.

―Oye. ―Quita mis brazos de su cuello, obligándome a mirarlo a su cara―. Esto no es tu culpa. No hiciste nada. Todo esto soy yo. Sólo yo. ¿Entiendes?

CAPITULO 123



Pedro se pone de pie y el resto del equipo lo sigue. Vivian sonríe dulcemente y se va. La mirada de Pedro fluctúa de la mano de Dom a mi cadera a su cara. Damian le está hablando en voz baja a Pedro, pero él no parece que esté escuchando una palabra de lo que está diciéndole. Está en plena ebullición. Puedo ver su mandíbula moviéndose y apretándose, sus dedos se flexionan a los costados y el pecho sube y baja en jadeos profundos.

Trato de dar un paso adelante, pero Dom aumenta su agarre, limitando mis movimientos.

―Dom ―le advierte uno de los miembros de su equipo―. Deja ir a la chica.

Dom se ríe y no creo que le importe una mierda el torneo. Sólo quiere vengarse de Pedro. Normalmente, cuando me encuentro con Dom en las peleas, no está tocándome y soy capaz de escapar antes que lo haga… pero hoy es diferente y estoy preocupada de que si me muevo, Pedro va a hacer algo estúpido. Su grueso dedo aparta el cabello sobre mi hombro y me alejo de su toque


―Ella es un poco tímida, pero si la dejas conmigo por la noche estoy seguro de poder acomodarla para ti.
  
Pedro comienza a avanzar, pero Luciano y Damian lo detienen. Sus fosas nasales están resoplando, sus ojos queriendo sangre.

―Ya oíste a tu equipo ―gruñe él―. Déjala irse, esto es entre tú y yo.  
Una risa profunda retumba en el pecho de Dom, vibrando contra mi espalda. 
 
―Tú la trajiste a esto, no yo.

Echo un vistazo alrededor del club, algunas personas están observando, pero están intrigados, no asustados o preocupados.

Quieren ver que algo suceda aquí. Trato de dar un paso adelante de nuevo y la mano de Dom aprieta. Hago una mueca de dolor ante la presión y Pedro se impulsa hacia adelante, arrastrando a un inútil Damian y a Luciano detrás de él. Dom me empuja a un lado y caigo hacia el suelo. La cadera que había sujetado choca contra las baldosas, enviando un fuerte dolor en mi pierna. Me empujo sobre mi codo y observo el puño cerrado de Pedro conectar con el lado de la cara de Dom. Las desnudistas empiezan a chillar y llamar a seguridad mientras Dom y Pedro intercambian golpe por golpe, sus equipos impotentes para detener a las dos bestias. Pronto, todo el mundo está en esto, equipo contra equipo, golpeándose unos a otros sin sentido. Mis nervios están electrificados y mi corazón está empujando rápidamente la sangre alrededor de mis venas. Me siento mareada con la adrenalina y el miedo. Esto es todo. Pedro está fuera de la competencia y todo es mi culpa.


―¡Pedro! ―grito sobre los gruñidos y gritos.

Las lágrimas amenazan mis ojos y me obligo a levantarme.

―¡Pedro! ―grito de nuevo. 
Los guardias de seguridad están sobre ellos como moscas,
apartándolos los unos de los otros. Los ojos de Pedro se encuentran con los míos y cuando veo su rostro, las lágrimas se vierten sobre el borde de mis ojos. Hay un corte en su ceja y está derramando sangre por su mejilla.

―¡Pedro, vete! ―grita Damian―. Yo me encargo de todo aquí.

Pedro se dirige hacia mí, recogiéndome en sus brazos como si tuviera toda la energía en el mundo. Yo envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y este está húmedo de sudor.
―Lo siento mucho. ―Lloro en su hombro.

Me jala más fuerte contra él y cierro los ojos. Muy pronto, el ruido de la concurrida calle y el fresco aire nocturno me llevan a abrir los ojos. El valet trae el coche de Pedro y nos miran, pero no son lo suficientemente valientes como para hacer preguntas. Pedro me sienta en el asiento del pasajero y cierra la puerta con un golpe, sobresaltándome. Se sube en el asiento del conductor y se aleja rápidamente, sin decir nada por todo el camino de regreso al hotel.

No tengo ni idea de lo que está pasando por su cabeza y quiero entrometerme, pero, respetuosamente permanezco en silencio. Nos detenemos en el hotel y salta del coche y se dirige a mi lado. Abre la puerta y me levanta del coche antes de llevarme al vestíbulo. Me siento tonta porque soy más que capaz de caminar. Otros residentes intentan no mirar mientras algunos abiertamente nos miran y Pedro los ignora a todos. Cuando estamos a salvo en nuestra habitación, finalmente, me baja.
―¿Estás bien? ―demanda con urgencia y yo asiento.  
Pedro se detiene delante de mí. No puede respirar. Él no quiere que lo sepa, pero puedo decirlo. Su pecho se está moviendo superficialmente y su rostro está tenso, casi desesperado. Levanta el adorno de un Dios griego y lo  lanza contra la pared de la sala de estar. Salto mientras la porcelana se rompe en cientos de pedazos y se vuelve hacia mí, sus ojos estrechados en rendijas ardiendo oscuramente.

―Vete a la cama ―ordena.
Doy un paso hacia atrás.
  
―Pero tú no estás…

―¡Mierda! ¡Dije que fueras a la cama! ―grita, pasando su dedo con impaciencia a través de su cabello.

CAPITULO 122



 Ese no es el caso. Polaris es un club de striptease. ¿Cómo diablos no vi venir esto? Pedro me empuja más en el club mientras observo torpemente a las mujeres bailando en los postes y los hombres en las cabinas. Quiero decir, es sin duda el mejor club de striptease que he visto, corrección, club de caballeros como dice Damian, pero eso no me hace sentir menos incómoda.

Toco los orificios de los botones de mi blusa de seda blanca, nerviosamente,mientras Pedro coloca su mano en mi espalda y me escolta a un gran espacio al otro lado de la habitación. 

Tan pronto como nos sentamos, una mujer en topless con tetas falsas camina casualmente hacia nosotros. Su falda es corta y a cuadros, apenas cubriendo sus nalgas. Sus pezones están duros y apuntando directamente a mi cara. 

Me pregunto si tiene frío. Se presenta como Vivian y se inclina para ajustar una de sus medias hasta la rodilla, mientras sus pechos se apoyan en la mesa. Los chicos están babeando absolutamente y cuando se endereza le lanzan sus pedidos de bebidas. 

―¿Algo para ti, cariño? ―me pregunta. Su voz es alta y almibarada.  

―No, gracias ―respondo, sin poder mirarla a la cara. Estoy tan fuera de mi zona de comodidad que esto incluso no es divertido.

―Eso no es divertido ―responde, haciendo un mohín con sus labios rojo cereza excesivamente brillantes. Da un paso más cerca, y se agacha. Sus pechos rozan mi brazo y una punzada de nauseabunda vergüenza rueda a través de mi estómago―. Voy a tener que mostrarte un buen momento de otra manera. 

―Ah…

A mi lado Pedro se ríe, haciendo que el calor se filtre en mis mejillas.

―Estoy bien.

Su cálido y suave pulgar roza mi mejilla. 
 
―Cuando vayamos a hacerlo, déjamelo saber, cariño.

Sus ojos oscuros caen sobre Pedro. 

―¿Y tú, guapo? ¿Puedo ofrecerte algo?  
Él le habla con tanta indiferencia como si ella no estuviera en topless y frotando sus tetas en mi brazo. 
 
―No. Estoy bien. 
Con un asentimiento rápido, Vivian se encamina al bar y estoy agradecida de pronto de que mi papá no esté aquí. Lo que habría hecho de este momento único, el más embarazoso de mi vida.  
―¿Nunca has estado en un club de striptease antes? ―dice Luciano desde el otro lado de la cabina. Su cabello está peinado en un revoltijo de puntas en la parte superior de su cabeza y me está sonriendo como si fuera algún extraño cangrejo ermitaño.  
―No… nunca he sentido la necesidad de hacerlo. 
Pedro me mira, muy divertido y está sonriendo con esa amplia sonrisa que me gusta tanto.  

―¿Qué? ―le digo―. ¿Soy tan rara?  
―No. ―Engancha su brazo alrededor de mi cuello y lleva sus labios a los míos―. Eres buena.

Sólo nosotros entendemos el doble sentido de esa palabra. 

Cuando Vivian vuelve con nuestras bebidas,Luciano nos arrastra a todos desde la cabina y otra vez a los elegantes salones frente al gran escenario. El piso está iluminado con luces blancas y tres chicas bailan lentamente con la música, sacudiéndose y meneando todo.

―¿Quién de ustedes está listo para un buen momento? ―Vivian se ríe,inclinándose sobre nuestra mesa. 
Sus ojos parpadean sin dudar entre Pedro y Luciano. 

Realmente no sé cómo voy a manejar que Pedro o Luciano consigan un baile de regazo. Voy a tener que decirle a Vanesa… código de chica y todo eso y tal vez a ella no le
importe.

Luciano le entrega el dinero y mueve sus cejas hacia mí. Lo miro, confundida por su gesto. Una vez más, Pedro se está riendo a mi lado mientras Vivian pone su mirada en mí. Hay una seductora sonrisa en sus labios rojos y se inclina justo hasta mi oreja.  
―Sólo relájate ―dice ella en voz baja.

Inmediatamente, me pongo rígida y miro con los ojos abiertos cómo las mejillas de su  trasero se restriegan contra mi regazo. Luciano y todos los demás, incluyendo a Pedro, están teniendo el momento de su vida observando y riéndose de mi expresión asustada. Esto no está pasando justo ahora. ¿Qué debo hacer? ¿Cuánto tiempo dura esto? ¿Cuándo va a parar?, las preguntas llenan mi mente una tras otra y estoy demasiado temerosa para expresarlas. Ella presiona su espalda contra mi pecho y frota sus manos alrededor de mi cuello. Trago saliva, manteniendo mis manos cerradas en puño a mi lado. No me gusta esto. Esto no es divertido… no para mí. Se vuelve hacia mí, frotando sus duros pechos contra los míos. Miro a Pedro,  
quien aún está sonriendo.

―Pedro… ―le digo, dándole mi mejor expresión de “maldita sea sácame de aquí”. Él asiente y se mueve hacia mí, pero es demasiado tarde para detenerla cuando ella lleva sus labios a los míos y chupa mi labio inferior en su boca. Yo jadeo. ¿Qué carajo? ¿A las desnudistas les está permitido siquiera hacer eso? ¿Cuánto le dio Luciano? Instintivamente, me salgo de debajo de ella y mis manos vuelan hasta cubrir mi boca. Ella sonríe inocentemente hacia mí y Luciano, y el resto del equipo, agarra sus costados muertos de la risa. 

Seguí con esto tanto como pude, pero una línea ha sido
cruzada y quiero ir a casa.

―Bueno, bueno, bueno. ―Una voz profunda, y que eriza la piel, ríe desde atrás. Una mano pesada se planta en mi cadera, tirando de mí hacia atrás ligeramente. Yo lanzo mi cuello hacia un lado, viendo inmediatamente la cabeza calva y la mandíbula desaliñada de Dom―. Eso fue un buen espectáculo. No me importaría ver otro.

viernes, 9 de mayo de 2014

CAPITULO 121



 Boston es enorme comparado con Portland. Los edificios son más altos y más nuevos. Prácticamente aplasto mi rostro contra el frío cristal mientras trato de conseguir una mirada más cercana. Nunca he estado fuera de Portland. 

¿Por qué no he viajado? Ver nuevos lugares es increíble y es genial. Aunque la gente está recorriendo afanosamente las aceras para llegar a sus citas y reuniones importantes, siento que este lugar está intacto, como si acabara de descubrirlo. Pedro se detiene frente a un hotel muy lujoso y un hombre con un adorable sombrero negro me abre la puerta.

―Buenas tardes, señora ―me saluda, extendiendo una mano con guante blanco.

Echo un vistazo torpemente hacia Pedro, quien me está mirando con una expresión satisfecha. Tomo la mano del hombre y me ayuda a salir del coche. Pedro me separa del hombre y le habla de los bolsos.

Afortunadamente, el hombre asiente y recupera el equipaje del coche.

Entramos al edificio a través de una puerta giratoria dorada y Pedro mantiene sus dedos trabados con los míos mientras nos acercamos a su equipo en el vestíbulo. Damian, Luciano y los otros tres a cuyos rostros me he acostumbrado, pero no tengo ni idea de cuáles son sus nombres, están absolutamente encantados de ver que Pedro y yo llegamos a tiempo.


―Voy a registrarme ―dice Pedro, besando la parte superior de mi cabeza.

Admiro el vestíbulo mientras Damian explica los planes para esta noche y mañana. El vestíbulo es muy amplio y bien decorado con estatuas de mármol y adornos dorados. No hay alfombras que adornen el piso y los tacones de los zapatos hacen ruido contra las baldosas a mi alrededor. Hay un olor agradable, como vainilla y romero y la música clásica sonando suavemente a través de los altavoces ocultos me hace sentir ligera y relajada.  
Este hotel es sin duda el lugar más agradable en el que me he alojado. Oh, e imagina cómo el baño va a verse suponiendo que tengo uno.

―¿Dónde se están quedando Dom y Josh? ―le pregunta Luciano a Damian, sentado en la parte superior de su propia maleta y restregando sus manos sobre sus pantalones vaqueros.

―Josh y Dom están al otro lado de la ciudad en el hotel Plaza. Sus preparadores me han asegurado que no deberíamos tener ningún roce antes de la pelea. Es una gran ciudad. Las posibilidades de encontrarnos con ellos
esta noche son escasas.

―¿Esta noche? ―pregunto, viendo el sueño de un largo y caliente baño escaparse de las manos.
―Sí, todos vamos a salir esta noche ―responde Luciano―. Incluso Pedro.

Mierda. La idea de asistir a los clubes en una ciudad extraña me asusta mucho. Los clubes de Portland son malos y siempre llenos, lo que significa que los de Boston son probablemente el doble de malos y el doble de llenos.

La última vez que salí golpeé a una chica en la cara y no estoy muy dispuesta a pasar por eso otra vez. Sin mencionar que no empaqué nada para salir de noche. 
―No vamos a estar fuera por mucho tiempo ―dice Pedro, llegando a pararse a mi lado. Su brazo se engancha alrededor de mi cintura,presionando mi costado contra el suyo―. No puedo beber y necesito dormir tanto como pueda para mañana.

―Bien. ―Se ríe Luciano―. Necesitamos un conductor designado y puedes irte una vez que lleguemos a Polaris. 
 
―¿A qué hora? ―pregunta Pedro. 

―Queremos estar allí a las diez u once. En realidad no importa. Los buenos programas no se inician hasta la medianoche.- 
¿Las discotecas en Boston hacen presentaciones? Me relajo un poco. Tal vez vamos a un teatro o algo similar a eso. Ruego a Dios que sea el caso.

CAPITULO 120



Entonces, me besa, provocándome con los dientes mientras pellizca mi labio inferior. Da un paso hacia delante,deslizando su otra mano hacia abajo por mi lado antes de acunar mi trasero y estrujándome contra él. Sé que está haciendo esto para trabajarme, sabiendo muy bien que no puedo hacer ninguna maldita cosa al respecto. Se aparta y toma mi labio inferior entre los dientes.  

―Mm. Sabes mejor que cualquier tipo de dulce. 

Me quejo.  

―Vas a hacer esto doloroso para mí, ¿no es así? 

Él asiente.  

―Imagínate lo que está haciéndome a mí. 

Doy un paso lejos y ruedo mi maleta hacia él. Cierro mi puerta y sigo a Pedro por las escaleras hasta el coche.

Mi maleta se desliza fácilmente sobre el asiento trasero vacío.

―¿Luciano no va a venir? ―pregunto en voz alta.


Pedro me abre la puerta y subo. 
 
―Sí, pero está viajando con Damian y los otros.

Sonrío. Tiempo a solas con Pedro sería muy agradable.

Apenas lo he visto esta semana y lo he extrañado como una loca. Estoy emocionada de estar dejando Portland y estoy especialmente emocionada porque la pelea de Pedro esté terminada. Ansío, no, necesito estar cerca de él, en todos los sentidos.

Mientras rodamos por la autopista, un tono de teléfono zumba en el coche y mi atención recae en la consola central. “Mamá” está llamando. Pedro rápidamente golpea ignorar.

―¿Cómo está? ―pregunto―. ¿Terminó yendo al programa?  
Miro de reojo a Pedro. Sus manos aprietan el volante brevemente.  

―¿Tú qué piensas? ―Su voz es casi triste, decepcionado. 

Miro mis manos también decepcionada.

―Estaba segura de que lo haría…

Sonríe una sonrisa dolorosamente falsa sin mirarme. 
 
―Está bien. He terminado. Cuando la recogí del hospital anoche…

―Espera, ¿el hospital? ―Sueno más ofendida que preocupada y tal vez  lo esté. ¿Por qué no me llamaste?
 
―Sí, se cayó por unas escaleras en un bar y se golpeó la cabeza. Está bien, es sólo un pequeño corte.

Al darse cuenta de mi aprensión, añade: 
 
―No te llame porque era muy tarde y no estaba de humor para alguien que sienta lástima por mí.

Un poco duro, pero es comprensible… supongo.  

―Sólo odio que hayas tenido que hacerlo por tu cuenta.
―He estado haciéndolo por mi cuenta desde hace años. ¿Qué es un poco más, no?

Mi corazón se tuerce en mi pecho. Hay tanta responsabilidad sobre sus hombros. Equilibrar las finanzas, su carrera, requerimientos de una dieta estricta y un entrenamiento intenso, ¿cómo incluso funciona correctamente?

―¿Has dicho que has terminado? ¿Qué significa eso? 
―Significa que me niego a llevarla por la vida como un niño durante un segundo más. Entré en contacto con un centro de rehabilitación en California ayer por la noche. La compañía la recogió esta mañana.

Espere un rato para que sus palabras penetraran. Envió a su madre a rehabilitación… ¿al otro lado del país?

―California es muy lejos, Pedro.  

Se encoge de hombros.  

―La necesito lo más lejos posible de mí. De lo contrario, va a rogar que vaya a visitarla y entonces me convencerá de firmar su liberación. No puedo… no esta vez.

¿No esta vez? ¿La ha enviado a un centro de rehabilitación antes? Miro hacia él. Su mandíbula se aprieta hacia adelante en un ceño fruncido. No le pregunto más. Puedo ver que es difícil para él así que digo lo único que puedo decir.  

―Hiciste lo correcto.

La arruga en su frente se suaviza. Dije exactamente lo que él quería oír.

No hay duda de que ha estado jugando una especie de tira y afloja emocional con su decisión y estoy contenta de haber podido aliviarlo un poco.

CAPITULO 119



Difícilmente veo a Pedro los próximos seis días. Está tan ocupado con la formación y la preparación para este fin de semana. Incluso estoy nerviosa.

Nos vamos hoy y Pedro debería estar aquí dentro de veinte minutos para recogerme. Lamentablemente, Vanesa no puede venir esta vez. Su padre ha solicitado que empiece a hacer algo con su vida y haga horas extras en la empresa. Ella está angustiada por eso, pero ahora que ha investigado algunos cursos que puede estudiar, se siente un poco mejor, pero su padre aún sufre su frío trato. Mi teléfono suena, sacándome de mis pensamientos. 

Salto del sofá y corro al banco de la cocina donde estoy cargando mi teléfono. Quito el cable y lo contesto.


―¡Ey! ― chilla la alegre voz de Vanesa―. ¡Lo he conseguido! ¡Sé lo que voy a ser!

―¿Qué?

―¡Un oficial de policía!  
Casi me río a carcajadas.Vanesa, ¿un oficial de policía? No lo creo. Odia limpiar porque siempre se rompe una uña. Estoy bastante segura que no puede tener largas uñas pintadas con colores extraños como un agente de la policía… código de vestimenta y todo eso. 
―¿Un oficial de policía? ¿En serio?

Ella suena casi ofendida. 
 
―¿Qué hay de malo en eso?

―Estoy tratando de imaginarte al perseguir a los malos y disparar armas. No te ofendas, pero no luce bonito.  
Ella resopla. 
―Sí, bueno, te lo voy a demostrar. De todos modos, te vas hoy y estoy tan disgustada. Ojalá pudiera ir… voy a extrañar a Luciano.

Abro el refrigerador y agarro dos botellas pequeñas de agua. 
 
―Caramba, no me extrañes o cualquier cosa.  
Cruzo el suelo de la cocina y entro en la sala de estar. Pongo las dos botellas de agua en la parte superior de mi pequeña maleta de color púrpura.  
―¡Sabes que voy a extrañarte! Eso no hace falta decirlo. 
¿Cuánto tiempo vas a estar fuera?

―Ya te lo he dicho dos veces. Vamos a quedarnos unos días en Boston y si gana, la siguiente parada es Las Vegas por una semana o algo así.

―Sus peleas están realmente muy juntas… ¿no necesita tiempo para recuperarse o lo que sea?

No sé mucho sobre el torneo, pero Damian sí, me dijo que una vez que sea profesional pueden pasar meses entre peleas. Hasta entonces, Pedro tiene que evitar ser golpeado tanto como sea posible. Hasta ahora, todo bien.

Todavía estoy por ver un puño conectar con su rostro.
  
―No sé cómo funciona ―murmuro.

Hay un suave golpe en la puerta y mi nerviosismo se eleva a un nivel superior.  
―Oye, me tengo que ir ahora, pero llámame en un día o dos, ¿sí?

―Sí, está bien. Diviértete y no hagas nada que yo no haría. Te quiero.

―Te quiero. ―Cuelgo y deslizo el teléfono en el bolsillo delantero de mi cardigán color limón. Me gusta esta chaqueta de punto. Fue un regalo de mi abuela antes de morir. Mi conjunto favorito para usar con él, es un par de pantalones blancos y un top de encaje blanco. Corro hacia la puerta y la abro. Pedro parece digno de babear como siempre. Cómo se las arregla para llevar un par de pantalones vaqueros y una camiseta gris simple y todavía parecer increíble está molestamente más allá de mí. Su cabello brilla levemente, como si se hubiera duchado recientemente. Su piel parece lisa y suave y tengo muchas ganas de extenderme y tocarlo. Él me absorbe con una
sonrisa divertida en su rostro.

―Eres como un bombón de coco y limón. ―Se ríe,apoyándose en el marco de la puerta.

―Ja. Ja ―digo Inexpresiva.

Da un paso hacia adelante, con los ojos ardiendo llenos de confianza en los míos, no, lujuriosamente.  
―Me encantan los bombones de limón. ―Su sonrisa se vuelve engreída―. Se derriten en tu boca.

Siento un caliente sonrojo arrastrándose hasta mis mejillas y él lo nota.

Sus ojos brillan, viéndose perfectamente divertido con mi reacción y da un paso adelante, permitiendo que sus manos se deslicen en mi nuca.