domingo, 8 de junio de 2014

CAPITULO 217





Mis dedos se apretaron alrededor del cuello de la copa de vino mientras Matt se aleja antes de perderse con las otras personas. Ni un segundo después,dejo mi copa de vino en una mesa cercana llena de todo tipo de basura decorativa.

Tengo que encontrar a Paula y afortunadamente para mí, es la única usando un vivido color violeta. Camino con las manos metidas en los bolsillos para no agitarme.


Me estoy sintiendo un poco ansioso y no sé si es por las palabras de Matt o porque planeo proponerle matrimonio a Paula esta noche. No sé cuántas veces planeé preguntarle... Perdí la cuenta. 


Después de estar buscándola por media ahora, me rindo y me apoyo contra una mesa amplia al lado de una pareja discutiendo. Me desconecto, desinteresado de sus problemas. Dejo que mis ojos escaneen la habitación, miro la amplia y larga escalera y a lo largo de las paredes, pero todavía no puedo verla.


Cuando estoy por rendirme y empezar a socializar, un gran grupo de hombres en trajes negros salen del camino y mis ojos se sientes atraídos por una tela color violeta como una polilla a la luz. Los dejo vagar subiendo por sus piernas, sobre las curvas de su cuerpo, y sobre un lado de su cara ¿Cómo alguien luce perfecta de todos los ángulos? Por supuesto si solo pudiera manejar algo tan exorbitante. La veo a ella y a los dos hombres con los que habla. 

Me descubre viéndola con su vista periférica y gira ligeramente la cabeza para mirarme. Un rubor nervioso aparece en sus mejillas y parece casi asustada. 

Mierda. ¿Soy así de malo? ¿Soy algo más que un idiota celoso? Las respuestas a esas preguntas, las conozco, pero seguro como el infierno que no voy a admitirlas. 

Camino hacia ella, orgulloso de la forma en la que me mantengo frío, en mi acercamiento, me detengo al lado de Paula, abruptamente engancha su codo alrededor de mi brazo. La yema de sus dedos contra mi brazo en un gesto calmante... ¿No estoy haciendo suficientemente bien el trabajo de mantenerme calmado? 

—Este es mi novio Pedro —dice, presentándome con ellos.

Novio. Novio no es suficiente para mí. Parece infantil, de secundaria. Quiero que se refieran a mí como su prometido, mejor aún, quiero ser llamado su esposo, así los otros sabrán que me ha dado todo a mí y no hay chance en el infierno para que ellos se acerquen.


Me miran con atención y uno, el que está usando un traje color canela y tiene cabello rubio y ojos azules para combinar, parece intimidado, pero el otro, el que tiene rasgos afilados y la cabeza rapada, parece casi territorial. 


Me mira de arriba a abajo como si pudiera vencerme, sin sudar. No pelearía con ninguno de los dos.


Ambos parecían apenas de veintiuno.


—¿Por cuánto tiempo han estado saliendo?


Su grueso acento tejano viene fuerte y claro... e irrita la mierda fuera de mí.

—¿Qué te importa eso? —demando, cada vez más cerca.


Paula súbitamente codea mis costillas, pero apenas lo siento. 

—Un par de meses —le dice.


—Eso no es mucho tiempo —afirma, sus ojos quemando sugestivamente hacia ella.


—Tienes razón, no es mucho tiempo. Indudablemente más corto de lo que pasaras en el hospital si sigues con tu mierda poco sutil.


No sé por qué me irrita tanto. Puede ser la forma en la que está su cabello o la forma en la que sus labios se tuercen cuando habla, o quizás (solo para añadir locura), es la forma en la que le está hablando a mi chica en frente de mí. Su amigo rubio, el más inteligente, le murmura a su amigo que se calme, pero lo ignora. El idiota.


—¿Crees que puedes ponerme en el hospital?


Sonrió porque sé que puedo ponerlo en el hospital.


—Jesucristo —le dice Pau, tirando de mí brazo—. No lo desafíes.

 
No me muevo, a pesar de que debería. Solo no he terminado aquí. Puedo ver en su cara cuanto quiere a Paula, cuan desesperadamente quiere impresionarla y yo quiero eso afuera de él. Sin quitar mis ojos, agarro la cintura de Paula y la empujo contra mí.


—¿Quieres pelear contra mí por mi chica? —pregunto, entrecerrando mis ojos hacia él. No dice nada, solo me mira mientras yo continuo—. Veras, a Paula le gustan los hombres, no los chicos. —Envuelvo mi mano alrededor se su cadera,sintiendo las sutiles curvas de su cuerpo—. Tus manos son pequeñas e inexpertas.Siento lastima por cada chica que alguna vez ha estado contigo y extrañamente te ha dado la confianza de siquiera parpadear hacia una mujer como esta. Mismanos, sin embargo… —Siento mis labios curvarse diabólicamente. Sé que no debería decir esto—. Son experimentadas. Ellas la han hecho venirse más veces que las que cuestionan tu orientación sexual, la cual, a juzgar por tu vestimenta, asumo que son muchas. Vete y regresa cuando sepas tratar a Paula como una mujer verdadera.


—O mejor aún —gruñe Paula, alejándose de mí—. No regreses.


Se aleja y no la sigo de inmediato. Quiero, pero quiero ver a estos idiotas irse primero. Con la mirada más sucia que jamás recibí en mi vida, los dos imbéciles se giran y desaparecen. 

Bien.



—Como siempre, haces amigos donde quiera que vayas —exhala Damian detrás de mí. 


Se está volviendo bastante bueno en mirarme desde el fondo sin mi conocimiento y le doy una sonrisa satisfecha sobre mi hombro. 


—Mejor voy y la alcanzo antes de que se vaya. 


Mi sonrisa cae. Mierda. Ahora tengo que encontrar a Paula y disculparme por ser un idiota. Es como un círculo vicioso, pero no puedo evitarlo, ¿cuántas veces usare esa excusa? Sin embargo, es verdad. Veo a alguien que la quiere y siento la necesidad de aplastar su alma. La idea de una imagen mental de Paula en sus cerebros me enoja. No puedo explicarlo... y sé que es loco, y puramente egoísta que actúe de ese modo, pero nunca me sentí del modo que me hace sentir.


Nunca tuve el estómago revuelto, el pecho flotando de amor antes y ahora que la tengo, no puedo dejarla ir. No lo haré. 

La veo empujando su camino a través de la multitud de gente y voy detrás, atrapándola en poco tiempo. Extiendo la mano hacia ella, agarrando su pequeña y frágil muñeca forzándola a detenerse y darse vuelta. Sus mejillas tienen un color rosa, si es con vergüenza o enojo no tengo idea. 

—Te dije que dejaras de usarme contra la gente después de lo que hiciste con Carlos —susurra duramente, evitando la atención. 


—Lo sé. 

—¿Entonces por qué lo hiciste? 

No creo que ella o alguien más alguna vez entiendan que no tengo razones para nada de lo que hago. Lo hago. Eso es todo. 


—Porque el tipo era un imbécil. 

Pedro...

 
—Déjame mostrarte algo. 

Frunce el ceño.  

—¿Qué? ¿Ahora? 


Asiento mientras que la excitación comienza una pileta dentro de mí. 


Aprieto los dientes contra una sonrisa que está en mis labios. Ahora es el momento perfecto para dar rienda suelta a lo que quiero hacerle. 


—¿Esto va a compensar lo que acabas de hacer? 


—Lo prometo.


Estudia mi cara por unos pocos segundos y me pregunto si puede leer mis pensamientos. La estoy llevando al Jardín Arena donde pelearé con Junior Moset y la voy a dejar en la jaula... y luego voy a pedirle que sea mi esposa

sábado, 7 de junio de 2014

CAPITULO 216




Pedro 

 
La sala está inmaculada y a mi lado escucho a Paula contener la respiración.


Tomo nota de todas las cosas en las que sus ojos permanecen más de cinco segundos, los candelabros de cristal con forma de gota de agua, los grandes ventanales y los bordes dorados de una pintura de algún paisaje. Todas esas cosas las iba a encontrar y a ponerlas en nuestra casa. 


Quiero ver su sonrisa y oírla contener la respiración cada vez que entre a nuestra casa. Rápidamente noto que tampoco soy el único mirando a Paula. Hay un montón de mujeres aquí vestidas más provocativas y radicales que Paula; y sin embargo, todas las miradas indiscretas de los hombres están sobre ella. Cada ojo en esta habitación está sobre ella, devorando cada depresión y curva de su cuerpo, pero ella no les presta atención. Me mira y siento la tensión abandonando mis hombros una vez que nuestros ojos se encuentran. Bajo mi codo y agarro su cintura, guiándola con mi mano fuera del centro del salón antes de arremeter contra alguien que no debería.  


Vanesa y Luciano inmediatamente desaparecen y Damian va a hacer sus rondas, presentándose a todas las personas “correctas”, personas que podrían ayudar a mi carrera profesional con sus conocimientos, habilidades, e interminable cantidad de dinero. No necesito nada de eso, pero Damian piensa que siempre es bueno tener contactos. 
"Nunca sabes cuando las cosas se pondrán feas y si lo hacen, es bueno para ti tener personas poderosas detrás de ti". Damian siempre dice eso y quizás tenga razón.  


Una mujer, sosteniendo una gran bandeja con copas de vino, se detuvo en frente de nosotros, Paula y yo nos alejamos, sintiendo los efectos de la noche pasada, técnicamente, de esta mañana. Hay una razón por la que evito el alcohol...la resaca. El peso de mi cerebro contra el frente de mi cráneo duele.


Mis ojos se mueven hacia un traje gris claro, empujando en el mar de trajes negros y vestidos coloridos. Reconozco al hombre alto y gordito al instante.


Matthew Somer, el CEO de la MMAC. Lo está haciendo muy bien para alguien tan joven, cuarenta y tres quizás. Se pasa rápidamente los dedos por su cabello negro/gris y se acerca a nosotros. Paula se desliza un poco de mi agarre, pero aprieto mi mano y la sostengo contra mí. No la quiero caminando al rededor sin mí.


 —¡Paula! —saluda Matt, aplaudiendo dos veces antes de extender su mano hacia mí—. Es bueno verte, hombre.  


—A ti también —le digo. Solo me encontré con Matt una vez y fue cuando estábamos firmando mi contrato de seis cifras de la MMAC. Sus ojos pasan sobre mí hacia Paula. 


—Soy Matt —dice, con una sonrisa amplia y lobuna,haciendo su piel arrugarse alrededor de sus ojos.


Paula sonríe de regreso, tan amigable y hermosa como 
siempre.  

Paula —le dice mientras extiende su mano hacia ella.


Paula, es agradable conocerte. —Se aclara su garganta y sacude sus manos brevemente—. ¿Te importaría si Pedro y yo tenemos una rápida discusión privada?


Bajo mi mano, siento su cuerpo ceder con alivio, pero nunca lo muestra en su cara.


—No hay problema. —Se gira hacia mí—. Encuéntrame luego. 

Asiento y toma toda mi fuerza sacar mis dedos de su cómoda posición en su cadera. Matt observa a Paula alejarse, disfrutando sin reparos el modo en que mueve sus caderas al irse.

 
Sacude su cabeza y se gira de nuevo a mí. 


Afortunadamente para él, otra bandeja con copas de vino pasa y agarro una para mantener mis manos ocupadas
y evitando que arremetan contra él. 

—Las mujeres de este deporte te vuelven loco. Jodidas nueve y diez, lo juro.


Como si supiera algo de nueve y diez. Para él, nueve y diez eran las chicas que todos habían tenido, las chicas que todos querían. Esas no eran nueve y diez, un diez es una chica que se respeta, que no arruina su cuerpo con vanidades y una interminable cantidad de penes.


—Ella era mi mujer antes de que me hiciera profesional —le digo, evitando el contacto visual. Llevo el vaso a mis labios y le doy un trago. No puedo creer que este bebiendo jodido vino para evitar golpear a mi jefe. Odio el vino. Odio el vino, y todavía dejo en líquido afrutado permanecer por unos segundos en mi lengua antes de tragarlo


—¿Querías una discusión privada? —lo apuro, deseoso de deshacerme de él,deshacerme del vino y encontrar a Paula

Me sonríe y su mirada llamea hacia mi

—Vaya, tú realmente eres el no-tan-sutil idiota arrogante del que todos me han estado advirtiendo.


Me encojo de hombros. Por lo menos va directo al punto. 
Puedo admirar eso.  


—Lo soy.


—Autoproclamado, ya veo.  


Le sonrió.  

—Si el zapato te queda, ¿por qué no usarlo?


—Me gustas —dice Matt, ajustándose los puños de su traje—. Y es porque me gustas que estoy eligiendo no sacar el tema de que destrozaste tu habitación del hotel anoche. —Cruza sus brazos—. Eres un luchador, estás lleno de testosterona, energía e ira, lo entiendo.Cambia su peso, inclinándose más cerca de mí.   

—Pero si reflejas algo negativo de este deporte o mi compañía, te acabare tan rápido como te hice ¿Entiendes?

Acerco la copa de vino a mis labios para ocultar una sonrisa. Ya había molestado al jefe y todavía ni siquiera había empezado a trabajar. Sorbo el líquido asqueroso y lo trago. En todo el tiempo la mirada de Matt nunca deja la mía.


—Entiendo. 

 
—Bien. —Se da vuelta y luego regresa—. Oh, a propósito, si quiero que pelees con Dom, pelearas con Dom. Soy el que hace las reglas de este juego. Las creé y puedo cambiarlas. —Se frota los dedos juntos, haciendo el gesto de todo el dinero que podría hacer con nosotros—. Piensa dos veces antes de ir contra la MMAC. Dom puede fácilmente terminar en la cima, tu no.

CAPITULO 215



Me lleva fuera de la habitación, bajó las escaleras, y otra vez a la puerta principal. Él no pierde el tiempo abriendo la puerta y exponiendo a nuestros amigos glamorosos. Vanesa le echa un vistazo a mi vestido y se lanza hacia delante, tirando de mí en sus brazos.


—¡Oh Dios mío, Pau! —chilla—. Te ves increíble. 

 
El vestido de seda negro de Vanesa tiene Las Vegas escrito por todas partes.


Ella me suelta y se ajusta a uno de sus pequeños pendientes de perlas. Su cabello dorado está atado en un elegante moño en la parte superior de su cabeza con mechones estratégicos que se derraman. Admiro su vestido, que es un cuello top con un escote. Se adhiere a su cintura y se va fuera de la falda. Desde la mitad del muslo hasta el piso, hay una enorme hendidura, dejando al descubierto la mayor parte de su bronceada, delgada pierna.


 —Wow, mírate, la Sra. Angelina Jolie —digo, dando un paso atrás.



Creo que Vanesa incluso parecería increíble en una bolsa de plástico con dibujos de tartán. Se ve elegante, pero al mismo tiempo casual, y me pregunto si ella pasó la mitad de tiempo que yo use preparándome. ¿A quién estoy engañando? Probablemente ella pasó todo el día preparándose para la cena. 

—Así que, ¿esa chica era la hermana de Pedro? —me susurra Vanesa cuando Damian y Luciano tiran de Pedro a un lado y lo regañan en silencio por la noche anterior.  


Asiento con la cabeza y jugueteo con la fina pulsera de plata en la muñeca.  


—Sí, Maca. ¿Te lo dijo Luciano?  

—Síp. Apuesto a que nunca lo vio venir.


Me río una vez. 

 
—¿Has visto su reacción? Por supuesto que no lo vio venir.  

Ella se inclina unos centímetros más cerca de mí. 

 
—Damian tenía un limpiador viniendo hoy y limpio todos los vidrios. —Miro por encima de mi hombro. Toda la destrucción se ha ido. No hay rastro de lo que pasó anoche, cuando Pedro y yo llegamos a casa—. ¿Estás bien? 

  
—Estoy bien. ¿Cómo sabe Damian que él rompió las cosas?  
Se encoge de hombros. 

 
—Él sabe cómo es Pedro.  

Jesús. ¿Con qué frecuencia tiende a romper cosas? 

 
—Hay una cuenta grande que Pedro tiene que pagar cuando nos vayamos de aquí, sin embargo. El hotel no está impresionado e incluso se contactaron con la MMAC. Damian se disculpó en nombre de Pedro desde anoche. 

Niego con la cabeza. Supongo que eso es lo que Damian y Luciano están hablando con Pedro. Lo miro, tiene el más leve indicio de una sonrisa en los labios y Damian lo observa con exasperación. No hay manera a través de Pedro. Me encuentro a mí misma sonriéndole. Él hace lo que quiere y no se explica ante nadie, excepto a mí. Soy su excepción y supongo que en el fondo, me encanta discutir con él. Me
gusta irritarlo y verlo convertirse en agresivo y exigente. Por supuesto, no es elhobby del que estoy más orgullosa, pero sin duda es uno que me entusiasma sobre todos los demás. 


Con un gesto rápido de la cabeza, Pedro pasa a Damian y  
Luciano, centrando su mirada en mí. 

Debo estar todavía sonriéndole porque inclina su cabeza muy ligeramente,sus ojos queman un exceso de confianza. 


Siento una piscina de calor en mis mejillas e inundaciones en la parte posterior de mi garganta antes de establecerse
en lugares al azar, enviando olas de sofocos a través de mí. 


No me gusta que me atrape mirándolo. Él nunca me deja superar la vergüenza. Afortunadamente, no dice una palabra delante de los demás. No podría soportarlo si empezaban a señalarlo, también.


Sé que miro a Pedro mucho, pero ¡dame un descanso! Él es un poco difícil de ignorar y yo soy solo humana. No puedo ser considerada responsable de las decisiones que mis hormonas hacen mientras ellos tienen mi cerebro a punta de pistola. 

 
Vanesa, Damian y Luciano están de pie en la habitación y una vez más, Pedro extiende el codo para mí.  


—¿Estás lista, nena? —me pregunta con voz ronca.  


No tomo el codo de inmediato y no contesto porque esto no es sobre mí. Esto se trata de él. Solo estoy aquí para el apoyo moral.

  
—¿Estás tú listo? Porque esto es todo, todo por lo que has trabajado tan duro, ha llevado a este momento.


Sus ojos nunca dejan los míos mientras reflexiona sobre mis palabras.  

—Esta noche cambiará nuestras vidas. Necesito saber si estás lista para eso.Si no lo estás, cierro la puerta ahora mismo y podemos volver a la cama. Pero si estás lista... —Él mira hacia abajo al codo extendido—. Iremos.


Deslizo mis dedos alrededor de su gran brazo, sintiendo todo antes de conectar el codo en torno al suyo.  

—Estoy lista. —Exhalo con una respiración constante. 

 
Él sonríe ampliamente.  

—Yo también

CAPITULO 214




Paula
 
La puerta del baño cruje mientras Pedro apoya su peso contra ella.


—Vamos a llegar tarde. —Suspira, tamborileando sus dedos contra la madera en un ritmo rápidamente lindo.


Ruedo los ojos y ajusto las correas de color púrpura con cuentas. ¿Cómo es que ya está vestido? Apenas he estado aquí cinco minutos. Y la cena es en la planta baja, en la sala de actos de la arena. Saco mi teléfono del mostrador y compruebo el tiempo. ¡Oh! Resulta que he estado aquí más de cuarenta minutos.  


No es mi culpa que me esté moviendo en cámara lenta. 


Pedro y yo fuimos a la cama en algún momento de esta mañana y solo se despertó hace dos horas. Yo no tomo café tampoco, por lo que ser un ser humano normal en la cena de esta noche es cada vez menos realista a cada minuto. Dormimos durante mucho tiempo en la tarde y cuando revisamos nuestros teléfonos, estaban llenos de mensajes y llamadas perdidas desde el resto de la tripulación. Pedro tenía un montón de llamadas de cosas que hacer una vez que se despertó y yo respondí a una infinidad de mensajes de texto exigentes de Vanesa. Ahora, nos estamos preparando para la cena. Nervios mastican su camino a través del revestimiento de mi estómago ante la idea de estar allí del brazo de Pedro. Es por eso que necesitaba el vestido perfecto, así no me veo tan fuera de lugar junto a su más allá hermoso rostro.  


Aliso mis manos sobre la tela de satén contra mis muslos. El vestido es perfecto, por decir lo menos, y mi cabello largo color chocolate lo he acurrucado en ondas sutiles y añadí un toque extra de elegancia. Me recuerda a una barra de chocolate Cadbury. Giro una vez, con cuidado de no pisar mi tobillo en estos ridículamente altos tacones y cuando estoy segura de que he terminado, puedo desbloquear la puerta del baño, encontrándome con Pedro, vestido con su traje negro. La tela es nítida y lineal, siguiendo el mismo tono de su cabello negro como el azabache. Se da la vuelta y visiblemente veo el aire cuando es expulsado de sus pulmones. Sus cejas se levantan y sus labios se separan, la reacción exacta que esperaba. Olvidándome de mí, asimilo toda su forma. La camisa blanca debajo de su chaqueta negro se aferra a su pecho y simplemente sé que hay un cuerpo asesino escondido debajo de ella. Corro con nerviosismo las puntas de mis dedos a lo largo de mi cuello. 


Me siento como si estuviera usando un collar y de repente me asfixia. Él me mira... no hay palabras. En el traje, se ve travieso. Al igual que está listo para ser indecente, cosas malas en un abrir y cerrar de ojos, y se esconden detrás de su traje elegante.


—Ahora me siento mal —dice, finalmente hablando y rastrillando los dedos por su cabello.


Instintivamente, paso hacia adelante, presionando mis manos contra su pecho y debajo de su lazo negro.  


—¿Por qué?  

Él llega a mi pecho y mantiene un solo grueso dedo por debajo de la correa de cuentas. Evita mis ojos, y milagrosamente, sale como indiferente. 

 
—Debido a que gastaste dinero en un vestido que solo voy a destruir. —Sus ojos de golpe van desde mi pecho a mis ojos para medir mi reacción—. Pero te prometo que voy a hacer que valga la pena cada dólar que gastaste.


Ya le había dado un beso de despedida al vestido. Sus manos ásperas, su lengua húmeda y su duro cuerpo se sienten mejor en mi piel de lo que cualquier tela jamás podría, incluso una tan cara como esta.


Llaman a la puerta y mi aliento se atrapa en la garganta. 

Nuestros amigos tienen una sincronización impecable. 


Supongo que aparezcan es una buena cosa.


Cinco segundos más y me habría roto el vestido yo misma.  

 —¿Lista? —Sonríe, extendiendo su codo para mí.


 —Hagámoslo.

viernes, 6 de junio de 2014

CAPITULO 213




Mis dedos caen de su espalda antes de enterrarse en su cabello. Aprieto mis manos y ella jadea por el dolor mientras tiro su cabeza hacia atrás y ruedo mi cuerpo por encima suyo, asegurándome de que me sienta en todas partes. La aprieto con fuerza contra el colchón, uno de mis muslos descansando firmemente entre sus piernas y contra su dulce y cálido lugar. Mi boca se demora a menos de una pulgada de la suya y su respiración golpea mi cara de una manera rápida,ansiosa.  


—¿Crees que tus labios me pueden ayudar? —pregunto. 


Hace pucheros, sus labios como malvaviscos rizándose.  


—Sé que pueden.


Aplasto mis labios en los suyos y su boca se abre de buen grado por debajo de la mía. Tan pronto como su lengua se desliza contra la mía y envuelve sus manos alrededor de mi cuello, me he perdido. Voy a la deriva de mi intención original... que estoy seguro de que era para demostrarle que estaba equivocada.  


Sin embargo, aquí estoy, completamente cautivado por su sabor y la sensación. 


Quizá tenga razón. No debería alejarla cuando estoy enojado. Debería tirar de ella más cerca y dejar que me calme.  


Trazo la curva de su pequeño cuerpo suave con la mano antes de agarrar su muslo y engancharlo por encima de mi cadera. Olvido el hecho de que estaba escondiendo mi erección de ella y me presiono descaradamente, haciéndole saber exactamente lo mucho que la deseo.


—Fácil... —Paula se ríe contra mi boca, presionando sus manos firmemente contra mi pecho. Rastrillo mis dientes sobre su labio inferior y lo libero—Tenemos una cena a la que ir esta noche y dormir es una opción más viable que
el sexo.


Tiene razón. Ya es mañana y estoy más allá de cansado... Quiero dormir,pero a ella la quiero más.


—Puedo asegurarte que vamos a terminar esto mañana por la noche. —Dejo caer mi boca a su cuello, lamiendo sus carnes y obteniendo un medio gemido medio risita de su parte.



Se empuja contra mí, obligándome a alejarme de su cuerpo. Paula se ríe una vez en voz baja.  


—Te estoy diciendo que te bajes y vayas a dormir, no preguntándotelo.


Empujo de vuelta. Soy incapaz de ver su rostro en la oscuridad, pero estoy seguro de que escucho su sonrisa. Pequeña descarada. Ruedo lejos de ella y sobre mi espalda. Al instante, se derrite contra mi costado, pasando un brazo por encima de mi cintura. La atraigo más cerca, pero todavía se siente como si estuviera muy lejos.


—¿Cómo está el sabor de tu propia medicina? —Ella se ríe, terminando con un rápido bostezo soñoliento.


—Amargo, como esa mierda sabor cereza con la que eras alimentado a la fuerza cuando eras un niño.


Ella se ríe y vibra en mi caja torácica, también haciéndome sonreír. Paula tiene la más divertida, más linda, más extraña risa que he oído nunca. Está a medio camino entre una risa y una carcajada real, y la mayoría de las veces, parece un poco nerviosa. Me encanta y el sonido es adictivo. 

Pronto, la habitación queda en silencio y siento que su brazo se vuelve más pesado mientras cae profundamente en su sueño. Mis ojos están pesados mientras la sigo rápidamente.  


Esta noche, vamos a asistir a una cena formal en el salón de actos. No tiene ningún fin que no sea dar la mano y conocer a otros luchadores, pero estoy emocionado (y un poco nervioso) por la bienvenida oficial en la comunidad profesional. La cena de esta noche no se trata solo de mí, tampoco. Se trata de Damian y Luciano.

Después de esta noche, van a ser reconocidos formalmente como legítimos entrenadores y miembros del equipo de la MMAC, algo que sé que ambos han estado esperando. Se lo merecen.  

La pesada respiración de Paula se filtra a través de mis oídos y erradica mis pensamientos. Me adormece y me desplazo más cerca de ella, absorbiendo el calor de su piel suave.  


Nunca ignoraré a Paula de nuevo. Voy a hacer mi mejor esfuerzo para compartir mis emociones con ella, me digo a mí mismo antes de caer sobre el borde del sueño. Ya le he dicho que la amo, ¿cuán difícil puede ser el resto?