miércoles, 30 de abril de 2014

CAPITULO 89



Asiento confirmando, abriendo mis muslos para que se posicione entre ellos. Su mano se interpone entre nosotros y la usa para dirigirse directamente a su objetivo. Empuja despacio y una corriente eléctrica se dispara a través de mí. 

Empuja un poco más fuerte ante mi jadeo causando que mis dedos se claven en sus omóplatos. Se retira y entra dolorosamente lento otra vez. Presiono mi frente contra su hombro y amortiguo mis gemidos contra su piel. Una explosión ardiente de necesidad explota dentro de mi estómago y muerdo de vuelta un grito, cerrando mis tobillos alrededor de su cintura. El gemido profundo que arranca de Pedro es la cosa más erótica que alguna vez he escuchado y sus movimientos se intensifican mientras se mueve más profundo dentro de mí. Él gime su placer en mi cuello mientras desliza su mano entre nosotros otra vez, esta vez su pulgar rueda sobre mi suave clítoris. Cierro mis ojos y oprimo mis caderas contra él.

―¿Te gusta eso? ―Medio jadea, medio gime en mi oído. 

―Sí ―contesto, casi jadeando. Su respiración se traba ante mi confesión y reclama mi boca con la suya. Sus embestidas lentas se vuelven frenéticas y necesitadas. Después de unos momentos, saca sus labios de los míos para dejarme respirar y rápidamente impulsa su cabeza abajo para provocar mis pezones con su lengua. Me trago una sonrisa. Es definitivamente un hombre de bubis. Su dedo rueda sobre mí más rápido mientras empuja más profundo. Siento mi liberación acercándose cada vez más, y apenas puedo impedir a mis caderas retorcerse.


―¡Pedro! ―jadeo, pasando mis dedos a través de su cabello―. Joder… oh, Dios.

―Sí… ―exclama en tono áspero.

Mis resoplidos y jadeos amenazan con convertirse en gritos ruidosos y gemidos, pero cuando mi punto culminante se desborda, Pedro cierra de golpe su boca en la mí,besándome profundamente y absorbiendo todos mis ruidos. Muerdo su labio inferior y libera un poderoso gruñido de su pecho y yo sabía que él, también, había sido enviado al borde. Cada célula en mi cuerpo está viva con mi efímero placer, y me mezo una vez más contra él mientras deja caer su cabeza en mi hombro.

Después de unos segundos, él se pone rígido y rápidamente se desliza fuera de mí. Estoy asustada y agarro su brazo, pero este se desliza inmediatamente.  

―¿Qué pasa? 
Sus dedos pasan a través de su cabello.

―Estaba tan inmerso… que olvidé completamente la protección. ―Sus ojos marrones son amplios y después, el brillo del sexo no está en ningún lado―. Esto nunca me ha pasado antes… nunca lo olvido. Lo siento tanto.
―Está bien ―digo, sentándome―. Estoy tomando la píldora y sé que te revisas para las enfermedades de transmisión sexual todo el tiempo debido a tu trabajo.
Él frunce el ceño. 
 
―Esas cosas siempre fallan, la píldora, quiero decir. 
Me encojo.   
―Han funcionado por los últimos seis años de mi vida. No voy a comenzar a preocuparme ahora y tú tampoco deberías

CAPITULO 88



Pedro se encoge fuera de su sudadera negra quitándose su propia camisa, luciendo su cuerpo hermoso. Me lo como con los ojos descaradamente mientras dejo a mi visión trazar las líneas de su cincelado torso. Su mano acaricia mis tobillos luego a lo largo del borde recto de mi espinilla, a través de las subidas y caídas de mi rodilla, la parte delantera de mis muslos, haciéndome temblar, hasta que finalmente se asientan en mi cadera. Se recuesta a mi lado, tirando de mí y forzando a mi frente contra el suyo. Trago fuerte mientras sus dedos dibujan círculos pequeños en mi cadera desnuda.

―Me preocupo por ti ―susurra, rozando su nariz contra la mía―. No quiero que pienses por un segundo que no lo hago.

Lo beso de nuevo dulcemente, saboreando cada sentimiento que él estimula dentro de mí.

―Sé que hablo mucha mierda… pero lo digo en serio. ―Su pulgar caliente se desliza sobre mi mejilla y luego por mi labio inferior―. Y ya que no podemos ser ruidosos por el bien de tu papá, déjame ser amable. Déjeme demostrarte cuánto me importas.


―Pero esta noche estabas tan determinado… tan rudo. 
Él sacude su cabeza.  

―Lo sé. Te vi en ese vestido de mierda y no pude evitarlo. No quiero que me veas así todo el tiempo… No quiero que pienses que te estoy usando.  
Me río y aclaro mi garganta nerviosamente.   
―Sé que no me utilizas. Hemos hecho cosas algunas veces ahora… y todavía estás aquí.

―Esto es un record, por cierto.  
Le doy un codazo juguetonamente y él sonríe con satisfacción.
  
―Intento cambiar,Pau. Quiero estar allí para ti como tú estás para mí aun cuando me cierre y te deje fuera.

Sus ojos atrapan los míos y el destello de confianza no está allí. En cambio, hay una especie de incertidumbre en su mirada, como si estuviera incómodo… o nervioso.  
―Tócame. ―Las palabras salen de mi boca en un susurro apresurado, excitándome en cada sentido del término.
Los ojos de Pedro llamean con placer mientras sus manos abandonan mi rostro y se arrastran abajo al lado de mi cuerpo, haciéndome temblar cuando sus dedos pasan sobre mi cadera. Sus ojos marrones brillan y cuando los miro, es como si viera dentro de su alma.

―¿Dónde quieres que te toque? ―murmura, deslizándose un dedo en el medio de mi estómago y entre mis pechos.  
―Por todas partes.  
Pedro engancha su pierna vestida de jean sobre mí, sentándose a horcajadas sobre mis caderas. Sus manos acarician mis lados y luego viajan al norte para masajear mis pechos. Sus ojos permanecen sobre mi rostro mientras se inclina hacia abajo y toma un pezón ya duro entre sus labios. 
Gimo, arqueando mi espalda ligeramente y presionándome más en su boca.

Mi cuerpo tiembla con placer cuando la lengua de Pedro dibuja círculos calientes y húmedos alrededor de mis brotes hinchados. 
Su camino de besos suaves se mueve sobre mi clavícula y en la base de mi cuello mientras sus manos corren por los lados de mi cuerpo,haciéndome retorcer un poco debajo de él. Está siendo tan sensual, tan lento y esto es una tortura, dulce y sexy tortura. Mi piel hormiguea cuando se aleja y se pone de pie. Mira hacia abajo a mí y desabotona sus vaqueros. Se caen al piso y da un paso fuera de ellos antes de patearlos al lado. Pedro se queda allí un rato más, permitiéndome apreciar todo sobre él y la mera visión de él
y toda su fuerte gloria causa que el espacio entre mis piernas se ponga caliente con la humedad. Hay una pequeña sonrisa en sus labios mientras se baja sobre mí otra vez, presionando su grueso músculo del muslo entre mis piernas. Me retuerzo contra él, esforzándome por mantener mi calma. Él se sostiene a sí mismo por encima de mí, manteniendo sus ojos bloqueando los míos y puedo escuchar mi corazón palpitando en mis oídos mientras mi
respiración se vuelve superficial y rápida. Pedro, sin embargo, es la imagen perfecta de la tranquilidad. La única señal reveladora es su dura longitud que descansa sobre mi pierna.

Jadeo por la sensación cuando chupa mi pezón entre sus labios otra vez, corriendo su lengua caliente sobre este. Cuando lo libera, se mueve hacia arriba a mi boca y me besa hasta que me falta el aire. Muevo mis caderas debajo él, y sonríe hacia mí. No puedo esperar más y una risa tranquila cae de sus labios.  

―Estas impaciente.

martes, 29 de abril de 2014

CAPITULO 87



Sus palabras me asustan. ¿Qué exactamente pasa en su mundo que es tan malo que no pueda contarme? Sé que debería verlo como una señal de advertencia, pero me siento obligada a conocer su historia. Quiero conocerla porque él me gusta, más que gustarme, y quiero ayudar. Quiero que sea feliz. 

Pedro pone sus manos bajo sobre mis caderas y tira de mí hacia él. Otra ronda de fuego pulsa a través de mí, derritiéndome. Baja su cabeza,colocando besos sobre mi cuello y dejo escapar un pequeño gemido mientras estiro la mano hacia su cabello, dejando las hebras deslizarse entre mis dedos.

―Te deseo demasiado ―gime.

Tres palabras son todo lo que le toma empapar completamente mi ropa interior y estoy lista para ir. Lo necesito y si no lo consigo sé que voy a sentarme en el baño bajo la ducha fría toda la noche.

―Vamos a mi habitación ―sugiero, mi voz tranquila y ronca.
Me deslizo de él y tiro de su mano. Sus ojos oscuros parpadean a la puerta de dormitorio de mi padre y luego voltea hacia mi rostro.  

―No podemos.

―Él no lo sabrá. Estaremos tranquilos y puedes marcharte justamente después, lo prometo. ―La mirada de Pedro se arrastra de regreso a la puerta de mi padre y luego de vuelta a mi rostro. Tiro de su brazo un poco más fuerte y se pone de pie.  
―Bien, pero si somos atrapados yo soy la víctima. 
―Trato.

Él sigue estrechamente detrás de mí y entra en mi habitación. Enciendo el interruptor de luz, revelando mi gran cama doble de caoba y paredes oscuras artesonadas. El piso es una alfombra de marrón chocolate y creo que pretende reproducir la piel de oso, pero no puedo decirlo. 

Pasé unos buenos veinte minutos esta mañana acariciándolo con mis dedos del pie. La habitación da la sensación como de una cabaña en las montañas, es romántico, realmente. Lo único que falta es una chimenea y una alfombra de tigre gigante, tigre falso, obviamente.

―Gracias por la habitación ―digo, oscureciendo las luces y aproximándose a mi cama―. Es muy acogedora.  
Lo siento presionar contra mi espalda y cierro mis ojos. Incluso un poco de contacto me trae cantidades locas de placer.

―No vamos a tener sexo en la cama ―declara, agarrando mis caderas e impulsándome hacia la mullida alfombra. No sé cómo me siento sobre tener sexo sobre la alfombra. Una cama ha sido el único lugar donde he tenido sexo… con la exclusión de la broma de esta noche en el banco en la habitación de Pedro
  
―Tú eres malo para mí. ―Me río mientras se arrodilla, trayéndome con él.

Él me sonríe, encantadoramente y arrastrándome más cerca llevando su liso pecho contra el mío. Su mirada arrogante se vuelve oscura y seductora mientras ladea su cabeza y se inclina más cerca. El calor se construye dentro de mí, ardiendo a fuego lento despiadadamente en la boca de mi estómago. Sólo cuando presiona sus labios con los míos, no es salvaje y apasionado como lo fue en la habitación antes de la pelea. Es suave… casi amoroso. Las sensaciones se deslizan suavemente por mi cuerpo, calentando todo y me tenso. Él se retira, sonriendo.

―¿Qué?

Niego, incapaz de ocultar mi propia sonrisa. Sus oscuros ojos color chocolate miran mi rostro mientras sus manos barren lentamente debajo de mi camisa y a través de cada centímetro de mi estómago. El calor de sus dedos contra mi piel ya recalentada es un propulsor para mis acciones, y tiro de mi camiseta sobre mi cabeza.

Las yemas ásperas de sus manos se sienten bien y quiero sentirlas por todas partes. Ellas siguen explorando la curva de mi cintura antes de moverse al sur sobre mis caderas. Sus pulgares se enganchan bajo mi pantalón y lo arrastra hacia abajo, exponiéndome completamente. La sensación de sus manos callosas contra mi cuerpo me conduce a un casi frenesí, y no puedo luchar contra el gemido que se me escapa cuando presiona sus labios llenos en mi clavícula. 

Su lengua se desliza contra mi carne y muerdo mi labio para impedir a un quejido escaparse. Pedro envuelve un brazo alrededor de mi cintura y me acomoda sobre mi espalda, la alfombra de piel se siente tan increíble sobre mi espalda como lo hizo en mis pies. La apreciación de la alfombra es efímera mientras Pedro liberando el resto de mis piernas de mis pantalones toma prioridad.  

Miro su rostro, de repente nerviosa cuando sus ojos se mueven gradualmente por mi cuerpo. Se detienen sobre mis pechos, luego mis labios y finalmente mis ojos. Siento mi humedad, fluyendo cálida y resbaladiza entre mis muslos. Nunca me han admirado con tanto cuidado antes. Nunca he empezado sexo de este tipo, lento y esto me entristece. ¿Por qué había seguido con Ramiro por tanto tiempo? Su toque nunca ha sido cuidadoso, no es como el de Pedro ahora mismo.

CAPITULO 86



Cosas traviesas que hemos hecho? Empujo el pensamiento a la parte posterior de mi mente. No es importante ahora. Extiendo la mano y froto mi pulgar a lo largo del pómulo de su mejilla y luego presiono un beso tierno en sus labios. Sé con certeza ahora que tiene sentimientos por mí y quiero nutrirlos.

Quiero hacerlo sentir seguro y que esté seguro de que yo nunca le haría un daño así.

―He hecho mucha mierda, Pau. Quién sabe qué va a aparecer después.  

―No me preocupa. 

―Eso dices ahora. 

―Pedro, en serio. No me importa. Sé exactamente qué clase de persona eres. Lo supe en el momento en que te vi.
Su sexualidad no es exactamente sutil. Desde luego las chicas lo quieren, demonios, los chicos probablemente lo quieran, también.  

Me deslizo sobre él, agarrando su rostro entre mis manos. No sé por qué, pero cuando lo veo tan en conflicto. Quiero ayudar. Quiero hacerlo feliz.

―Así que, has tenido sexo con muchas mujeres, gran cosa. ¿Entonces peleas con las personas para ganarte la vida, a quién le importa? Eso no significa que no me mereces. Eso no quiere decir que no te mereces algo bueno.

Él se encoge.


―Quiero estar contigo, realmente contigo, no está mierda de amigos con beneficios.

―¿Pero?

Una sonrisa triste tira de sus labios.  

―No puedes perder lo que no tienes, ¿cierto?

Frunzo el ceño.  

―Sí se puede. No podemos estar así para siempre. Hay cosas que quiero en la vida como matrimonio y niños… ―Mierda―. No es que esté pidiendo eso de ti. ―Me recupero rápidamente―. Y por mucho que me gusta el sexo y pasar el tiempo contigo, no puedo esperar para que decidas si me mereces o no. Necesito reiniciar mi vida… y cuanto antes, mejor. 
Él asiente lentamente, evitando mis ojos. Debajo de mí, puedo sentirlo tenso y volviéndose incómodo. Exhalo y me deslizo fuera de él.

―¿Así que eso es todo?

Nada.

―¿Cómo alguna vez esperas ser feliz cuando no te  permites tener las cosas que quieres? ―No tengo ni idea lo que estoy diciendo… trato de presionarlo en una relación para la que no estoy segura que estoy lista.  
―Tengo miedo ―dice finalmente―. Me asusta que una vez te deje entrar, tú correrás hacia otro lado.

Intento todo lo posible por mantener mi expresión tranquila, pero me río una vez de su comentario.  

―Creo que he visto lo peor de todo por ahora.

―No lo has hecho. Mi mundo está estropeado, Paula. La parte de mi mundo que tú has experimentado es la parte buena. La otra parte es jodidamente complicada. 
Exhalo. Terminar la conversación aquí es probablemente mi mejor opción. Si presiono más va a hacer más daño que bien.  
―Bien ―digo, resignada―. No te presionaré. 
Sus dedos se curvan alrededor de mi mano y me jala más cerca.

Comienzo a sentir que jugamos un molesto juego de tira y afloja con el otro.

Está tan cerca, que puedo sentir su aliento en mi mejilla y sus ojos oscuros parecen taladrar los míos, como si estuviera tratando de entender algo. 
―Necesitas respuestas y te las daré, lo prometo, pero tiene que ser bajo mis condiciones y cuando esté listo.

CAPITULO 85



Es muy tarde para el momento en que papá y Pedro retornaron y los escuché mucho antes de que llegaran a la puerta. Sus voces son bajas y sus risas melodiosas. El sonido de sus tonos profundos entrelazados es música para mis oídos. Balanceo mis piernas sobre el borde del sofá y dejo caer mi libro sobre la mesa de centro.
Echo un vistazo a la cubierta, nunca voy a terminar La Expiación y es una lástima porque está realmente bueno hasta ahora. Me precipito a la puerta y logro conseguir abrirla antes de que papá gane el acceso con su tarjeta llavero. Ambos ríen y sus ojos brillan con evidencia de su felicidad.  

Pedro estudia mis pantalones de chandal negros y mi camiseta sin mangas con una mueca sutil. Él parece decepcionado no estoy más en mi vestido. 

―¿Cómo les fue? ―le pregunto a papá mientras me aparto para dejarlos entrar en la suite. Ambos se quitan sus zapatos y los alinean prolijamente contra la pared.
 
―Bien, Pedro ganó mucho más. 
 
―Pero tu papá me dio un paseo por mi dinero ―Pedro añade, besando mi frente cuando me pasa. La acción me hace ruborizar. Últimamente, sus acciones se ven como “novio/novia”.

―¿Tú no saliste?  

Niego, cerrando la puerta.  
―No tenía ninguna necesidad de hacerlo. 
Papá se sirve un vaso con agua del refrigerador del bar y aclara su garganta.

―Voy a ducharme y luego me acuesto. Gracias de nuevo, Pedro.  

―En cualquier momento. ―Pedro da un paseo hacia el sofá y se sienta mientras papá agita la mano hacia ambos y desaparece en su habitación.

Despacio me dirijo hacia el sofá y Pedro me mira atentamente. Cuando mis ojos encuentran los suyos, una sonrisa brillante, juguetona se desliza a través de su rostro y cuando me siento a su lado, se inclina más cerca, su calor envolviéndome.

―Te gusto la pelea?

―No me gusto.  
Él sonríe completamente, obviamente emocionado por mi respuesta. 
Planta su mano firmemente sobre mi muslo, encendiendo el fuego que pensé que extinguí con la ducha fría. Me acaricia de arriba hacia abajo y nos sentamos en silencio,disfrutando de la compañía el uno del otro.  
―Pensé que el tipo iba a morir ―añado, sintiendo la necesidad de tener una razón para mi descontento. 
Pedro se ríe a carcajadas y la idea de provocar un sonido tan hermoso de un hombre tan hermoso me intriga. Quiero hacerlo una y otra vez. Él llega a mí, halándome más cerca y trato desesperadamente de seguir respirando.  
―Nadie lo habría dejado morir.
―Aun así… fue horrible. 
―¿Qué quería Dom? ―pregunta, cambiando el tema bruscamente. Su sonrisa está todavía en el lugar, aunque ahora parezca forzada.

―Sexo por venganza, al parecer.  
Pedro se mofa, su sonrisa se desvanece y sus ojos se reducen a líneas.  
―¿Puedes creer las malditas pelotas de ese tipo?
Me encojo. La última cosa que quiero imaginar son las pelotas de Dom Russell.

―Nunca podría tener sexo con él… ―contesto, sintiendo que debería tranquilizarle―. Es espeluznante y su tatuaje de dragón me asusta.

Estoy distraída por su mirada. Está fija en una pequeña pelota de pelusa sobre mis pantalones. Él la recoge, tratando de sacarla, pero sus dedos son demasiado gruesos.

―Nunca realmente me he preocupado por mis acciones… hasta hace poco ―me confiesa, devolviendo su atención a mi rostro. Sus ojos están nublados con arrepentimiento y estoy perdida, insegura acerca de lo que está hablando―. Carlos y ahora Dom. Todo está volviendo para morderme el trasero y ahora que finalmente tengo algo que me importa… tengo miedo de que esto me vaya a ser arrebatado. No me preocupa lo que me pase… pero me preocupa lo que te pase. No quiero que mis comportamientos pasados se reflejen negativamente en ti. Eres buena y no quiero corromper eso.

lunes, 28 de abril de 2014

CAPITULO 84



Nos subimos en la camioneta de Damian y nos transporta la corta distancia de vuelta al hotel. Hay unos cuantos guardias de seguridad defendiéndose de algunos fans ansiosos y cuando ven que Pedro no está con nosotros, se dan la vuelta y se van.

Nos adentramos en el vestíbulo glamoroso. Había estado demasiado cansada para apreciarlo anoche. Es abierto, permitiendo a nuestro gran grupo caminar sin chocar con nadie. Las alfombras rojo profundo y las columnas de mármol color rojo espeso, con bordes de oro dándole una vibra tan sensual y sexy. Si no lo supiera, asumiría que estoy en un país exótico.

Nos amontonamos en los ascensores y Vanesa y yo estamos presionadas firmemente contra la pared del fondo.
―¿Vas a salir? ―me pregunta y sacudo la cabeza.

―Voy a esperar a papá y Pedro.   

Asiente y veo que tiene tantas preguntas que hacerme sobre papá y Pedro, pero no quiere preguntar delante de todos, lo que es una primera vez para ella y se lo agradezco. Tan pronto como salimos del ascensor al pasillo las preguntas fluyen.
 
―Entonces, ¿están tú y Pedro juntos?  
 
―No, sólo nos estamos divirtiendo. 
 
―Él eligió llevar a tu papa a jugar golf sobre festejar con su equipo… eso parece bastante serio.

Vanesa saca la llave de la habitación de su bolso y desbloquea la puerta. 

―Papá tiene presión arterial alta.Pedro está pasando tiempo con él esta noche para que no beba ni se ponga demasiado excitado o estresado, no sé cómo funciona.

Entro en la sala de estar de la suite y su frente se arruga. 
 
―¿Ibas a decirme si no te lo preguntaba?  

La amargura en su tono no se me escapa. Ella deja caer su bolso en el brazo del sofá y cruza los brazos sobre el pecho.
―Sí, es decir, iba a hacerlo en algún momento. ―Doy un paso hacia ella―. No quiero que te preocupes. 
―Conozco a tu padre desde que era una niña. Es importante para mí,también. 
 
Ella tiene razón, cien por ciento de razón.  
―Lo siento… simplemente nunca surgió en la conversación y no quiero que sepa que vine aquí por él, no por Pedro.  

Se deja caer en el sofá marrón. Sus dedos largos y finos peinan su cabello alisado.  

―¿Crees que le diría?  

Levanto mis cejas acusadoramente porque sé que le habría dicho.Vanesa repite todo para todos. No quiere hacer ningún daño con ello, pero siempre es en los momentos más inapropiados. Sus ojos verdes llegan en sus cavidades. Ella sabe muy bien que tiene una lengua suelta.

―¿Qué vas a hacer? No puedes seguirlo alrededor por siempre. 
 
―Puedo mantener un ojo en él cuando está cerca de Pedro y los chicos.El resto del tiempo, mamá lo estará vigilando. Estoy segura de que tiene algún tipo de plan.

Ella juega con las puntas de su cabello brillante y rubio, como si estuviera absorta en sus pensamientos. 
―¿Están tú y Luciano juntos? ―pregunto, tirando su pregunta de regreso a ella. 

Vanesa se encoge de hombros y una sonrisa tira de sus labios. 
 
―Por el momento sólo estamos divirtiéndonos, pero hemos hablado de ello. Queremos esperar hasta que el torneo de Pedro este fuera del camino y podamos pasar más tiempo juntos.

No puedo evitar sentir celos. Vanesa y Luciano han pasado menos tiempo juntos que Pedro y yo, y ya están contemplando volverlo oficial… ¿Qué diablos estoy haciendo mal? Nada, me aseguro. Ni siquiera estoy
segura de que quiero estar en otra relación. Es demasiado pronto, ¿no?  
―Voy a ir a la habitación de Luciano. No traje ningún vestido así que esto es lo que voy a tener que llevar al bar. 
―Ella tira de su chaqueta de punto blanco y se encoge―. Te veré más tarde. 
 
Aprieta mi brazo y sale de la habitación. Agarro mi vestido por la base y tiro de él por encima de mi cabeza.

Después de esta noche, lo único que va a ayudarme a dormir es una ducha de agua fría.