lunes, 27 de octubre de 2014

CAPITULO 235



PEDRO



Las bases de abrigo de mis pies se enfriaron a medida que tocaba el hormigón frío debajo de mí. Camino rápido y decidido por el pasillo hacia las enormes puertas dobles delante de mí. Mi mirada cae sobre el lema de la MMAC pintado en la parte posterior de la puerta. Sé fuerte. Sé inteligente. Sé bueno. Era fuerte, inteligente y muy bueno cuando peleé contra Moset.


¿Ahora? Ahora estoy enojado, soy vengativo, y tengo hambre. Sacudo mis brazos mientras brinco de puntillas y muevo mi cabeza de lado a lado. Me siento caliente. Todo mi cuerpo está iluminado por un fuego que nunca he sentido antes.


Mi pecho no está pesado como suele serlo antes de una pelea, porque esta vez peleo por mí mismo. No voy a pelear para impresionar a mi padre ni por mi posición en el MMAC. Al carajo ambos. Estoy harto de tratar de impresionar a la
gente. Estoy harto de darles todo lo que tengo solo para que me sea echado en cara. Esta vez esta pelea, es por mí.


―Tienes este, nene ―ronronea Paula en mi oído, sacándome de mis pensamientos―. Esta es tu pelea.


Giro la cabeza y veo su hermoso rostro. Sus ojos verdes brillan con amor por mí y sé que gane o pierda, ella me estará esperando, justo donde la dejé. Pone mi protector bucal en mis labios y abro mi boca mientras lo empuja dentro. A medida que mis labios se cierran alrededor del protector, le beso la punta de los dedos, haciéndola reír y sonreír... mis dos cosas favoritas.


Sonrío para mis adentros antes de alejar mi mente de Paula y de nuevo a la pelea. Dom Russell. Toda nuestra relación ha llevado a esto. Empezó conmigo tirándome a su novia y termina ahora conmigo golpeándolo a palos en la jaula.


No tendrá misericordia de mí.


Oigo al locutor decir mi nombre y las puertas delante de mí se abren. Miles y miles de personas comienzan a gritar y las miro, arrastrando mi mirada sobre la enorme arena. Oír que me aclaman envía un crepitar de electricidad a mi cuerpo y muevo los dientes en mi protector, luchando contra un escalofrío que amenaza mi espina.


Vivo para esto.


He trabajado duro para esto.


―¿Qué estás esperando? Sal ahí ―grita Damian en mi oído, pero lo ignoro y sigo viendo la multitud, completamente clavado.


Paula apoya la palma de su mano contra la mía y eso es todo el empujón que necesito. Agarro su mano y la arrastro a mi lado. Siento sus dedos nerviosamente apretarse en los míos mientras tiro de ella por pasillos estrechos y en medio de una multitud de personas.


Se estiran por mí, los hombres golpean mi espalda y las mujeres arrastran sus dedos por mi cabello mientras paso. 


Sintiendo la tensión de Paula, la tiro cerca, pasando un brazo alrededor de su cintura y mentalmente declarándole la guerra a cualquiera que la toque.


No veo a Dom, quien espera en la jaula por mí. En cambio, mantengo mis ojos en mi esquina. Puedo sentir sus ojos en mí, analizándome. Sé lo que está pensando y sé que se siente arrogante. Ha pasado los últimos meses diciéndose lo grande que es, con su campo de entrenamiento.


Se le ha dicho que va a ganar, que me va a destruir por completo. El problema es que para hacerlo, solo uno de nosotros puede llegar a la cima. Por desgracia para él, Damian nunca me ha mentido un día en mi vida, así que sé lo que tengo en la puta bolsa.


Mi sangre me canta. Está entusiasmada y lista para funcionar. Mis músculos se contraen y se retraen en propio acuerdo, escuchando solo mi venganza. Al segundo en que suene la campana, no tendré ningún control sobre mis acciones y si él termina muerto o vivo al final no me concierne.


Antes de darme cuenta, bruscamente beso a Paula en la boca, tiro mi sudadera por encima de mi cabeza y la lanzo al suelo. Le muestro al árbitro mis guantes y protector bucal, obligado a subir los escalones, y entro en la jaula antes de que Luciano y Damian siquiera me puedan tocar.


En la jaula, no hago una demostración de ello. Me voy a mi rincón, de pie allí, y finalmente levanto la mirada hacia Dom. 


Él me devuelve la mirada con esa pequeña contracción de suficiencia en sus labios y no puedo esperar a golpear
limpiamente su cara.


El locutor hace las introducciones y recita una enorme lista de patrocinadores. No oigo nada de eso. Toda mi atención se centra en el cobarde hombre que amenaza todo por lo que he trabajado tan duro. Cada segundo que pasa me pongo más y más ansioso.


Empiezo a caminar unos pasos a la izquierda y luego unos pocos pasos a la derecha. Mis dedos se aprietan y aflojan involuntariamente, puedo oír a Damian y a Luciano en mi esquina diciéndome que salga de mi propia cabeza, para no dejar que Dom me afecte. No puedo. Mi odio hacia él está consumiéndome centímetro a centímetro.


Pedro ―La voz de Paula se filtra en mis oídos sobre el rugido de la multitud y ahoga a Luciano y a Damian.


Me vuelvo hacia ella. Está arriba en el ring, sus delgados dedos están enganchados alrededor de la jaula, y tan pronto como mis ojos se encuentran con los suyos, mi ansiedad se aleja flotando.


―Estás en control ―me dice mientras me acerco a ella―. Él te subestima.
Piensa que eres un chico estúpido que no representa ninguna amenaza. ―Sus carnosos labios rosados se doblan en una atractiva, oscura sonrisa, la clase de oscuridad que solo veo en ella cuando estamos a unos segundos de follar―. Muéstrale lo peligroso que eres. Eres más fuerte que él en todos los sentidos y quiero que lo pruebes.


Agarro la jaula y pongo mi cara cerca de la de ella. Nuestros labios apenas se rozan a través de los enlaces, y si mi sangre no estuviera ya hirviendo y corriendo por mis venas, estoy seguro de que se hubiera reunido en mi pene, lo cual hace difícil que todos lo vean.


―¿Quieres que lo lastime? ―le pregunto, deseando desesperadamente que asienta.


En cambio, ella niega y siento el desafío crecer en mi pecho. 

Nada puede detenerme de poner a Dom en su lugar, ni siquiera Paula.


―Quiero que lo destruyas ―susurra.


Bueno, que me condenen. Nunca pensé que vería el día en que Paula me animaría a golpear jodidamente a alguien. 


Supongo que la contagié en más de un sentido. Engancho un dedo por un enlace de la jaula, apenas logrando atrapar el cuello de su camisa “PEDRO”. Tiro de ella hacia delante, cerrando la pequeña brecha entre nuestros labios.


Muevo mi lengua contra su labio inferior, pero ella se niega a abrir la boca.


Es muy tímida para besarme en televisión, que lindo. Chupo su labio inferior en mi boca y lo muerdo. Como lo había planeado, ella abre su boca con un grito ahogado y me permite unos roces rápidos y hambrientos de su lengua. Ella tira hacia atrás, jadeando.


―¿Ganarás por mí?


Le sonrío.


―Con mucho gusto.

CAPITULO 234



Él sostiene mi cuerpo con fuerza contra el suyo. Sus dedos están extendidos en la parte baja de mi espalda y juro que puedo sentir su piel arder a través de mi vestido mientras me esfuerzo por no derretirme en sus manos. Bailamos, lentamente. Hemos estado bailando de esta manera por lo que parecen horas.


Suspiro y apoyo más de mi peso contra él. Cuando era niña tenía sueños de cómo sería mi boda, pero esto lo supera. 


Pedro supera todos mis sueños y fantasías. Es dulce y protector, feroz y leal envuelto en un delicioso cuerpo apretado y la cara más sexy que cualquier otra. Debajo de mi oído, su corazón late en un ritmo fascinante a través de su traje impecable y el sudor en la palma de su mano se
mezcla con la mía.


Él es mi Pedro.


Mi marido.


Cuando conocí a Pedro, nunca me imaginé nuestras vidas enroscándose juntas de tal manera. Yo lo quería. Quería saborearlo, tocarlo. Era atracción sexual pura... entonces algo cambió. Nos conectamos, y una vez que nuestras almas se tocaron, se negaron a separarse. Ahora que estamos aquí, como marido y mujer, debajo del más hermoso candelabro de cristal en forma de araña de Elise que he visto en mi vida, bailando canciones lentas que nunca he escuchado antes.


Nuestras madres jugaron la mayor parte en la organización de nuestra boda. Pedro y yo queríamos una boda pequeña, infierno, fugarnos a Las Vegas fue una opción en un momento dado, pero nuestras madres se negaron, alegando que necesitábamos algo memorable. Yo no necesitaba la extravagancia para hacerlo memorable; Pedro era suficiente, sin embargo, aquí estamos después de haber cedido a los deseos de nuestras madres. Consiguieron lo que querían, la extravagancia, la elegancia, y cada miembro de la familia que teníamos, todo agrupado en una única habitación con sus mejores galas para ver a sus “bebés” casarse. No me importa porque tengo lo que quiero, también. Él. Lo tengo y es todo lo que quiero. Él es todo lo que siempre quiero.


Siento su cuerpo moverse mientras baja su cabeza cerca de la mía.


―¿Estás lista para salir de aquí? ―pregunta en esa voz profunda que me pone la piel de gallina.


Asiento mientras mariposas explotan en mi estómago. He querido salir de aquí durante horas. Pedro se ve positivamente delicioso en el traje negro de tres piezas, pero en lo personal, creo que el traje se verá mejor en un piso en algún lugar, tal vez echado sobre los asientos en el coche. 


Me separo de Pedro y encuentro sus hipnotizantes ojos chocolate oscuro. Siempre me han gustado sus ojos, más
aún ahora que están oficialmente conectados a mi marido. 


Veo su felicidad en sus ojos y debajo de su felicidad, veo su intención traviesa y de repente mi corazón no puede permanecer quieto. Pedro y yo hemos tenido sexo un montón de veces, más veces de las que puedo contar, pero esta vez es diferente. Esta vez será el principio del resto de nuestras vidas.


Esposo.


ES-PO-SO.


No creo que alguna vez me canse de tener presente mentalmente esa palabra, no es que pueda llegar a admitirlo en voz alta en algún momento. Pedro tiene la costumbre de atormentarme hasta que mi cara está roja y ardiendo. Le encanta. Le encanta meterse bajo mi piel, y por mucho que me encanta ver sus ojos brillar, contento con mis reacciones o su sonrisa con un exceso de confianza que me da ganas de chupar sus labios justo directamente de su cara, es molesto. Él es molesto, muy posiblemente el hombre más molesto que he conocido, y malditamente lo amo. Lo amo con todo lo que tengo, y esta noche he prometido que lo haré por el resto de mi vida.


―He estado muriendo para deshacerme de nuestras familias, desde que nos besamos en la iglesia ―murmuro por debajo del aliento para que los abuelos de Pedro no oigan.


Ellos sonríen y nos saludan a Pedro y a mí, mientras pasan bailando el vals por ahí y devolvemos el saludo con risitas incómodas.


―¿Desde que nos besamos? ―pregunta, dándome esa maldita sonrisa―. ¿En serio?


Siento mis mejillas sonrojarse.


―Sí.


Sus hermosos ojos marrones brillan. Él quiere burlarse de mí, puedo verlo.


Sus labios se curvan tan ligeramente.


―Eso es horriblemente vago de tu parte.


Frunzo el ceño y se inclina hacia delante, llevando sus labios justo a mi oreja.


Su cálido aliento sopla sobre el lóbulo de mi oreja, lo que debilita mis rodillas. Si Pedro no me estuviera sosteniendo, estoy segura que me disolvería en un charco de estremecimientos y gemidos.


―Me moría por huir contigo desde el momento en que vi que entraste por la puerta.


Me río una vez.


―Eso fue solo seis o siete minutos antes de nuestro beso.


Él se encoge de hombros, balanceándome de lado a lado y presionándome con fuerza contra su cuerpo.


―Está bien, así que estoy seis o siete minutos más atraído por ti de lo que tú lo estás por mí.


―Eso no tiene sentido.


―Oh, yo creo que sí.


―¿Cómo puedes estar más atraído por mí de lo que yo lo estoy por ti? ¿Te has visto?


Pedro inclina su cabeza, sus ojos sonriendo junto con sus labios. Con su mano, sin soltar mi espalda baja, desciende más allá y roza su dedo meñique sobre la curva de mi trasero.


―¿Tú te has visto a ti?


Mi respiración se profundiza a medida que su mano se desliza aún más bajo en la curva de mi trasero. Él tira de mí con más fuerza contra su cuerpo y siento cada firme centímetro de él. Dejo caer mi cabeza en su pecho con un gemido silencioso y se ríe oscuramente bajo su aliento. Sus dedos se crispan en mi trasero antes de liberar una exhalación fuerte y de mala gana regresa sus garras deseosas a una posición más segura en mi espalda.


―Será mejor que detengas eso ―advierte―. O toda esta sala va a ver lo caliente que me pones.


―Me dices que pare como si fuera posible contigo alrededor. ―Me río acurrucándome en él.


Mis pies están doloridos, mis músculos faciales duelen de sonreír demasiado, pero no podría estar más feliz. Estoy tan feliz que apenas puedo contenerlo. De vez en cuando mis dedos se contraen involuntariamente en la mano de Pedro y río sin motivo.


―Vamos a salir de aquí. Es hora de poner a prueba tus habilidades de actuación ―murmura, antes de envolver un brazo alrededor de mis hombros.


¿Eh? Trato de inclinar mi cabeza para mirarlo, pero él me aprieta contra él, metiendo mi cabeza en su pecho. Mi Dios, huele bien, como a jabón, colonia y a él. Eso prende fuego a mi sangre, amenazando con quemar el vestido de mi cuerpo.


―Está cansada, ¿cariño? ―Oigo a mamá preguntar, sintiendo su mano rozar mi cabello ni un segundo más tarde.


―Está muy cansada ―responde Pedro con un suspiro. Su voz retumba en su pecho, haciéndome vibrar de pies a cabeza―. Puede ser que nos retiremos.


Él aligera su agarre y me da un empujón fuera de mi lugar cómodo. Supongo que es mi turno de actuar. Por suerte para él, pasé teatro en la escuela con gran éxito.


Fingí un bostezo mientras me giro a mamá, haciendo caso omiso de Pedro, que jura por lo bajo. ¿Qué? No estoy haciendo tan mal trabajo. Mamá se ve muy bien en su vestido color ciruela y maquillaje sutil. No la he visto usar maquillaje en años, pero sus ojos ahumados y labios pintados de ciruela profundo le quedan. Ella retira un corto mechón de cabello de sus ojos y realmente se ve preocupada por lo cansada que estoy. Le doy a Pedro una sutil mirada engreída y él rueda los ojos.


―Necesito una cama ―le digo―. Me duelen los pies y los ojos pican.


Mamá me da palmaditas en el hombro y aprieta la carne ligeramente de esa manera reconfortante que solo una madre puede hacer.


―Ve, cariño. Has tenido un día tan grande. ―Ella vuelve sus repentinamente acusadores ojos en Pedro y apenas sin parpadear pregunta―: ¿Cuánto has bebido?


―Ni una gota.


Sus cejas afiladas se juntan.


―Te vi en el bar un par de veces esta noche.


―Solo agua fría, lo juro.


Lo estudia durante un rato y Pedro no se inmutó en lo más mínimo. Cuando era niña, su mirada podía hacerme admitir cualquier cosa. De verdad. Puede ser bastante aterradora cuando quiere serlo, simplemente pregúntale a Vanesa. 


Está aterrorizada de mi mamá.


―Está bien, te creo. ―Sus labios tiemblan―. Diviértanse. Los veré a ambos después de su luna de miel.


Nos jala para un abrazo y se prolonga por unos segundos.


―Nos hicieron muy orgullosos hoy. ―Sorbe―. La imagen perfecta.


―Mamá, no llores ―le dije, riendo.


Nos deja ir y seca las lágrimas que ruedan por su rostro. 


Agarra mi brazo y me acerca, plantando un beso suave en mi mejilla.


―Te amo ―le digo, apretando su brazo.


―Yo también te amo.


Pedro me toma por el codo y rápidamente me saca del salón. Lo admito, sí me siento un poco mal por dejar de lado a nuestras familias, pero no puedo estar con Pedro un segundo más sin rasgar su ropa. Él tira de mí a su lado mientras rompe en un trote rápido.


―Alguien está ansioso ―bromeo, centrándome muy duro en no torcerme el tobillo. Apenas puedo seguir su ritmo y su afán de salir de aquí―. Estoy usando tacones, lo sabes.


Suspiro mientras tira de mi brazo, me envía hacia adelante, y pierdo mi aliento mientras me levanta en sus fuertes brazos.


―Te llevaré, entonces.


Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y me aferro mientras me carga por unas escaleras.


―Podrías haberte detenido el tiempo suficiente para que me quite los zapatos.


Niega, su sonrisa diciendo un millón de palabras traviesas.


―Los zapatos tienen que quedarse puestos.


Cuando llegamos al coche, abre la puerta y me sienta en el interior, con cuidado de no atrapar mi vestido cuando lo cierra. Lo veo caminar alrededor de la parte delantera del coche, buscando las llaves en su bolsillo. Se detiene bajo una farola para buscar más profundamente en el tejido y lo admiro desde mi asiento.


Bajo la luz brillante, se ve tan angelical y puro, tan puro que medio esperaba que le crecieran alas y volara. Pero, cuando mira hacia arriba, hacia mí desde debajo de su frente y las sombras oscurecen la mayor parte de su cara, veo su oscuridad.
Veo el demonio que realmente es, y aunque admiro el lado dulce y angelical de Pedro, voy a estar para siempre consumida por su lado oscuro, el lado que hace lo que quiere y toma lo que cree que le deben.


Esta noche nos casamos, y lo que viene después no es asunto de nadie más que de Pedro y mío. Tengo muchas cosas planeadas para él, cosas que sé que lo volverán salvaje. Nunca he sido de las que besan y cuentan... Pedro, sin embargo, sin duda, le dirá a todo el mundo.

jueves, 12 de junio de 2014

EPILOGO




Pedro 
 
—¿Vas a estar quieto? —me regaña mamá, haciéndole un nudo a mi corbata azul y asegurándose de que esté de la manera correcta bajo mi cuello y mi chaleco.


—¿Qué quieres que haga? —me quejo—. Estoy nervioso.


Soy más que capaz de vestirme solo, pero dejé que mamá lo haga, sabiendo que la hace sentir bien el mimarme, como una verdadera madre haría.  


—Te vas a casar con el amor de tu vida. Deberías estar emocionado, no nervioso.  


Llega a mí alrededor y tira de la chaqueta del perchero. Mamá la mantiene abierta para mí y deslizo mis brazos en ella, ajustándola sobre mis hombros.  


—¿Qué, no puedo estar ambas cosas? —pregunto y ella suaviza las palmas de sus manos sobre mis hombros y rueda sus ojos. Ajusto mi chaqueta,asegurándome de que está cómodamente en mí mientras ella alcanza el boutonniere de una flor blanca y la engancha en mi solapa.


—¿Por qué tengo que llevar flores? No soy la novia.  


Desde el sofá a mi lado, Luciano se ríe.



—Te has quejado tanto esta mañana que realmente estoy cuestionando quién exactamente es la novia hoy.


Ahora es mi turno de rodar los ojos.  

—Hilarante.


—La llevas para que coincida con las de ella, y no es solo una flor, es una flor de orquídea phalaenopsis, y da la casualidad de ser la flor preferida de la madre de Paula así que ten cuidado con lo que dices sobre esto a su alrededor. Esa mujer puede ser muy… 

—Intensa —le respondo.


—Controladora —añade Luciano y ambos reímos.


—¿Estamos hablando de la madre de Paula? —pregunta Maca, entrando en la habitación y cerrando la puerta detrás de ella. 


¿Cómo sabía que estábamos hablando de la madre de Paula? Borra eso, es bueno que ella pudiera venir. No la he visto desde que le di el dinero para dejar de ser una stripper, dos meses atrás.


Nunca recibí una confirmación para la boda de su parte, ni siquiera un texto para decir felicitaciones.


—Estás viva —digo inexpresivo. 

—Sí, lo siento, como que desaparecí de la faz de la tierra por un tiempo. Ya estoy de vuelta ahora, sin embargo. No pensaste que me perdería tu boda,¿verdad?


—En realidad, lo hice. 

—No tengas miedo, hermano. —Ella se ríe, agarrando un puñado de su vestido largo, de color rosa y caminando hacia el sofá—. No me lo perdería por nada del mundo. —Se deja caer al lado de Luciano—. No todos los días se puede ser testigo de lo imposible.


Luciano se ríe y estrecho mis ojos hacia ellos. 

—Basta, ustedes dos. Este es el gran día de Pedro y debemos apoyarlo en lo que sea posible. —Mamá acaba de fijar la orquídea y da un paso hacia atrás. Su largo vestido rojo se balancea alrededor de sus pies y las lágrimas se acumulan en sus ojos mientras junta las manos sobre su pecho—. Perfecto. —Ella me sonríe—Te ves tan guapo.


—Hermoso —resopla Luciano, empujando a mi hermana—. Apenas puedo contenerme.


Los ignoro a ellos y a sus risitas. Llaman a la puerta y Damianl asoma su cabeza dentro. 

—Todos los invitados están aquí y Paula está lista. ¿Y ustedes?   


Otro ataque de nerviosismo retuerce mi estómago, pero asiento con la cabeza a pesar de ello. Él empuja la puerta abierta más ampliamente y salgo a través de ella. Me paseo con entusiasmo por un pasillo y por una puerta pequeña, entrando a la sala principal de la gran iglesia. Una vivida charla estalla por mi entrada y me siguen de cerca mamá y Maca. Ellas toman sus asientos en la primera fila y se dan la mano la una a la otra como si nunca hubieran tenido un desacuerdo en sus vidas. Es agradable de ver. Es agradable ver a mi familia con una apariencia de amor y normalidad después de la locura de la muerte de papá.


Luciano y Damian van a venir con el cortejo nupcial. Paula y yo elegimos dos personas cada uno para estar aquí con nosotros y pensamos que nos gustaría elegir a las personas que han estado con nosotros desde el principio, Vanesa, Damian y Luciano. Sé que nos deja desigual, así que hice algo reservado para nivelarlo. El color que Paula eligió para que lleven las damas de honor y los padrinos de boda es un muy buen color gris perla disuelto por un color azul marino oscuro. Así que conseguí que un sastre haga un esmoquin del mismo material que el vestido de dama de honor de Vanesa. Y entonces me puse en contacto con el hermano de Paula, Agustin. Sorprendentemente, estaba más que feliz de ser una de las damas de honor de Paula. Ella no sabe lo que hice y por lo que a ella concierne, su hermano está demasiado ocupado como para volver a casa para nuestra boda. No puedo esperar a ver su cara y espero que Vanesa capte todo en cámara como le pedí.


Un segundo después, el piano comienza a tocar, cortando mis pensamientos.


La boda está comenzando... mi boda está comenzando. Mis palmas se vuelven resbaladizas por el sudor y froto mis dedos contra ellas, mis ojos nunca dejando las puertas abiertas en la parte trasera de la sala. Vanesa se acerca a la puerta con su hermoso vestido y espera que tanto Damian y como Luciano tomen sus codos.


Sonrío, sabiendo muy bien que mi plan ha funcionado. 


Agustin está aquí y va a llevar a su hermana por el pasillo porque Ricardo no está aquí para hacerlo. Y ella que estaba pensando que iba a tener que caminar sola. Si Agustin no podía hacerlo,yo malditamente iba a acompañarla y entregarla a mí mismo por mi cuenta. 

Sonrío de nuevo en mi propia ridiculez. Solo quiero hacerla feliz.


Dos niñas en abultados vestidos blancos salen de la puerta, mientras Vanesa,Luciano y Damian llegan al altar y se unen a mí en la parte superior de las escaleras.


Las niñas adorables (hijas del primo de Paula) llenan el pasillo con hermosas flores blancas, grises y azules. Las veo solo por un par de segundos antes de que mis ojos revoloteen de nuevo a las puertas dobles. Ella es la siguiente. Ya viene.


No sé cómo sucedió esto. No sé cómo llegué a ser el que está en el altar,esperando a la chica de mis sueños... todo lo que sé es que ella me quiere. Ella me va a querer para siempre.Paula me hace feliz de estar vivo, como que puedo hacer cualquier cosa. Las emociones brotan en mi garganta y trago duro y sacudo mis hombros para librarme de ellas.


—Tranquilo, muchacho grande. —Luciano se ríe entre dientes—. Ella va a venir. 

Entonces, veo la fina tela blanca sobre el borde de la puerta y un segundo más tarde, ahí está. Mi novia.


Dejo de respirar cuando el aire escapa de mis pulmones en la visión de ella en ese hermoso y apretado vestido blanco. 


Se adhiere a las curvas de su cuerpo,antes de llamear en la parte inferior, dejando un largo rastro de tela detrás de ella.

Mi mirada se prolonga hasta el resto de su cuerpo y en su rostro, que está oculto por un velo blanco y fino. En su brazo, su hermano orgulloso está de pie con el rostro severo y sus ojos verdes fijos en el altar delante de él. Oigo sollozos y exclamaciones y murmullos bajos que provienen de nuestros familiares, pero no me atrevo a dejar que mis ojos vacilen de la perfección paseando hacia mí. Ahora
todo lo que quiero es verle la cara. Quiero ver sus emociones, ver si está tan emocionada como yo.

Una pequeña eternidad después, está delante de mí con su hermano, un perro de protección a su lado.


—Es tuya ahora —me dice Agustin—. Pero yo siempre voy a estar mirando por encima de mi hombro. Trátala bien, como una princesa.


Niego con la cabeza. No como una princesa.  


—Como una reina.

Los labios de Agustin tiran en una amplia sonrisa y pone su mano en la mía. Él da a Paula un beso en la mejilla y luego se baja para estar detrás de Vanesa,poniéndose a un lado del cortejo nupcial. Paula aprieta mi mano con fuerza, con entusiasmo, entrelazando sus cálidos dedos sudorosos con los míos. El sacerdote comienza a hablar y siento que Paula se vuelve un poco inquieta a mi lado.


Cuando me asomo, la oigo susurrar “a la mierda” en voz baja y retira el velo sobre su cabeza y se lanza hacia mí, aplastando su boca con la mía. Los invitados animan y aplauden, aullando y gritando y riéndose de la repentina urgencia de Paula por besarme. Detrás de mí, oigo a Damian y Luciano y gemir y susurrar “Jesucristo” bajo sus respiraciones. No tengo mucho tiempo para registrar el beso,todavía estoy atrapado en la visión repentina de su hermoso rostro. Cuando mi cuerpo comienza a reaccionar a su boca, envuelvo mis brazos alrededor de su cintura y tiro de ella con más fuerza hacia mí.


Cuando ella se aleja, susurra:
—Muchas gracias, has hecho mi día. 

Tiene los ojos húmedos de lágrimas y su voz parece inestable. Sonrío hacia ella y pongo el velo de vuelta sobre su rostro. 

 
—No hay de qué. Ahora vamos a casarnos ya.


Ella se ríe hacia mí, se encuentra de nuevo en su lugar y se disculpa con el reverendo.


El reverendo se aclara la garganta.

  
—Vamos a intentarlo de nuevo. Como Paula y Pedro toman sus votos hoy,tenemos el privilegio de presenciar el amor gozoso de una nueva familia, una familia que se nutre y se nutre a través de la devoción de dos individuos separados que crecen juntos a través de los lazos comunes de amor. Que su matrimonio les traiga la paz, alegría, comodidad y bienestar que se conoce en los corazones de los hijos de Dios.


Me desconcentro de sus palabras y miró a Paula. A través de la fina tela,puedo distinguir sus labios mientras ella sonríe ampliamente al reverendo. Su felicidad está vertiendo de ella en oleadas, solo superada por la mía. 

—El amar realmente a otra persona es estar dispuesto a aceptar tanto sus puntos fuertes como sus puntos débiles, con medidas iguales de comprensión y respeto.


La ceremonia en sí es tradicional y no muy larga en absoluto. Recitamos después del reverendo donde prometemos e intercambiamos anillos. Nunca he llevado un anillo antes, pero la banda de oro que ahora adorna mi dedo no se siente fuera de lugar o ajeno en absoluto. Se siente bien, como si fuera una parte de mi piel.


—Pedro, ¿aceptas a Paula para ser tu legítima esposa, tu pareja en la vida y tu único y verdadero amor? ¿Aprecias su amistad y prometes amarla hoy, mañana y para siempre? ¿Prometes confortarla, honrarla y mantenerla en la salud y en la enfermedad, permaneciendo fiel a ella, siempre y cuando la muerte no los separe? 

No tengo que pensar. Él solo me hizo la pregunta más fácil que he oído en mi vida.  


—Sí, acepto.


Paula, ¿aceptas a este hombre para ser su legítimo esposo? ¿Prometes amarlo, confortarlo, honrarlo y mantenerlo en la enfermedad y en la salud, permaneciendo fiel a él, siempre y cuando la muerte no los separe?  

—Sí, acepto.  

—Entonces, por el poder investido en mí, los declaro marido y mujer.


Puedes besar a la novia. 

Extiendo mi mano y levanto el velo de la cara de Paula, exponiendo el único rizo de cabello oscuro que se apoya contra su pecho. Tiro de ella hacia mí y la beso con todo lo que tengo. Vierto todo mi amor, mi emoción y nerviosismo en el beso, y siento que el aire deja mis pulmones. Todo en mi vida me ha llevado a este momento... el momento en que yo reclamo mi único y verdadero amor como mi esposa delante de todos nuestros amigos y familiares.  

Y no cambiaría nada.


* * *
 
La recepción fue una falta de definición salvaje de flashes de cámaras,música, baile y comida. Los músculos de mi cara duelen más que todo mi cuerpo después de una pelea, simplemente por sonreír.


Podría escribir una novela de quinientas páginas sobre esta noche. Podría escribir sobre los votos intercambiamos, la conversación que tuvimos o los bailes que compartimos en gran detalle, pero para mí, esas cosas no me importan tanto como el ser unidos en matrimonio para siempre lo hizo. 

Conduzco lejos de la recepción en el Emerald Cliff Restaurant and Marina, y me dirijo hacia el resort que reservé para nosotros en The Captain Lord Mansion.


Estoy aliviado de que todo haya acabado, antes de irnos, nuestros parientes estaban empezando a sentir los efectos del alcohol y las historias incómodas de infancia poco a poco se empezaron a desplegar.Agustin, Maca, Luciano, Vanesa y Damian se apiñaban alrededor de una mesa, compartiendo historias y riendo como siempre lo han hecho, y mi mamá, estaba felizmente sentada con la madre de
Paula, ninguna de las dos tocando la bebida gratis. Hoy por la mañana y esta noche fueron perfectas, por decir lo menos, pero ahora por fin estamos solos de nuevo. He querido estar a solas con Paula desde que la vi en la iglesia de San Pablo y lo único que puedo pensar es hacer esta noche memorable para ella. No sé cómo... No sé qué más puedo hacer por ella. Ya la he tomado en una ducha y la até a las jaulas. He lamido entre sus muslos mientras ella dormía y he perdido mis dedos dentro de ella hasta que se fundió a mi alrededor un millón de veces. ¿Qué más puedo traer a la mesa? ¿Qué más puedo hacer para que esta noche sea memorable?


Nos detenemos fuera del The Captain Lord Mansion y Paula se desliza del coche con un bostezo. 

 
—Deja las bolsas —le digo mientras salgo del coche y ella busca hacia atrás para alcanzar el mango—. Voy por ellas por la mañana. 

Nuestros dedos se atan juntos mientras ella me da el encuentro alrededor de mi lado del coche. Me dirijo escaleras arriba y a través de las puertas dobles de la mansión. Ella se maravilla de la disposición y todas las decoraciones, pero sus ojos no se detienen en ellos. Estoy demasiado cansado como para que realmente me importe si el lugar es bonito o un basurero. Ella prácticamente salta a mi lado mientras la acompaño a nuestra habitación. En el interior, pongo mis ojos sobre la cama, con ganas de acostarme y descansar los ojos. 

—¿Puedes preparar un baño? —Paula sonríe—. Creo que lo necesitamos para descansar un poco antes de dormir.


—Cualquier cosa por ti, mi mujer. —Mi pecho se aprieta en la palabra y Paula me sonríe.  

Saco mi chaqueta y me deshago mi chaleco y mi corbata, tirándolos sobre la cama, sin importare si se arrugan. 


Camino por el amplio dormitorio y dentro del elegante y amplio baño. Apenas me maravillo por los arreglos ya que dejo correr el agua caliente y burbujeante del agrado de Paula. Al pensar en su nombre, ella se pasea con una botella de vino y dos copas en la mano. Se vuelve y me mira por encima del hombro. Me levanto y desabrocho su cremallera, recorriéndolo hacia abajo por espalda y sobre la curva de su culo.  

—¿Quieres beber ahora? —pregunto, bajando mi boca a su cuello y plantando un suave beso. Bajo mis labios, se le pone la piel de gallina ligeramente.


Me alejo y ella sonríe con malicia hacia mí. 

—Por supuesto.  

—Ya sabes cómo me pongo... —La última cosa que quiero hacer es follarla demasiado rudo en nuestra noche de bodas. ¿No es la intención de ser un apasionado y amoroso?


Le desabrocho el sujetador y lo arrojo a un lado.  

—He oído hablar de cómo te pones, pero no lo he visto todavía.


Sus palabras despiertan mi polla en los pantalones y miro sus regordetes labios rojos mientras las próximas dos palabras salen de su boca. Muéstrame

—¿No quieres que sea bondadoso y amoroso? —pregunto, curvando los dedos alrededor de su ropa interior de encaje blanco y empujándolos hacia abajo por sus muslos. Cuando llegan a un cierto punto, caen sin mi ayuda y ella sale de ellas. Está completamente desnuda ahora y veo, no, admiro como pone un pie después del otro en el baño y se hunde a sí misma hacia abajo. Miro la piel lechosa de sus muslos a su vez en un tono claro de color rosa, inmerso en el agua caliente. El agua es apenas suficiente profunda para cubrir sus muslos y me encanta la visión delante de mí mientras solitarias burbujas cubren la mitad de su pezón.

—Bueno... —Sonríe, vertiendo el vino en una copa—. Me puedes amar con un puñado de mi cabello.


Santa. Mierda. Ella lo quiere duro, duro y rápido. Quiere que la domine por completo, tomándola en todas las superficies de esta habitación. Lo que mi nena quiere, lo recibe. 

Ella coloca la copa llena en el borde de la bañera y me mira. 

 
—¿Vas a venir o vas a seguir follándome con los ojos en vez de realmente follar conmigo? 

Me desabrocho el cinturón casi agresivamente, sin creer las palabras que salen de su boca. Me libero de mi ropa y entro en la tina. Me entrega una copa de vino y tiro de ella para tomar tres grandes tragos. Joder, odio vino. Dejo caer la copa sobre el borde y en la alfombra de baño antes de inclinarme hacia adelante,agarrando las piernas de Paula y tirando de ella hacia mí. No necesito alcohol para darle lo que ella quiere. Paula sale de mi alcance y chista. 

 
—Tenemos toda la noche para hacer eso. —Sonríe diabólicamente. Voltea su cuerpo alrededor y se arrastra hacia mí—Hay algo que quiero hacer para ti, en primer lugar.


Ella pasa su lengua por sus labios inferiores antes de inclinarse a la derecha y besar mi cuello y luego mi pecho. 


La palma de su mano se aplana contra mi pecho y mi corazón late más rápidamente en su mano mientras me empuja un poco hacia atrás. La miro, asombrado de cómo mi cuerpo hace lo que ella le dice que sin dudarlo y es en este momento como me doy cuenta, Paula no es mía... yo soy suyo.


Humedezco rápidamente mis labios y una bocanada de aire deja mis pulmones mientras sus ojos quedan fijos en los míos y ella baja su boca a mi polla.  

Sus labios húmedos se envuelven alrededor de la cabeza, cubriéndola de saliva y un gutural gemido sale de mí mientras mi cabeza cae hacia atrás contra las baldosas. 


Placer irradia desde mi centro, latiendo en olas que lo consumen todo cada vez que ella pasa su lengua por la punta, y cuando me lleva todo el camino hasta la parte posterior de la garganta, me estremezco y sonrío, dándome cuenta de que estoy por completo, irreversible y felizmente perdido en mi esposa.
 










Continuará en…


un tercer libro que todavía no sale.
aca un adelanto de lo que se viene.



Esto es todo.

 
Mi venganza.  


Puedo saborearla en mi lengua, es dulce y es adictiva.  


He trabajado muy duro como para conformarme con el 
segundo mejor y voy a llegar a la cima.
 
Pedro Alfonso está de vuelta y entrenando más duro que 
nunca para redimir su derrota ante Dom Russell. 


La ansiedad es alta, pero hay más en juego mientras el
fundador de la MMAC, Matt Somers, obliga a Pedro y Dom aentrenar bajo el mismo techo.


Aunque Matt Somers cree que es solo una buena diversión el provocar a los dos por la publicidad, no se da cuenta lo realmente seria que es la situación. 

 
Con Paula a su lado, Pedro Alfonso se empuja más a sus límites y lucha por mantener a su oponente, Dom Russell, fuera de su cabeza mientras que pelean una última vez.