sábado, 8 de noviembre de 2014

CAPITULO 263




Sacudo mi antebrazo cuando una insoportable presión irradia de mi codo. Antes de saberlo, estoy sobre mi espalda y Dom tiene sus piernas sobre mi pecho mientras endereza mi brazo. Siento mis articulaciones hacer pop y grito de dolor. No¸ no, no, no, no.


―¡No!


Trato de alejarme pero solo intensifica el dolor.


―¡Pedro! ―Múltiples personas gritan mi nombre, pero no puedo diferenciarlos.


Se escucha un nuevo crujido y mi brazo libre se siente pesado, como si estuviese hecho de oro sólido y no puedo moverlo. Bajo mi brazo estirado, el que está siendo apretado bajo Dom, siento su pecho vibrar por la risa, entonces, flexiona sus caderas hacia adelante…


…Y mi brazo se rompe.


Me estremezco de vuelta a la realidad. Veo mi cuarto, sutilmente iluminado por el sol naciente. Me paso las manos por mi rostro, limpiando una ligera capa de sudor frio.


Estoy en casa.


No he perdido.


Esto aún no ha terminado.


Ignoro el rápido e inestable repiqueteo de mi corazón. Está golpeando mi pecho como un mazo al concreto. Estiro mi brazo en busca del calor de Paula.


Hay un bloque de desesperación en mi estómago mientras pondero la posibilidad de que ella no esté aquí. Luego de actuar como un idiota anoche, no me sorprendería. Cuando mis dedos rozan su columna, la desesperación se desintegra y me deslizo cerca. La recojo en mis brazos y siento como su pequeño cuerpo se relaja, como si yo fuera todo lo que necesita para dormir bien. Mi corazón se golpea contra mi tórax y me pregunto si puede sentirlo en su espalda.


Entierro mi nariz en su cabello e inhalo. Su olor, la esencia más dulce y sexi que sentido en mi vida, llena mis pulmones. Y hace su magia. Fluye de mis pulmones a mi tórax… toma mi corazón y lo calma, devolviéndolo a su ritmo normal. Exhalo y me relajo completamente mientras recorro mis dedos sobre su estirado estómago, tocando su abdomen en busca de algo… realmente no lo sé. Anoche
sentí frío… cuando le di la espalda. No debí hacerlo, pero ella ya había hecho dudar mi confianza. ¿Que si Vanesa tenía razón? ¿Podría estar pasando? ¿Podría estar en camino a la paternidad? No… no puedo. No estoy listo. 


Necesito tiempo para aprender algo, cualquier cosa sobre ser un padre. No. Necesito enfocarme en mi carrera. 


Necesito vencer a Dom antes de pensar en algo o en alguien más. He trabajado demasiado duro estas pasadas semanas para rendirme ahora. He detenido tantas emociones como puedo, incluso he recurrido tratar a Paula como mierda para mantener mi mente en el camino. Te sorprenderías lo fácil que es empujarte más cuando te fuerzas a que no te importe nada. Miro la ventana y el
resplandor que entra por las esquinas. Debe faltar poco para la hora del entrenamiento.


Volteo sobre mi hombro hacia el reloj de alarma en la mesa al lado de la cama, tengo dos minutos antes de tener que levantarme e iniciar el entrenamiento.


Preferiría quedarme en la cama con mi semidesnuda y ardiente esposa, pero al fin de cuentas, tengo rutinas que perfeccionar e imbéciles que golpear. Con increíble dificultad, me alejo de Paula y deslizo de la cama.


Cuando bajo las gradas, Damian y Luciano ya están esperándome. Lamento haberle permitido al hotel que le dé una llave a Damian. Tal vez entonces podría saltarme algunas sesiones y quedarme en casa cuando realmente quiera.


―¿Estás listo, Pedro? ―dice Damian desde el final de las gradas. Muerde una crujiente manzana verde y me mira.


Asiento una vez.


―Hagámoslo.



*****


Para cuando he terminado, mi pecho se agita y mi cuerpo está recubierto por un sudor espeso. Damian y Luciano están apoyados en la ventana, Damian está llenando de cosas su pequeño portapapeles y Luciano descansa su cabeza contra el vidrio, sin camisa y tan sudoroso como yo. 


Mostrando todos sus tatuajes, desde su cadera derecha hasta la parte superior de su cuello. Le advertí en contra de los tatuajes excesivos, pero parece que no tiene ningún problema con el aspecto de un traficante de drogas.


―Bueno, no voy a decir que odio vivir aquí ―anuncia Vanesa, sonriendo para sí misma mientras cae sobre un sofá con su plato de cereal. Sus ojos recorren a Luciano y a mí, y le sonreímos. Ella dirá cualquier cosa que venga a su linda cabecita.


Mirando por la ventana, suena mi teléfono y lo contestó, silenciando el molesto tono de timbre antes de que se despierte Paula. Todavía no puedo creer que esté dormida. 


La cantidad de ruido que hicimos durante esta sesión de
entrenamiento pensé que despertaríamos a todo el hotel. 


Me detengo y miro las escaleras. Nada. Paula sigue dormida.


―¿Supongo que ella no es una persona madrugadora? ―Luciano ríe, sus verdes ojos brillando hacia mí.


Le gusta ver esto, como estoy envuelto alrededor del dedo de una chica.


―No por el momento.


―¿Quién es? ―pregunta Damian, sin levantar la vista de sus papeles.


Miro la pantalla y me congelo.


―Mierda.


Matt Somers. Deslizo a la tecla verde y llevo el teléfono a mi oreja.


―Tengo la sensación de que me arrepentiré de contestar esta.


Matt ríe.


―Vamos,Pedro ¿Por qué siempre tienes que asumir que tengo alguna agenda secreta cuando te llamo?


―Porque lo haces, pero si por un milagro no lo haces esta vez, déjame en paz. No puedo soportar la plática.


Damian y Luciano se inclinan más cerca, forzando sus oídos.


―Cierto. ―Él se ríe nerviosamente―. Solo pensé salir de la rutina y ver como lo estás haciendo. ¿Cómo están las cosas? ¿Cómo está tu esposa?


―Habla rápido ―le advierto con un gruñido―. Estoy ocupado.


―Muy bien, muy bien. ―Se ríe una última vez―. Te llamo porque el equipo de entrenamiento de Dom se dio cuenta de que no has usado el gimnasio.


―¿Por fin lo notaron? No he estado entrenando ahí por un tiempo, Matt.


Los ojos de Luciano y Damian se ensanchan.


―¿Por qué no? ―Toda la diversión ha desaparecido de su voz y tomado un nuevo tono.


―Tú sabes exactamente por qué. No estoy entrenando bajo el mismo techo que ese cerdo y no voy a jugar tu maldito juego. Sé que lo haces. Sé que alimentas nuestras confrontaciones, así que me he encerrado en mi habitación de hotel.


El resopla.


―¿Estás huyendo, Pedro? No pensé que fueras de ese tipo de…


―No estoy huyendo ―espeto―. Esto puede ser una broma para ti, pero esta es mi vida y mi carrera.


―¿Tu carrera, dices? Pues bien, ya que lo pones de esa manera, como tu jefe, te digo que te arrastres fuera de tu maldito caparazón y hagas algunas apariciones públicas. Si quieres sobrevivir en este negocio, chico, mejor escucha con atención.


Me perteneces, ¿me entiendes? Haces las mierdas que te diga. Golpeas cuando digo que golpees, te sientas cuando digo que te sientes, saltas cuando digo salta.


―Hace una pausa y mi teléfono cruje cuando lo aprieto con mi mano. Cómo se atreve este idiota―. He tenido gamberros como tú antes, Pedro. ¿Pregúntame dónde están ahora? Es de tu mejor interés que me escuches, y por tu beneficio, será mejor que la pelea llegue a los libros de historia, o tu culo estará sobre la hierba.


Cuelga y bajo el teléfono antes de dejarlo caer sobre la alfombra. Va a obligarme a seguirle el juego…. Y no tengo otra opción. Tengo que jugar bajo sus reglas o correr el riesgo de perderlo todo.


Eso es todo. Sé lo que tengo que hacer.


―Vamos a salir ―anuncio, saltando hacia las escaleras.


―¿A dónde vamos? ―pregunta Luciano detrás de mí.


―A encontrar a Dom. ―Doy dos pasos a la vez. Si Matt quiere una aparición pública, va a conseguir una. Va a tener el espectáculo más grande que jamás haya visto. Voy a empezar un jodido motín y terminarlo en el MMAC. Matt Somers va a desear nunca haberme pedido que jugara su juego. Me gustan los juegos; más importante aún, me gusta ganar, y voy a ganar.

CAPITULO 262



En la oscuridad, deslizo mis pies a lo largo de la alfombra para palpar piezas de ropa o zapatos abandonados. 


Tropezar en lo oscuro no es divertido, especialmente cuando tu habitación está llena de mesas de cristal y adornos de
cerámica al azar. Tú pensarías que sacarían todas las cosas que pueden romperse fácilmente cuando escuchan que Pedro está viniendo a la ciudad.


No muy lejos, oigo su respiración constante y envía remolinos de culpabilidad a mi estómago. Es el tipo de culpa que come el revestimiento de tu estómago y se siente como que hay rocas en tus intestinos. A pesar que no he hecho nada malo, me siento como si estuviera ocultándole algo… que todos los pensamientos que tuve en la ducha fueron a escondidas y él no los aprobaría. Mis dedos se deslizan al borde de la cama y me encorvo hacia delante, tratando de
alcanzar el colchón con mis manos. Me deslizo a mí misma en la cama, con mi vientre sellado. Rodando sobre mi espalda, uso mis pies para deslizar las sábanas de satén debajo de mi culo. Me muevo lo menos que puedo mientras agarro la sábana y cubro mi cuerpo con el tejido suave. 


Dormir en ropa interior es una gran idea cuando tienes sábanas sedosas como estas. Me aparto de Pedro, acurrucándome en una bola. No lo abrazo mientras duerme… con miedo de que huela mis pensamientos. Ni un segundo más tarde, su gran cuerpo se desplaza en mi dirección. Contengo la respiración, esperando, rezando, para que no se despierte. Por primera vez en la historia, me estremezco cuando sus duros brazos me rodean y me arrastra hacia él. Lo respiro, huele increíble.


―¿No estás de humor para acurrucarte esta noche? ―pregunta y puedo sentir la sonrisa en sus labios.


Él es cálido, increíblemente cálido, y su calor penetra en mi piel, calentando mis órganos. Me presiono en su contra.


―Pensé que estabas dormido.


No una completa mentira.


Me aprieta más contra su cuerpo, dejando a su pulgar cepillar sobre mi delgado sujetador para dormir. Su pulgar cepilla mi pezón y aprieto los dientes.


La sensibilidad es demasiado difícil de soportar. Es casi doloroso, se endurece inmediatamente y estoy seguro de que fácilmente puede sentirlo a través de la ultra delgada tela de encaje.


―¿Sin ti? Nah.


Mis labios se contraen mientras besa mi cabeza una vez. Dos veces. Tres veces. Cuando termina, sitúa su cabeza contra la parte trasera de la mía, hundiendo su nariz en mí cabello húmedo.


―Dios, hueles bien ―murmura, respirando aire caliente sobre mi cuero cabelludo.


Sus manos bajan a mi estómago y corre la dura palma arriba y abajo, dudando en la línea de mi ropa interior, antes de regresar a las costillas. Su toque hace hormiguear mi piel, anhelo sentirlo todo en mi pecho, entre mis piernas. Lo hace una y otra vez durante unos minutos, casi me adormece en la tierra de los sueños, entonces su mano se vuelve marginalmente más pesada.


―¿Pedro? ―murmuro. Aprieto mis ojos cerrados con la esperanza, de pronto, de no conseguir una respuesta.


―Hmm. ―Su pecho vibra contra mi espalda, despertando cada célula de mi cuerpo. Me siento gravitar hacia él, tratando de tirar de su cuerpo contra el mío.


Maldita sea. Aquí viene.


―Estamos en esto juntos, ¿cierto? Para largo plazo, quiero decir.


―Absolutamente. ―Hace una pausa y el aire se torna tenso―. ¿Por qué? ¿Qué pasa? ―Su voz es fuerte y despierta, todo rastro de somnolencia se ha ido.


―Nada… Estaba pensando en lo que dijo Vanesa.


Exhala y se desplaza en la cama, tirando de sus brazos lejos de mí mientras rueda sobre su espalda. Se lleva el calor con él y pongo mi mano en su cadera solo para sentirlo de nuevo.


―Vanesa habla solo para oír su propia voz, lo sabes mejor que nadie.


―Lo sé, pero si…


―Mira, si estas preocupada, hazte la prueba de embarazo y ve por ti misma.Has estado tomando la píldora. Te he visto hacerlo.


Ruedo hacia el con más confianza para hablar sobre el “tema”.


―¿Y si el resultado es positivo? ¿Qué sucede entonces?


Otra pausa larga y tensa llena la habitación y lo odio.


―No lo será.


―Pero si lo es…


―Buenas noches, Paula ―interrumpe, rodando su cuerpo lejos de mí. La desaparición de su cuerpo, se mezcla con la oscuridad de la habitación y si no supiera, asumiría que estaba sola aquí… seguro que así es como se siente. Una pesadez se posa en mi pecho e inhalo en un intento por zafarme de ella. No hay suerte. Semanas atrás, este tipo de conversación fue bien recibida… luego se fue y vio la arena del MGM con Damian y todas las puertas que conducen a los niños y progresar como familia se han cerrado y la llave escondida debajo de una roca que no puedo hallar. Es por conversaciones como estas que hacen que me preocupe por él… Sobre las promesas que ha hecho.


Confianza. Al final del día, tengo que confiar en Pedro. Él es mi marido… soy la chica que eligió para pasar el resto de su vida. Tengo que confiar en que no importa lo que se filtre hacia afuera, el estará allí en todo el camino para apoyarme como siempre me lo ha prometido. Él me apoya como yo lo apoyo… sé que lo hará.


Mañana voy hacer la prueba de embarazo y todo estará hecho y terminado.


Va estar bien… Vamos a estar bien.

viernes, 7 de noviembre de 2014

CAPITULO 261




PAULA



No puedo resistirme a darle una mirada a Pedro mientras paso de camino al baño. Se encuentra en la cama boca abajo con toda la espalda descubierta. Sus pantalones de chándal negros hasta bajo de las caderas, casi revelando la curva tentadora de su culo. La habitación está a oscuras, de esperarse a las diez p.m., supongo. Después de dejar a Paula en el sofá esta mañana, me vine a nuestra habitación y tomé una siesta. Cuando me desperté, todo rastro de náuseas, cansancio y calambres habían desaparecido. Es bueno saber que el veneno de Vanesa no se quedó mucho tiempo en mi cuerpo.


―Puedo sentirte mirándome ―habla Paula desde la almohada―. ¿Te gusta lo que ves?


―Si te refieres a la forma en la que estas tendido allí, sin decir una palabra, entonces sí.


Se levanta sobre los codos y me meto rápidamente en el cuarto de baño y cierro la puerta antes de que llegue su réplica. Paula odia no tener la última palabra.


Sonriendo abro la puerta de la ducha y el grifo del agua. 


Entonces pongo mis dedos alrededor del dobladillo de mis pantalones de chándal y los empujo al piso.


Los chorros llenan rápidamente el baño con vapor, por lo que mis pulmones se ponen pesados y calientes. Soy más feliz ahora que las náuseas no están pesando debajo de mi estómago, y el hecho que Pedro ha decidido continuar con su carrera no me molesta No es mi decisión y voy apoyarlo en lo que él decida hacer. Solo espero que, aunque su mente cambie, sus promesas no.


Me quito la camisa sobre mi cabeza y la tiro a un lado. Me muero por otra ducha. A pesar que he dormido todo el día, el aceite sobre mi piel se siente pesado y asqueroso. Doy un paso a la corriente a unas pulgadas de los grifos fríos hasta que el vapor deja el agua. Me doy la vuelta y me meto con la cabeza hacia atrás.


Dejo que el agua choque con mi cuero cabelludo y lave los problemas de hoy. A medida que el agua golpea constantemente en mi cabeza, me inclino hacia un lado y alcanzo el champú. De repente, un chorro de agua choca directamente con mi pezón y duele ¡maldición! Mi pezón cosquillea enviando una sensación que irradia a través de mi cuerpo. Enferma en la mañana… pezones sensibles… recuerdo mis clases de salud en la secundaria y todo mi ser se queda inmóvil mientras todos los sonidos disminuyen en la distancia. Oh no. No, no, no, no. Esto no puede estar pasando. En mi cabeza, trato de contar cuantos días han pasado desde mi último período. Tomo la píldora regularmente… eso es, después que la olvido me pongo
al día. Aunque me tomo mis pastillas tarde a veces… eso no quiere decir que se vuelvan menos eficaces, ¿cierto? Puedo escuchar la voz de Vanesa en mi cabeza.


“Tienes que tratar las instrucciones de la píldora como tú biblia. Lee esa mierda cada mañana, asegúrate de seguir todas las reglas, ten en cuenta las instrucciones importantes y ora a Dios que todo salga bien”. Eso es tremendamente profundo viniendo de ella.


Uno, ella no es propietaria de una biblia. Dos, se saltó cada clase de religión en la escuela primaria y secundaria, y tres, bueno ella no cree en nada de lo que no se pueda beber, vestir o poner en su rostro. El médico me dijo “Toma una a la misma hora todos los días. Si la pierdes tienes veinticuatro horas para ponerte al día”. Alcohol también reduce su eficacia… pero pensé que Vanesa bebe como un camello, así que, ¿cuáles son las probabilidades de que mi pastilla falle antes que la de ella?


Me apoyo contra el cristal, todavía ahuecando mis propios pechos. Tal vez solo estás leyendo demasiado esto… tus pechos también duelen justo antes de que llegue tu periodo. La idea ofrecería consuelo si supiera cuando era mi periodo exactamente.


―Solo espera ―susurro para mí misma. Paso mis manos sobre mi rostro y meto mi cabello mojado detrás de mis orejas cuando expulso un corto aliento―. Está bien. Todo va a estar bien.


Agarro el champú, dándole la espalda al chorro y termino mi ducha, fregando mi cuerpo sin pensar y haciendo caso omiso de cualquier pensamiento que pasa por mi cabeza.

CAPITULO 260




PEDRO



―Wow ―anuncia Luciano desde el sofá cuando Paula y yo caminamos por las escaleras―. La cocina de Vanesa realmente hizo un número contigo.


El ojo de Luciano ha sanado por completo y lo único que revela que él volvió a Lucky’s es el corte a través del puente de su nariz. Tengo curiosidad por ver si todavía puede luchar, si es tan bueno como recuerdo.


―Cállate, Luciano ―grita Vanesa desde la cocina.


Paula inclina la mayor parte de su peso contra mí, pero no me importa. No pesa mucho. Ella insistió en subir de nuevo a la cama, pero me las arreglé para convencerla de que estar fuera de una habitación a oscuras y con sus amigos la haría sentirse mejor. Me olvidé que sus amigos en la actualidad se odian entre sí y hacen cada segundo de estar a su alrededor un infierno. Es por eso que no jodes con gente de tu mismo círculo social. Se vuelve extraño y hace que todos estén incomodos. Creo que hay que crear unas cuantas reglas con respecto a las amistades y esa debería ser una de ellas. Tengo una idea; si dejo las luchas siempre podría hacer esas chapas con citas que la gente pega a sus carros. Tú sabes, aquellas que dicen: “Toca la bocina si eres cachondo” o “mi otro carro es un BMW”.


El mío diría, “Si quieres unirte a mi círculo social, no jodas con mis amigos. La mierda se pone REALMENTE rara, REALMENTE rápido”. Si pudiera volver el tiempo atrás y golpear las manos de Luciano para que se alejen de Vanesa… Eso salvaría mi presente de tanto estrés y tiempo.


―Nunca has tenido un problema con mi cocina, Luciano ―añade Vanesa.


―Tú has cocinado dos veces y en las dos tuvimos que salir afuera.


Mientras camino con Paula al sofá para acostarla, la tormenta Vanesa sale de la cocina con los ojos entrecerrados a Luciano. Sus labios se contraen mientras ella le grita. No tengo idea de lo que está diciendo, cuando Vanesa se enoja habla demasiado rápido. Añade un Luciano frustrado a la mezcla y tienes un lío en voz alta que nadie puede entender.


―¡Basta! ―grito, haciendo que todos salten en la habitación―. Paula está enferma. Si quieren pelear háganlo en otro lado.


Cierran la boca inmediatamente.


Paula descansa sus pies en el regazo de Luciano y él mueve su mano antes de colocarla en sus tobillos. El gesto es demasiado casual para mi gusto, sobre todo cuando sus pulgares están sobre su tobillo. Es protector con Paula, también y sé que él no quiere decir nada con eso. Luciano es mi leal amigo y nunca traicionaría mi confianza pero Paula es mi esposa. Debería ser el único que la
consuele cuando está enferma, no alguien como Luciano, que, seamos sinceros, no merece tocar alguien tan dulce como ella.


Doy un paso hacia adelante y agarro las piernas de Paula manteniéndolas lejos de Luciano.


―No lo creo, Luciano.


Con una sonrisa, él se desliza de su asiento y tomo su lugar. Agarro las rodillas de Paula y las bajo hasta que sus piernas están completamente sobre mí y su culo contra mi muslo.


―¿Mejor? ―se burla ella negando hacia mí.


―Mucho mejor. ―Sonrío, dejando caer mis manos en sus piernas mientras Luciano se instala en el sillón al otro lado de la habitación.


Me gusta por allá, donde no esté influyendo en mi esposa y la deje sin aliento. Ella dice que le gusta la “pasión” que Vanesa y Luciano tienen, pero vi el deseo en sus ojos cuando los vio contra el carro en el desierto. A ella le gusta la intensidad de Luciano, su agresividad. Estaría celoso de él, si yo no fuera, bueno, yo. Luciano es fantástico, pero él no es ningún Pedro Alfonso. Me aclaro la garganta y hago una rápida nota mental de nunca referirme a mí mismo en tercera persona otra vez.


―Ustedes dos tienen mucho sexo ―declara Vanesa, arrojando un paño de cocina sobre su hombro―. Tal vez la has embarazado.


Mi cuerpo entero se pone rígido y siento el cuerpo de Paula hacer lo mismo.


Miro a Paula, que está mirando a Vanesa.


―O tal vez tu cocina es simplemente una mierda, Vane ―responde ella con toda la confianza del mundo. Me relaja. 

Las mujeres saben de su cuerpos mejor que nadie… ¿cierto?


Hablamos de los niños en el baño hace poco tiempo y quiero hijos con ella, pero decidí que no quiero hijos ahora. 


Echo un vistazo a Luciano, quien me está mirando fijamente. 


No hay emoción en su rostro, pero sé lo que está tratando de decirme; “más le vale que no lo esté”. Le doy una sutil inclinación de cabeza y él imperceptiblemente se relaja en su sillón. No sé por qué sentí la necesidad de asegurarle que no está embarazada. No es de su maldita incumbencia. 


Tanto Luciano como Damian tienen miedo de mi relación con Paula. Están preocupados que ella vaya a arruinar todo por lo que hemos trabajado tan duro. Ellos no le dan el respeto que se merece. Si no fuera por ella, no estaría donde estoy. Fue ella quien me estimuló cuando no quería continuar. Fue ella quien me recogió después de mi pelea con Dom.


―Ahora que lo pienso ―dice Luciano―. También me siento un poco mal.


Vanesa azota su toalla, apiñándola en sus pequeñas manos, y la lanza hacia él. Su moño rubio atado en la parte superior de su cabeza se balancea cuando se arquea.


―Estás hablando mierda, Luciano. Amas mi salteado.


Se encoge de hombros.


―Tal vez solo lo dije para entrar en tus pantalones.


Él ríe y me mira para validarlo, pero no soy estúpido. No voy a ponerme voluntariamente en el círculo asesino de Vanesa y Paula. Él es un idiota que carece del gen de auto preservación.


―Que te jodan, imbécil. ―Vanesa gira rápidamente en sus talones y desaparece.


―Así se hace, imbécil ―encara Paula a Luciano. Ella intenta girar sus piernas por encima para seguir a Luciano pero dejo caer el peso de mis brazos sobre sus piernas, impidiéndole salir.


―Mantente fuera de esto ―le advierto.


Sus hermosos ojos verdes estallan en mí, me atreví a detenerla. Miro a Luciano y no digo una palabra. Un segundo después, exhala y se empuja fuera del sillón.


―Bien. ―Corre las palmas de sus manos sobre su camisa, enderezando la tela verde―. Voy a solucionar el problema.


Cuando el sale de la habitación, se vuelve silencioso e incómodo. Paula juguetea con una cadena en la manga de su sudadera con capucha, mi sudadera, en realidad.


―¿Te sientes normal? ―pregunto, después de unos dolorosos minutos.


Ella asiente.


―Tan normal como puedes estar por envenenamiento de comida.


―Bien. ―Recorro la palma de mi mano por su pierna y hacia abajo de nuevo―. No necesito una distracción como esa… ―Trago―. No creo que pueda manejarlo en este momento de mi carrera.


No le he dicho a Paula que cambié de opinión sobre dejar la MMAC. Han pasado meses, pero estaba esperando la oportunidad adecuada para decírselo.


Ella no ha sido precisamente la persona más genial para vivir en estas últimas semanas, por lo que me es mucho más difícil ser abierto con ella. Creo que estar encerrada aquí está haciéndola sentir un poco atrapada, y sé que ella espera que lo deje, aunque nunca lo admitiría. Evita el contacto visual y asiente.


―Cierto. Odiaría que pusieras un bebé a crecer dentro de mi vientre y luego darlo a luz fuera de mi vagina. Estoy segura que haría las cosas muy difíciles para ti.


Dejo caer mi cabeza contra el sofá.


―Eso no es lo que quise decir, Paula y lo sabes.


Ella exhala, sacude la cabeza.


―Ni siquiera sé por qué dije eso. No debemos pelear por algo que no está pasando.


Paula saca sus piernas fuera de mí y se levanta sobre sus pies.


―Pero si sucede un día, espero que recuerdes todo lo que me dijiste en el baño… hay un montón de cosas en este mundo que puedo manejar, pero las mentiras no son una de ellas.


―Nunca te mentiría.


―Eso espero ―responde por encima del hombro mientras da un paso hacia las escaleras. Observo su espalda mientras ella se arrastra lentamente por las escaleras y desaparece detrás de la puerta del dormitorio.