domingo, 2 de noviembre de 2014
CAPITULO 249
PAULA
Relentless 21 es alucinante. Su música es rápida y alta, la lírica pertinente y motivadora... Pedro no está disfrutándolo tanto como yo, sin embargo. Creo que tiene más que ver con el hecho de que él cantante, Brian, está con su hermana más que con la música. ¿Me pregunto si Pedro está amenazado por Brian? Quiero decir, Brian no es Pedro, pero fácilmente es uno de los tipos más sexys que he visto si no un poco demasiado guapo.
Las luces brillan sobre él, haciendo que el delgado abrigo de sudor en su frente reluzca. Sus ojos azules escanean la gran multitud y de vez en cuando, sus labios se crispan con el comienzo de una sonrisa. Siempre he disfrutado observando tocar a las bandas en directo. Me gusta la manera en la que todos llevan su pasión a su cara mucho como Pedro cuando está en el ring. Nada en este mundo es tan llamativo o tan cautivador como Pedro cuando está enfocado. Ahora mismo, parece enfocado en ignorar a Dom rompiendo a un inocente posavasos.
Puedo sentir su tensión radiando de él y no es el único quién se ha molestado por la repentina aparición de Dom.
¿Conoces esa sensación pesada que presiona en el
hoyo de tu estómago cuando alguien que no te gusta está en la misma sala que tú? Eso es lo que tengo, y Pedro está indudablemente sintiendo lo mismo.
Una alta y sarcástica risa llama mi atención y permito que mi mirada se mueva entre el escenario y el bar, dónde Dom está charlando con una menos que impresionada Maca.
Está de pies delante de él con su mano en su cadera semi
expuesta. Se ve genial en su top negro y delgados pantalones vaqueros, Dom claramente piensa así, también.
Levanta una mano y pellizca su espeso mechón de cabello negro, que adorna y cae en rizos sobre sus pechos.
Rápidamente lo aparta, pero veo el claro sonrojo que calienta su cuello y sonroja sus mejillas. Mis cejas se fruncen cuando Maca sacude su cabeza hacia él. Sus labios se mueven rápido cuando le habla y muerdo de vuelta una sonrisa. Se aparta y gira sus ojos hacia mí cuando pasa por delante desapareciendo en la multitud.
―¿Has visto eso? ―dice Pedro, moviéndose en la cabina―. Mi hermana tiene cerebro.
―Tiene gusto por los hombres.
Pedro se burla.
―No vayas tan lejos como para reclamar que Dom y Brian son hombres.
Ahogo una risa.
―Dom, quizás no, pero Brian está bien.
Pedro me sondea, sus ojos estrechados. Creo que golpeé un nervio.
―¿Crees que Brian es atractivo?
Me encojo de hombros, de repente arrepentida por lo que dije.
―Seguro. Quiero decir, definitivamente no es no atractivo.
Ríe una vez, dándome un codazo en las costillas con su codo. Me encojo, alejándome de él.
―¿Qué?
Para, todo rastro de diversión se ha ido.
―¿Hablas en serio?
Desde que comencé esta conversación, podría muy bien terminarla. Estoy demasiado lejos de decir “solo bromeo” y espero que él lo deje ir.
―Por supuesto que lo hago. ¿Estamos mirando al mismo Brian? Es sexy como el infierno.
Pedro parpadea hacia mí en esa adorable manera que solo puede él antes de agarrar mis hombros y empujarme hacia él. Muerdo parte de su camisa y algo de su hombro cuando me aprieta tensamente contra su torso. Su cuerpo vibra debajo de mi cara cuando su risa llena mis oídos. Me aparto, solo arreglándomelas para separar su cuerpo del mío por unos centímetros. Me alegra que lo encuentre tan divertido.
―No puedo creerte ―dice entre jadeos de aire. Eso me pincha, lentamente alcanzo mis niveles de enfado―. ¿De verdad?
Se ríe un poco más, empujándome más y más alto.
―¿Qué es tan divertido? ―demando―. Tiene el cabello rubio sucio,brillantes ojos azules, y una sonrisa asesina. Pregunta a cualquier chica aquí y te dirán que él es caliente.
Su risa cae y sus ojos brillan cuando sus cejas se juntan.
Está celoso... y puedo verlo imperceptiblemente trabajando en su mandíbula.
―¿Eso es lo que quieres? ¿Cabello rubio y ojos azules?
He tenido mi diversión con él ahora. Pedro no es el tipo de persona que me gusta ver celoso. Le he visto llegar al tipo de celos “mía” de King Kong con Carlos y Ramiro y no fue bonito. Además, no sería justo para mí renunciar a un Pedro celoso por Brian cuando no ha hecho nada malo, y Pedro solo está buscando una excusa para destruir a Brian. Todos pueden ver eso.
―Absolutamente no ―digo―. Tomaré la diversión y lo irritante sobre sexy como el infierno algún día.
Le guiño un ojo y me empuja otra vez, apretándome implacablemente contra su cuerpo parecido a la piedra.
―No eres tan divertida como crees que eres ―me dice y puedo oír una sonrisa en su voz.
―Creo que soy divertidísima.
―Sé que lo haces. Ese es el problema.
Abro mi boca para protestar, pero Maca aparece de algún lugar, plantando sus manos sobre la mesa.
―¿Quieren una bebida?
Pedro me libera y me siento derecha otra vez, bajando mi camisa sobre mi barriga. Mi estómago se revuelve con el pensamiento de beber alcohol así que sacudo mi cabeza, haciendo aún otra nota mental para que nunca toque otra gota.
Nunca.
―Ron y Coca ―dice Pedro, amontonando los restos de su posavasos y apretándolos en su gran mano.
Con un movimiento de cabeza, Maca se aparta de la mesa y se dirige hacia la barra. A medida que pasa a Dom, mantiene su cabeza hacia abajo y en ángulo lejos de él, pero eso no hace nada para disuadirlo. Podría estar usando picos y escoltando a un Rottweiler en una cadena y todavía tendría las ganas de ir tras ella. He llegado a saber que el Sr. Dom Russell no es precisamente el hombre más
inteligente del planeta.
Cuando se acerca, engancha su dedo a través de uno de sus agujeros en la cinturilla de sus pantalones de mezclilla y tira de él. Tan pronto como esto sucede, estoy de pie en shock. La totalidad del stand se sacude cuando Pedro salta de su asiento. Me giro, bloqueando su camino.
Afortunadamente, la única forma en que salga de aquí es a través de mí y no estoy a punto de salir del camino.
―Muévete ―gruñe, sin quitar los ojos de encima de Dom y su hermana.
Sacudo mi cabeza y extiendo mis manos hacia él. Los traigo cerca de su pecho, con cuidado de no tocarlo.
―Relájate. Me ocuparé.
Sus intensos ojos llameantes se agitan hacia mí y mi corazón golpetea en mi caja torácica una y otra vez.
―Como el infierno lo harás.
―Pedro ―le digo, mi voz baja y plana―. Dije que me encargaré. Voy a ir allí y dejarle a Maca saber que nos vamos. Si tiene algún problema con Dom, estoy segura de que Brian puede manejarlo.
CAPITULO 248
Pronto después de la partida de Brian, Maca se desliza de la cabina para repartir tarjetas de negocios y camisetas gratis.
La observo cuando se relaciona con la multitud. La banda es afortunada de tener a mi hermana. Ellos no serían capaces de conseguir la mitad de las actuaciones en las que salen sin la ayuda de su cara bonita.
Dejo la piel del limón en la mesa y exhalo. Estoy listo para irme ahora. He tenido demasiadas bebidas y hay escalofríos familiares en mi estómago que se extienden a mis manos... es la misma sensación que consigo cuando siempre bebo, la sensación que me urge a golpear o fastidiar algo. Mi cabeza gira y mi boca se entumece, pero Paula ha tenido de alguna manera demasiada diversión para querer volver a casa ahora. Solo hemos estado aquí una hora y ella parece bastante interesada en la banda para querer ver el resto de su conjunto.
Desafortunadamente para ella, no creo que tenga el estómago para sentarme a través de otra canción.
Me muevo más cerca de Paula, sabiendo exactamente cómo conseguir su atención. Descanso mi brazo a lo largo del respaldo de la cabina y recorro mi dedo índice en suaves círculos sobre su hombro. Su postura se endereza y angula su cabeza, sus labios fruncidos cuando intenta duro no llegar a parecer impresionada.
―Sé lo que estás haciendo y no va a funcionar.
Levanto mis cejas, fingiendo sorpresa.
―¿Yo? No estoy haciendo nada.
Paula se inclina más cerca, tan cerca que siento su respiración en mi oído.
Alfileres fantasmas y agujas fluyen de las puntas de mis dedos y arden con la urgencia de tocarla.
―No voy a dejarte seducirme en la fiesta. A partir de este momento, y para el resto de la noche, estoy declarando mi cuerpo una zona a la que no hay para ti, señor Alfonso.
Me aparto, sonriendo.
―No podrías resistirme incluso si lo intentaras.
Sus cejas se arquean. Odia cuando la reto.
―¿Oh sí?
Asiento, sintiéndome tan confiado como siempre. No puede resistirme, hemos jugado esto demasiadas veces y aun así termino arriba, en ambos sentidos.
―Soy bastante capaz de resistirte. ―Se mueve en su asiento, girándose de vuelta hacia mí―. Solo observa.
Ignorándome, observa la banda. Me inclino hacia ella y acaricio su cabello chocolate sobre un hombro. Su olor corporal de uva mezclado con el champú de granada, se filtra a través de mi nariz. Mi cerebro gira en mi cráneo otra vez y otra urgencia comienza a construirse en el hoyo de mi estómago, si la urgencia es una de excitación o la aceptación de un reto está más allá de mí. Arrastro mi labio
sobre su hombro, acercándome a la base de su cuello.
Siento la carne de gallina explotando sobre su piel y sonrío contra su suave carne.
―Quiero ir a casa ―digo, rodeando su cintura con mi brazo―. Ahora.
Sacude su cabeza, pero de otra manera me ignora. La empujo hacia atrás, casi a mi regazo. No me gusta ser ignorado. Es una sensación extraña, una a la que no estoy acostumbrado.
―Es gracioso ―le digo―. ¿Crees que te estoy pidiendo permiso?
Dejo caer mi boca de vuelta a su hombro, todo mientras la sujeto tensamente por la cintura, su espalda en contra de mi torso. Se siente bien y yo estaría tan duro como una roca si no fuera por la voz de mierda de Brian en el trasfondo.
Quiero irme. Deslizo mi mano debajo de su camisa y la deslizo a través de su firme y caliente ombligo. Siento sus músculos apretarse y relajarse, tensos y suaves todo en sincronía con mis labios. Después de una pequeña eternidad, gira su cabeza, mirándome desde su hombro. Su boca llama a la mía, acercándome,como una polilla hacia una lámpara. Sus labios rozan la esquina de los míos y ella
arrastra una inhalación a través de su nariz, antes de soltarla lentamente.
―Tú ganas ―dice―. Vamos a casa.
Lucho una sonrisa arrogante. Una acaricia sugestiva de mis labios fue todo lo que tomó para que la victoria fuera mía.
―¿En la ducha y ahora en un bar público? ¿Alguna vez paran?
Me congelo cuando la voz “vil” de Dom detiene sus labios.
Debajo de mi mano, el estómago de Paula se tensa.
―Medio esperaba ver una tribu de niños siguiéndolos alrededor por cuan frecuentemente ponen sus manos sobre el otro.
Se desliza de mi regazo con una pesada exhalación. Angulo mi cuerpo de vuelta hacia la mesa y agarro el posavasos más cercano. Me distraigo de su fea cara golpeteando con mi dedo al ritmo de la música que no me gusta. No puedo dejar el bar ahora... Dom pensará que estoy huyendo de él.
―Siempre es agradable verte, Dom ―dice Paula inexpresivamente, mira alrededor de él y hacia la banda.
―Cosa graciosa ―dice, ignorando su rechazo obvio.
Lo miro en su blanca camisa y pantalones ajustados negros.
Es un ser despreciable de grado A, eso es seguro.
―No es la primera vez que he oído mi nombre y “placer” en la misma frase.
Aprieto mis dientes y rompo el posavasos en la palma de mi mano. Mi imaginación va incontrolada cuando me imagino a mí mismo pateando a esta mierda. Me imagino arrastrándolo sobre el escenario y tirándolo hacia Brian, también. ¿Cómo es el dicho? ¿Dos pájaros con una piedra?
Paula se ríe una vez.
―No cuenta cuando tú lo dices para ti mismo. Ahora vete, estamos intentando ver a la banda.
Con un golpe de sus palmas y una sonrisa traviesa en mi dirección, camina hacia la barra con uno de sus chicos a remolque. Toma mucho esfuerzo por mi parte quedarme sentado aquí y no hablarle. Quiero hablarle, castigarle por ser un perdedor, por no traer nada al deporte excepto la cobardía y la deshonestidad. Si alguien como Dom es lo que admite la MMAC, entonces ¿por qué me esfuerzo tan duro en ser parte de ello? No soy un ángel, pero soy directo. Lo que ves es lo que consigues. No intento ser amable o jugar con la gente contra otros... Matt Somers necesita darse cuenta que soy un adulto, no un niño al que puede manipular.
―¿Quieres ir a casa? ―murmura Paula cuando Dom no está mirando.
Sacudo mi cabeza. No puedo digerir el pensamiento de Dom creyendo que me afecta. Necesito quedarme aquí... probarme que él no puede meterse en mi cabeza. Antes de que el padre de Paula muriera, me dijo que “nadie puede
molestarte a menos que les dejes”. Así que me dije a mí mismo una y otra vez, Dom no me molesta. No me molesta.
Desgarro el posavasos en diminutos trozos y los tiro
en la mesa. Inhalo, ignorando la manera en la que la sala gira, luego exhalo. Si Dom se queda en su lado del bar y lejos de mí y Paula, estaré bien. Pero si incluso da un simple paso más cerca de nosotros, no seré responsable de mis acciones.
sábado, 1 de noviembre de 2014
CAPITULO 247
Voy por el último sorbo de whisky y Coca-Cola mientras aprieto los dientes a través de la última estrofa de la canción. Me gusta el sonido de la mayoría de los géneros rap, rock, jazz, metal e incluso el pop pero no soporto la música que la banda de Brian hace. Olvida eso. Su banda toca bien, me gustan los tambores, las guitarras y el bajo, pero no me gusta su voz. Es profunda y ronca, fuerte e irritante. A juzgar por la multitud meciéndose, supongo que soy la excepción.
A mi lado, Paula rebota al ritmo, completamente hipnotizada por la banda, cuyo nombre es “Relentless 21”. No es que eso tenga algún sentido en absoluto. Iba en contra de mi semi seria sugerencia de ropa suelta, eligiendo una ajustada camiseta de cuello halter blanco con escote y ajustados pantalones cortos de mezclilla. Se ve jodidamente increíble, absolutamente comestible y no soy el único que lo piensa tampoco. Miradas fijas permanecen en ella desde todas las direcciones y no me gusta, pero trato de ser una mejor persona de lo que era antes, así que los ignoro. Para empeorar las cosas, tampoco lleva sujetador, y cada vez que Brian golpea una nota baja, veo que sus pezones se endurecen contra la tela.
The Cage está lleno hasta el punto de reventar por las costuras. Maca dice que tenemos suerte de conseguir un stand en la parte delantera, pero parece que ella y yo, tenemos percepciones muy diferentes de la palabra “suerte”.
La guitarra eléctrica rasguea el último acorde y termina la canción. Casi me desplomo en alivio. Maca y Paula vuelven de nuevo a las mesas, riendo como las niñas de la escuela.
―¡Son increíbles! ―dice Paula, inclinándose sobre la mesa de mi hermana.
―Te lo dije. ―Empuja un chupito en dirección de Paula, pero Paula lo desliza hacia mí.
―Y yo te dije que estoy extremadamente resacosa. Nada de alcohol para mí nunca más.
Mientras termina,Brian anuncia otra parte después de un descanso de cinco minutos y se baja del escenario antes de pasearse hacia nuestra dirección.
Aprovecho la oportunidad y tomo el chupito sin pensármelo dos veces. Si tengo que hablar con él, voy a necesitarlo. Paula se desliza más cerca de mí, enganchando uno de sus brazos alrededor mío.
―Tómalo con calma ―dice―. No soy lo suficientemente fuerte como para llevarte a casa.
Brian se desliza en la mesa de al lado de mi hermana, plantando un beso contundente en su boca. Cuando termina, sus ojos azules revolotean entre Paula y yo.
―Pedro ―dice, decidiéndose a comenzar primero conmigo―. Es bueno verte, hombre.
Lo observo, prolongando el silencio. Tiene un nuevo corte de cabello, corto y revoltoso... es ligeramente mejor que el largo flequillo rubio, pero aún es tan femenino. Paula me da un codazo sutilmente (pero fuerte) en las costillas.
―Es bueno verte, también ―contesto bruscamente.
Maca gira sus ojos y yo sacudo mi cabeza hacia ella. Ella sabe que no soy el tipo de joder. Si no me gustas, lo sabrías de inmediato. Simultáneamente, no me gusta Brian. No me gusta la manera en que se ve, la manera en que habla, o la manera en que actúa, y él sabe eso.
―¿Y esta es tu esposa?
Gira sus ojos azules hielo hacia Paula y ellos la rastrillan con obvia apreciación. Doy golpecitos con mi dedo índice en la abollada parte superior de la mesa.
―Sí.
―Soy Paula ―dice, interviniendo y extendiendo su mano hacia él.
Toma su mano en la suya y me encuentro mirándolo cuando se inclina hacia delante y besa la parte superior de su mano. Le sonríe, pareciendo perfectamente educado.
―No era consciente de que la gente besara la mano ya ―comienzo, sin molestarme en esconder mi malestar.
Paula me mira de reojo con una clara advertencia en sus ojos, pero lo ignoro.
Hay dos mitades para todo, buena y mala; yin y yang; policía bueno, policía malo.
Ella es la guapa, la alegre, que tiende a ser mucho más amable que yo. Es mejor para los saludos y siendo atenta con la gente. Yo soy una mierda con la primera impresión, incluso peor siendo amable cuando no quiero serlo. ¿Qué más quieres de una mitad mejor? Soy egoísta, consentido y arrogante. Es atenta, generosa, y considerada. Ellos son llamados “mitades buenas” por una razón, creo. No puedes tener una mitad que es peor que tú. Sería un desastre.
―Me alegro de conocerte finalmente. Tu banda es alucinante.
Sonríe, exponiendo sus blancos dientes. Muchos nuevos músicos son humildes e incluso se sonrojan un poco cuando les haces un cumplido. Brian no.
Toma los cumplidos como si se los mereciera.
―¿Lo somos, verdad? ―contesta, sus ojos rápidamente moviéndose hacia su pecho.
A mi hermana nunca le ha importado cuando Brian es atrapado comiéndose con los ojos a otras mujeres o flirteando. Reclama que solo lo hace para apoyar a su banda, pero yo lo sé bien. Lo veo en su cara. Es tan obvio que podría muy bien estar escrito con marcador permanente para que todos lo vean. Es de poca confianza y va a fastidiar a mi hermana pequeña algún día. Le he dicho un millón
de veces que conozco a los tipos como él, solía ser justo como él pero se niega a escuchar. Ciega por el amor. Es algo muy estúpido y aún todos caemos en él en un momento u otro. Brian me recuerda a Ramiro... quizás esa es otra razón para que mi desagrado por él haya aumentado en los últimos pocos meses.
―¿Casado ahora, eh? ―Mueve sus cejas hacia mí―. Lo hiciste muy bien por ti mismo.
Paula suelta una risa nerviosa y mis cejas se fruncen.
―Sé que lo hice.
―No seas vil. ―Ríe Maca, empujándole con su hombro―. Pedro te pateará el culo.
Brian lanza su brazo sobre la parte de atrás de la cabina y se relaja. Parece bastante contento. Parece creer que no le empujaré a través de la mesa y le romperé la cara.
―Pedro no patearía mi culo.
Arranco un cuarto de limón del cuenco en medio de la mesa. Necesito algo para mantener mis manos ocupadas.
―Cuidado ―advierto, arreglándomelas para sujetar un tono cansado en mi voz―. Podría.
Por supuesto, se ríe como si no fuera un gran trato, como si estuviera jugando algún tipo de juego. No juego... no fuera de mi dormitorio, de todas formas. Llevo el limón entre mis labios y chupo el zumo. Es amargo, muy amargo pero me las arreglo para mantener una cara lacia.
―Tengo que volver al escenario, pero estoy dispuesto a salir después de eso si ustedes también lo están. ―Planta un beso rápido en la frente de Maca, y se va antes de que Paula o yo podamos protestar.
―No vamos a ir ―le dijo a Maca y ella asiente, sabiendo que no debe tentar su suerte. Ya me ha conseguido aquí... debería estar contando sus estrellas afortunadas.
CAPITULO 246
PEDRO
Uno... Dos... Tres... Cuatro... Cinco... Paula captura su sexy y labio grueso entre los dientes. ¡Maldita sea! Uno... Dos... Tres... Cuatro... se agacha a recoger algo del piso y veo justo su parte superior. Esos pechos... los mismos pechos que había presionado contra la pared de la ducha la noche anterior. Niego y empiezo mi cuenta desde el principio. A la mierda. ¿Qué sentido tiene? He estado contando mis pasos mientras corro en la cinta con el fin de distraerme de Paula.
Cuando entreno fuera, trabajo en más de una forma y no voy a tenerla en cuarto de baño, no cuando Dom inicia su entrenamiento después de mí. Iba a pedirle a Paula que no viniese al entrenamiento de esta mañana, pero ella rebotó fuera del baño viéndose toda linda y todo eso en sus diminutos pantalones cortos negros y camiseta suelta de color rosa. A ella le gusta estar aquí. Me gusta verla y sentirla como si fuera una parte de esto. Es bonito. Me gusta el hecho de que la hace feliz y cuando ella es feliz, yo soy feliz.
―Pedro ―grita Damian desde el otro lado de la habitación, sacándome de mis pensamientos.
Disminuyo mi cinta de correr en un paseo y golpeó parar. Camino, hasta que la cinta se detiene.
―Jaula, ahora ―exige, y con un movimiento de cabeza, bajo de la cinta.
Agarro mi toalla y limpio mi cara mientras Damian asiente hacia Luciano, quien pone su casco y guantes y delimita las escaleras en la jaula. Cruzo el gimnasio, pasando por encima de campanas hervidoras de agua y bolsas rebotando de arena. Tomo mis guantes, ignorando la boca de protección mientras Damian niega, lanzando la protección por encima de sus hombros.
―No vas a recibir ni un golpe ―suspira—. Lo entiendo.
Juguetonamente pincho su hombro y me uno a Luciano en la jaula. Sacudo mis brazos, aflojando los músculos. Luciano es bueno, fácilmente el sparring más difícil que he tenido. Siempre le he dicho para unirse a las MMA, pero no quiere pelear más. Lo solía hacer. Nuestro plan fue participar en el MMAC juntos, pero después de toda la mierda con Amelia, se perdió. Según él, se metió en demasiadas peleas a causa de ella y ahora la idea de luchar lo pone en el borde.
En estos días, ayuda a alcanzar mi sueño, mientras que abandonó los suyos.
―No voy a ponértelo fácil, niño bonito. ―Luciano se ríe, subiendo sus puños―. El tiempo de jugar ha terminado.
Me río. ¿Niño bonito? Eso es extremadamente gracioso, viniendo de él.
―Bueno. Es hora de intensificar tu rutina de entrenamiento. Estaba empezando a aburrirme.
Observo a Paula, que está de pie al lado de Damian. Están involucrados en una conversación, sus labios están atrapados juntos y niega, señalando con el dedo a su pecho. La clara determinación en su rostro es sexy... Me encanta cuando es feroz y espero que esté regañando a Damian por lo de ayer. Si tiene un problema con mi entrenamiento, que venga a mí, no que pase por ella.
Siempre va a través de ella, poniéndola en situaciones difíciles.
―Manos arriba ―ordena Luciano, y llevo mi atención de nuevo a la jaula.
Cumplo. Hoy estoy de humor para el combate, sobre todo después de la entrevista con Dom ayer. Echo un vistazo al reloj grande de acero. Dispongo de cuarenta minutos hasta que Dom y su equipo crucen a través de las puertas.
Quiero salir de aquí antes de eso. Me imagino que la mejor manera de mantenerlo fuera de mi cabeza es evitarlo y sus sarcásticos comentarios, hasta la noche del combate.
Apenas me instalo en mi postura antes de que Luciano lance sus puños, dejándolos volar como nunca antes. La mayoría me las arreglo para bloquearlos, pero algunos conectan con mis lados. Al final, me siento magullado y me duele todo. Cuando descanso mis manos en mis caderas, Luciano me da palmaditas en la espalda.
Me concentro en el corte que divide su labio de la otra parte lisa.
Incluso sonrío en ello.
―Lo has hecho bien. ―Sonríe y sacudo una carcajada.
―¿Lo hice bien? Consulta mis tiempos y luego vuelves con un elogio digno.
Luciano se ríe y se aleja para hablar con Damian. Mientras abre la jaula y se asoma, Paula entra con dificultad en su camino y rebota hacia mí.
―¡Eres increíble! ―exclama.
Extiendo un brazo y empieza a quitarme el guante.
―¿Ahora? ¿O anoche?
Observo sus mejillas colorearse de rosa y evita mis ojos, reprimiendo una sonrisa.
―Detente.
―¿Eres tímida, de repente? No eras tímida anoche cuando chup…
―Pedro ―chilla, rompiéndose hacia adelante y golpeando mi estómago. Me estremezco con una risa y retrocedo, extendiendo los brazos hacia ella. Su cara se vuelve una sexy sombra más oscura de color rosa y se extiende por el cuello a su pecho.
―¿Qué? ―Me río de nuevo―. No es como si lo estuviera gritado desde la parte superior de mis pulmones.
―Aun así ―susurra con dureza―. No quiero que nadie más lo oiga.
Atormentarla es demasiado divertido. Siempre lo ha sido. Me encantan sus reacciones y la pasión que se manifiesta en ella. Sintiéndome bastante juguetón, digo:
―No tengo que decirles nada. Se quedan en el mismo hotel, estoy seguro de que lo han oído por sí mismos.
Paula se lanza hacia adelante, de pronto tragando la distancia entre nosotros y me aparto de su camino. Viene a mí una y otra vez, y dejo que me persiga alrededor de la jaula. El suelo se mece bajo mi peso con cada paso que doy, coincidiendo con el mismo ritmo de mi pecho. Pronto el otro lado de la jaula está a nuestro alcance y en el último segundo, doy un paso de lado y giro a su alrededor, agarrando el brazo de Paula. Medio chilla, medio se atraganta con una risa sorprendida cuando le doy vuelta y la empujo contra la jaula. En mis manos, sus muñecas son pequeñas y las exprimo mientas las presiono en el alambre, haciendo que sus ojos verdes brillen.
―¿Pueden dejarlo? ―grita Damian, pero lo ignoro, perdido en nuestra pequeña burbuja.
―¿Cómo se mueve tu grande cuerpo tan rápido? ―pregunta, riéndose. No le importa que esté caliente o sudoroso―. Pedro Alfonso: tan impresionante que incluso desafía las leyes de la gravedad.
―No es mi habilidad más increíble, te diré eso.
Ella rueda los ojos.
―¿Es esta la parte en que tratas de seducirme con tus dichosas habilidades?
―No tengo que tratar de hacer cualquier cosa. Puedo decir once palabras ahora mismo, y te tendré comiendo de la palma de mi mano.
Su pecho se eleva y cae contra el mío un jadeo rápido, uno de mis movimientos favoritos suyos. Supongo que ella ha aceptado mi desafío.
―¿Te acuerdas? ―pregunto, bajando mi boca a su oído―. ¿Lo que te hice contra una jaula?
Su respiración es más caliente inmediatamente contra el costado de mi cuello y siento los músculos de sus muñecas contraerse y relajarse. Incluso la oigo tragar.
―Recuerdo ―susurra, finalmente, aclarándose la garganta.
Tiro hacia atrás para mirarla a los ojos. Sus párpados son pesados, con los labios muy húmedos y sonrío triunfalmente.
―¿Cómo lo hago?
―N… no me estoy inmutando en lo más mínimo ―miente.
Puedo sentir sus muslos apretarse juntos―. Yo gano.
Mentirosa. Aprieto mis manos en sus muñecas.
―Estás mintiendo.
Sus labios rosados se rizan en las esquinas y parpadea inocentemente.
―¿Cómo puedes probarlo?
―Tus palabras podrían estar diciendo una cosa, cariño, pero tu cuerpo está cantando otra. ―Sonrío, mirando hacia abajo a su pecho―. La próxima vez que quieras mentirme acerca de estar encendida, no lleves un sujetador deportivo
delgado. Esos pezones están cortando a través de él como si nada. ―Mira hacia abajo y se atraganta con una risa.
―Oh, Dios mío. ―Me mira de nuevo y su rostro se vuelve rojo―. Mi cuerpo me traiciona.
Dejo caer una de sus muñecas para ahuecar su pecho, haciendo que todo su cuerpo se apriete. Dejo que mi pulgar revolotee sobre su pezón oculto y su aliento se engancha.
La sonrisa desaparece de su rostro cuando se bloquean sus ojos en los míos. Conozco la mirada, la mirada del deseo animal puro. Aquí estamos, haciendo lo mismo que inició la épica follada de tres horas de duración de anoche.
Solo que aquí no puedo tomarla por detrás, o sobre su espalda, o dejar que se siente encima mío. Mis opciones son limitadas... Odio cuando mis opciones son limitadas.
―Son leales a mí, porque las trato bien ―digo con una sonrisa sutil.
Paula se inclina fuera de la jaula, trayendo su boca más cerca. Me besa apretando sus labios suavemente contra los míos y todo mi ser se tranquiliza. No hay pensamientos flotando en mi cabeza, no hay músculos tensos y mi estómago no se queja, todo lo que escucho son mis constantes latidos. Entonces, suena su teléfono y todas mis perturbaciones anteriores vienen inundándome de nuevo.
Entrenamiento, Dom y comida, todo ello parece importar ahora que sus labios no están en mí. La libero y dejo que busque a través del bolsillo de sus pantalones cortos su teléfono. Lo saca, mira la pantalla, y lo lleva a su oído.
―¿Hola? Hola, Maca...
Doblo mis brazos y veo la expresión de Paula para obtener cualquier pista sobre exactamente por qué mi hermana la está llamando.
―Pregúntale tú ―dice―. Ya sabes cómo es tu hermano.
Paula me entrega su teléfono, pero no lo tomo.
―¿Qué es lo que quiere? ―le pregunto.
Empuja el teléfono en mis manos.
―Habla y lo averiguaras.
Con una exhalación fuerte, tomo el teléfono y lo llevo a mi oído.
―¿Sí?
―Pedro―me saluda con alegría exagerada. Definitivamente está tramando algo―. ¿Cómo va el entrenamiento?
―Va bien.
La línea se queda en silencio y después de unos segundos, oigo chasquear su lengua.
―Estaaaaá bien ―dice torpemente―… Escucha, Brian está tocando en este bar…
―No.
―Ni siquiera sabes lo que voy a decir.
Niego.
―No vas a decir, vas a preguntar. Vas a preguntarme si quiero ir y ver a tu novio tocar en un bar. Mi respuesta es no.
Seguramente tenía que saberlo antes de preguntármelo.
Sabe lo que siento por Brian. No me gusta y nunca lo ha hecho. Es un punk listillo de una banda que se acuesta con mi hermana pequeña.
―Te admira, lo sabes. Lo menos que puedes hacer es fingir que te importa.
¿El me admira? No. Tiene miedo de mí porque voy a patear la mierda fuera de él si le hace daño a mi hermana. Podría haberle dicho eso... en cambio, mantengo mi boca cerrada. Decirle a Maca que no debería estar con Brian, solo hace que lo quiera más.
Maca exhala.
―Por favor, Pedro. Significaría mucho para mí si vinieras.
―¿Alguna vez duermes? ―le pregunto, rastrillando mis dedos por mi cabello. Se ríe tontamente mientras miro detenidamente a Paula.
Lo digo seriamente, sin embargo. Maca está fuera aproximadamente las veinticuatro horas, los siete días, lo juro. Siempre tiene algo que hacer.
―Esto es Las Vegas, Pedro. No hay sueño para los malvados.
Paula mastica con entusiasmo la uña de su dedo índice, esperando mi respuesta. Parece que quiere ir, Dios sabe por qué, está aún con la resacada de la noche anterior. Hice el desayuno para ella y casi vomita sobre el banco de la cocina. Levanta las cejas y exhalo. Voy a decir que sí.
Maldita sea. Sé que lo haré... no puedo negarle nada a Paula.
Exhalo.
―¿Dónde es?
Ahoga un grito.
―Es en The Cage el bar oficial del MMAC.
Ruedo los ojos.
―Vaya, me pregunto ¿qué nombre le ayudó a conseguir este trabajo?
―Lo conseguí para ellos... y tu nombre ayudó un poco, gracias.
Soplo el aire de mis mejillas, sacudiendo la cabeza.
―¿Hora?
―Diez y media.
―Vamos a ir, pero solo por una hora. Sabes que no creo que la banda tenga algún talento.
Paula inclina su cabeza y su cabello largo de chocolate cae aún más por encima del hombro. Piensa que estoy siendo injusto, pero lo va a ver. La banda de Brian es una mierda.
Ahora que lo pienso, ni siquiera sé su nombre.
―¡Gracias hermano!
Y cuelga.
Entrego a Paula su teléfono de nuevo y ella lo desliza en su bolsillo. Planto mis manos en mis caderas mientras ella camina cerca y rodea con sus brazos mi cuello. No se necesita mucho tiempo para derrumbarme y envolver los míos por su cintura.
―Eres un buen hermano ―me dice Paula, tirándome hacia abajo para encontrar mis ojos con los suyos―. Maca te ama.
―Y yo la quiero, pero no tengo ni idea de por qué sigue viendo a ese imbécil.
―Estoy segura de que no es tan malo ―insiste, besándome en la boca―. Estás siendo protector con tu hermana.
―Vas a verlo esta noche. Tiene estos ojos pequeños y brillantes de color azul, que se pegan a todo lo que lleve falda, así que lleva vaqueros, los flojos.
Se ríe, apretándome.
―Eres increíble.
―Si con esto quieres decir, increíblemente seguro de que una camiseta floja irá bien también con los pantalones vaqueros flojos, entonces sí.
Chasquea la mano, sin dejar de reír.
―No tengo de jeans flojos.
Me encojo de hombros, incapaz de ocultar mi sonrisa.
―Puedes pedir prestados de los míos.
Paula se aleja de mí y se dirige hacia la puerta abierta.
―Vamos, loco ―llama por encima de su hombro—. Vamos a salir de aquí.
Sin dudarlo, la sigo. Me quito el guante restante y lo tiro por encima de mi hombro. Tal vez soy un poco loco. Tal vez leo en las cosas y asumo lo peor de las personas, pero por lo general no es sin razón, y Brian es una razón suficiente para ser etiquetado como loco.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)