viernes, 31 de octubre de 2014

CAPITULO 244




PAULA


Luciano y Maca ocupan la mitad delantera del coche, dejándonos a Pedro y a mí solos en la parte de atrás. Tiro del botón de los pantalones de Pedro y me palmea. No puedo evitar una risita mientras trato de conseguir sus pantalones abiertos otra vez.


―Paula ―me advierte, con voz baja y áspera―. Mantén tus manos para ti misma.


Me hubiera sentido amenazada si no estuviera mordiendo una sonrisa. Me siento en mi silla, me agacho, y silenciosamente desengancho mi cinturón de seguridad. 


Entonces, me retuerzo en mi asiento y miro a Pedro. Él mira pasar los edificios más allá de nosotros, completamente ajeno a mi próximo ataque. No voy a hacer nada, al menos no mientras Luciano y su hermana estén aquí, pero me gusta hacer que se sienta incómodo, como tantas veces lo hace conmigo. Pongo mi mano en su rodilla, y sus labios se contraen. Subo aún más, moviendo mis dedos a lo largo como una costura. Me mira de reojo y le sonrió inocentemente.


Cuando llego a la mitad de su muslo, Pedro desabrocha su propio cinturón de seguridad y yo grito cuando me sujeta, me sostiene en sus fuertes brazos, y me empuja de plano contra el asiento de atrás. Me aplasta bajo su peso hasta el punto de no poder respirar, y trae su boca junto a mi oreja.


―¿Esto es lo que quieres?


―Quería atención ―le digo, sin aliento―. Pero esto es bueno, también.


Me estremezco cuando su cálida lengua traza el lóbulo de mi oreja y mi cabeza da vueltas, la mayor parte es debido al alcohol, que yo sepa, pero hay una pequeña parte de mi cerebro que se siente como que está separada y girando en dirección opuesta. Esa sección gira solo porque él está cerca. Su limpio aroma llega a mí e inhalo pesadamente.


―Te olvidaste ―susurra, besando el lóbulo de mi oreja.


―¿Me olvidé?


Pedro se levanta a sí mismo de mí y mis pulmones se inundan de oxígeno.


Uso mis codos para empujarme en una posición sentada y apoyo mi cabeza contra el respaldo del asiento para evitar que me vuelque de nuevo. La expresión de Pedro se comprime; sus labios fruncidos en una delgada línea.


―Te olvidaste que tenemos la cena en una hora.


Me tenso. Luciano se agacha y enciende la radio, dándonos a Pedro y a mí un poco más de privacidad. Maca mira por encima del hombro, con los ojos abiertos y preocupados. Oh no. Tiene razón, lo olvidé. Durante dos semanas he recordado esta cena... ¡Y jodidamente la olvidé!


―Mierda ―pronuncio, presionando la palma de mi mano en mi frente―.Me olvidé. Lo siento mucho. No me…


―Está bien ―dice simplemente.


Me muevo en mi asiento, acercándome a él. Rastrillo mis dedos por mi cabello y palmeo mi cara un par de veces. Pedro agarra mis manos en las suyas grandes y cálidas y tira de ellas en su regazo con una risa gutural.


―¿Qué estás haciendo?


―Estoy despertándome ―le digo.


―No hay necesidad. No vienes. ―Estira su mano y me acaricia la mejilla―. Vamos a llevarte a casa, ponerte en la ducha, y llevarte a la cama. Voy a ir solo.


Aprieto su mano antes de dejar caer mi cabeza en su hombro. No voy a discutir. No estoy en estado para estar caminando en un vestido ajustado y tacones.


―Realmente lo siento.


―Sé que lo haces, pero no lo hagas. Está bien, de verdad.


―¿De verdad, de verdad?


Reflexiona por un segundo antes de sonreír.


―De verdad, de verdad. Te llevo a todas mis presentaciones. Te mereces una noche libre.


Mi corazón se hincha. A veces, tengo miedo de la reacción de Pedro a las cosas.


Puede ir en cualquier dirección, y la mayoría de las veces, sus reacciones van al sur, pero de vez en cuando me lanza una bola curva. Son las bolas curvas por las que vivo. Me mantiene en ascuas y mantiene nuestra relación impredecible...como a mí me gusta. Agarro su cara y lo jalo hacia mí antes de aplastar mis labios a los suyos. Espero que él se aparte, en cambio, abre la boca para mí y sumerjo mi lengua dentro. Todo mi cuerpo vibra cuando su mano áspera se desliza por uno de mis muslos, corriendo la tela más y más alto. Quiero más. Mi corazón amenaza con abrirse camino fuera de mi pecho y sé que si abro los ojos y veo su cara, voy a estallar en llamas.


―¿En serio? ¿Ahora? ―se queja Maca desde el asiento delantero, poniendo la música más fuerte―. Ustedes dos son asquerosos.


Pedro muerde mi labio inferior y aleja su deliciosa boca. 


Hago pucheros y me acurruco de nuevo en él. Quiero darle un beso para siempre. Quiero sentir la adrenalina que su cuerpo crea dentro de mí. Cuando me toca, me siento como un volcán a punto de estallar, y cuando finalmente se desborde, todo mi ser estará caliente. El calor no puede ser apagado, se vierte lentamente, burbujeando y quemando todo a su paso. Es una fuerza imparable... un efecto secundario inevitable del potente toque de Pedro Alfonso.


Y no puedo tener suficiente.

jueves, 30 de octubre de 2014

CAPITULO 243



Salem’s Lot es un bar de moteros. Por supuesto Maca arrastraría a las chicas aquí. Mi hermana siempre ha tenido una obsesión enfermiza con motos rápidas, tatuajes y cuero, por lo que tiene todo el sentido que las encontrara en el club más grande de Las Vegas que contiene sus cosas favoritas.


Salgo de mi coche y cierro la puerta tras de mí. A mi izquierda, oigo un grito de una mujer y miro en la dirección del ruido. Un hombre y una mujer yacen sugestivamente en la parte superior de una Harley Davidson. Para mí...
lamentable sorpresa, la mujer no logra cubrir el pezón a tiempo para que yo no vea el tatuaje de dragón que lo rodea. Aparto la mirada y me río.


―Jesucristo.


Me encantan los tatuajes, pero la idea de tener uno tallado en mi pezón los hace encogerse.


La música de rock que se vierte desde el establecimiento es ruidosa, pero no lo suficientemente fuerte como para ahogar las historias horrendas y risas borrachas de los ocupantes en el interior. He decidido, en el poco tiempo que ya he terminado aquí, que Paula, mi hermana, y Vanesa no se van a quedar un minuto más.


―Cuidado, Pedro ―grita Luciano en mi oído mientras agarra la manija a la puerta principal―. Este es el último lugar en el que quieres meterte en una pelea.


Él tiene razón. Una lucha en este caso sería (probablemente) una muy mala jugada para mí. ¿Quién sabe qué clase de cosas locas le gustan a estos tipos? Tiro de la puerta abierta y paso al interior. Inmediatamente, me abro paso a través de una multitud de personas, con cuidado de no rozar el cuero de nadie. No porque tengo miedo, sino porque odiaría que el olor se pegara a mi ropa. 


Por suerte, cuando me meto en la profundidad suficiente, el olor a cerveza rancia y cacahuetes supera al olor del cuero. 


Mientras me empujo hacia la barra, dejo que mis ojos escaneen los clientes, en busca de vestidos cortos de colores brillantes y risitas de tono alto. Las chicas están muy por fuera de su zona habitual esta noche.


Cada otra mujer aquí está usando una cierta variación de cuero y hebillas brillantes. Están cubiertas de tatuajes y piercings, y la mayoría de ellas se divierten con algún tipo de cabeza rapada. ¿Hermosas? Algunas. ¿Atemorizantes? Joder, todas.


Al acercarme a la barra, veo un flash de una tela brillante color rosa en la esquina de mi ojo. Me vuelvo, pero dos grandes hombres pasan en mi camino, bloqueando el vestido. Es o Vanesa o Paula. Mi hermana no sería atrapada ni muerta en un club de Las Vegas en rosa, a pesar de que es su color favorito. Hago una pausa y espero pacientemente a que los hombres se muevan, lo hacen con el tiempo y cuando lo hacen, veo a Paula sentada en el bar llevando un vestido corto, de color rosa. También veo a Maca de pie junto a Paula tomando chupito tras chupito. 


Mentalmente cuento un total de cuatro. Resulta que Maca es muy bebedora. Paula, sin embargo, apenas puede mantener su mierda junta después de un solo vaso de vino y debe saber mejor que beber en exceso cuando no estoy
cerca para cuidar de ella, especialmente en un lugar como este. Cuando Maca se aparta, un motero con apariencia de niño alto llevando un chaleco de cuero y vaqueros oscuros se desliza en su lugar y se inclina hacia Paula, respirando sobre mi esposa.


Empiezo a avanzar, pero Luciano toma mi brazo.


―Mira ―grita en mi oído―. Ella no sabe que estás aquí, ve cómo lo maneja.


Él mantiene su agarre en mi brazo, sin permitirme intervenir y ayudar.


Paula sonríe cortésmente a ese baboso que tan obviamente (y babosamente) está comiéndosela con los ojos. Lo odio. 


Arranco el brazo del agarre de Luciano y empiezo a caminar. 


Cuando llego a ella, el hombre deja su silla y se desploma fuera de la barra. Quiero gritar tras él, pero por el bien de la situación, decido no hacerlo. Paso desapercibido mientras Paula se desploma sobre la barra, dejando caer la cabeza sobre sus brazos, por lo que tiendo la mano y tomo un mechón de cabello de su mejilla. Ella se sacude en posición vertical, golpeando mi mano. La superficie de mi piel pica y mis ojos capturan los de ella. Su mirada feroz es la de un gato salvaje y sonrío. Bien. Ella debería abofetear manos como esas. Cuando sus ojos se centran en mi cara, el ceño fruncido en la suya se desvanece, reemplazada por una sonrisa emocionada.


―¡Me has asustado! ―espeta, lanzándose fuera de la silla y en mis brazos―. Por favor, por favor, por favor, llévame a casa.


―¿Dónde está Vanesa? ―le pregunta Luciano a Paula, escaneando casualmente el bar.


El rostro de Paula cae y puedo ver que su borracha consciencia no puede ocultar la frustración que siente hacia Luciano. Supongo que Vanesa le dijo.


―Ella fue a su casa ―responde sin rodeos―. No estaba de gran ánimo, gracias a ti.


―Parece que le hice a su hígado un favor ―replica Luciano.


Paula frunce el ceño y sacude la cabeza hacia él. Es jodidamente típico de Vanesa arrastrar a Paula a algún lugar y luego decidir que no está en el estado de ánimo. Una gran parte del tiempo, Vanesa solo cuida de sí misma y ese es mi
mayor problema con ella. Esa mujer es egoísta hasta la médula.


―Oh, por favor, ¿dime que no me estás quitando a mi única compañera de copas? ―Maca hace pucheros, deslizándose frente a nosotros. Le indica al camarero y este le sirve dos chupitos más. Ella se balancea sobre sus pies mientras bajas los dos pequeños vasos de whisky. Debería darle una mirada desaprobatoria o regañarla por venir aquí, pero lo sé mejor. Maca hace lo que quiere.


―Cógela ―le digo a Luciano, alejándome de la barra―. Vamos a casa.


No tengo que revisar mi teléfono para saber que solo tengo una hora y media hasta la cena. Una cena a la que se suponía que Paula y yo asistiríamos juntos.


Parece que voy solo, algo que no he hecho en mucho tiempo... en todos los sentidos de la palabra.

CAPITULO 242




PEDRO



Mastico mi palillo de dientes y tuerzo un pequeño trozo de papel entre mis dedos, haciendo cualquier cosa que pueda para distraerme de ir más allá de Matt y golpear a Dom en la boca. Mantengo mis ojos en la mesa, haciendo caso omiso de todas las luces y gente ansiosa. Si hay una cosa que odio de convertirme en profesional, es la atención. Las probabilidades de que diga o haga algo estúpido son altas. 


Una palabra mal y voy a ser la sopa en los periódicos y revistas de Internet, también. Siento a Luciano cerca de mi espalda. Su tensión está rodando fuera de él en oleadas y sé que no tiene nada que ver con nuestra situación actual.


Vanesa le dio una patada y claramente espera que se disculpe primero. No sé lo que pasó entre ellos, pero lo que sí sé es que Luciano nunca ha dicho la palabra “lo siento” en toda su vida, incluso cuando él tiene la culpa.


―¿Qué piensas, Pedro? ―pregunta una ronca voz femenina.


Su voz se parece mucho a la de Paula, y eso en sí mismo es suficiente para que levante mi mirada hacia el mar de periodistas frente a mí. Miro a la muchacha con su grabadora lo más cerca de mí posible. A pesar de que suena como Paula, de seguro no se parece a ella. Su cabello es castaño y recortado en sus orejas, como un pequeño duendecillo. Parpadea hacia mí, esperando mi respuesta.


Mierda. No tengo ni idea de lo que está hablando. Para ganar tiempo, llevo mi mano a mi boca y tiro del palillo.


―Dom te ha insultado, hermano ―murmura Luciano, pateando mi silla.


Dejo caer el papel que estoy girando en mi mano y juego con mi palillo de dientes en su lugar.


―Dom no tiene ni idea de lo que está hablando. ―Los periodistas ríen―. Llegué aquí por mi cuenta. Él llegó aquí en mi nombre, porque fue el chico al que vencí para llegar hasta aquí.


―Mientras que ese puede ser el caso ―responde Dom―, todavía te gané en la última ronda, chico, y estoy seguro que tienes el orgullo herido para demostrarlo, por no hablar de que se grabó en video.


Miro alrededor de Matt, mi visión borrosa y un poco de rojo en los bordes. Si no tengo cuidado, voy a saltar de la mesa y patearle el culo ahora mismo.


―Hiciste trampa, y a quién mierda le llamas chico, hijo de pu…


―Cómo pueden ver ―interrumpe Matt, tocando una pequeña tarjeta blanca sobre la mesa y cortándome. Me recuesto en mi silla y meto mi palillo de dientes sobre-masticado en la boca―.Pedro y Dom todavía tienen un montón de cosas que resolver, y pueden ser testigos de todo, el 16 de julio.


Muelo el palillo entre los dientes y jugueteo con mi lengua.


Matt me mira de reojo antes de continuar.


Pedro está un poco de mal humor esta noche. Se enteró antes que él y Dom estarán entrenando en el mismo centro. 
Esta mañana, Dom llegó temprano para su sesión y se topó con una... íntima... escena entre Pedro y su esposa, Paula.


Los espectadores dijeron “oohs” y silbaron hacia mí, como si tuvieran derecho a estar al tanto de ese tipo de información. 


Poco a poco, vuelvo la cabeza en dirección a Matt. ¿Qué tiene eso que ver?


Oigo a Dom reírse.


Pedro es un hombre con suerte...


Sé exactamente dónde va esto. Aprieto los puños y la mandíbula. El palillo de dientes se parte a la mitad entre mis dientes.


―... Paula tiene un buen culo.


Reacciono sin pensar y empujo la mesa, tirando mi silla hacia atrás y lanzándola a mis pies. Dom hace lo mismo, y todo ello con una gran puta sonrisa en su rostro. El brazo de Luciano aparece debajo de mi axila y alrededor de mi hombro, y el otro alrededor de mi pecho mientras Matt se levanta de un salto. Él acomoda su cuerpo hacia mí y extiende sus manos en un gesto tranquilizador.


Sus manos se acercan cada vez más y empujo a Luciano antes de encogerme de hombros lejos de Matt.


―No me toques, joder ―gruño y toma cada fibra de mi fuerza de voluntad dar la vuelta y no golpear a ambos en sus culos.


Empujo pasando a Luciano y salgo en dos pequeños pasos antes de empujar una puerta lateral y entrar en un pasillo. 


Antes de que la puerta se cierre, oigo a los periodistas volverse locos, bombardeando a Matt y Dom con preguntas
excitadas. Por supuesto que les entretienen como unos malditos ponis. Luciano me sigue y empiezo a caminar de un lado a otro. Siete pasos adelante. Gira. Siete pasos más. 


Tengo suerte de que Damian no está aquí. Él estaría masticando mi culo en este mismo momento si estuviera... o tal vez él estaría orgulloso de que me fui sin golpear a nadie.


―Bueno ―exhala Luciano, apoyado en la pared. Se frota la parte posterior de su cuello tatuado―. Eso fue mucho mejor de lo que esperaba.


Detengo mis pasos y le frunzo el ceño. Luciano parece satisfecho con el resultado de la conferencia. Su labio superior está ligeramente hacia arriba, como si estuviera tratando de no sonreír. Relájate, me digo. Saliste de allí sin golpear a nadie. Rápidamente, mi ceño se convierte en una sonrisa y me río para mis adentros mientras aflojo mis puños.



―¿Pensaste que lo golpearía?


―Mierda, sí, yo lo habría hecho.


Él se dobla de rodillas y por completo se relaja en la pared mientras meto mis manos en los bolsillos de mis vaqueros.


―Damian va a estar enojado ―le digo.


Luciano se encoge de hombros.


―Nah, nos las arreglamos para salir sin que te cueste tu contrato en la MMAC, así que creo que va a estar feliz sin importar lo que pasó.


Asiento.


―Está jugando con nosotros, ya sabes.


―¿Quién? ¿Damian?


Niego y digo:
―Matt. Nos está agitando como perros salvajes, sabiendo que no podemos tocarnos hasta que estemos en la jaula.


―Esta es la pelea taquillera del año, él quiere que sea intensa. No sé por qué se sale de su camino para hacerte enojar, sin embargo. Quiero decir, todo lo que Dom tiene que hacer es mirarte y ya lo quieres golpear.


Sonrío, sacando mi teléfono de mi bolsillo.


―Sí, bueno, no hay tal cosa como mala publicidad, ¿no? Él quiere que estemos a la greña hasta la pelea.


Y tengo la sensación de que no va a ser un problema. Echo un vistazo a la pantalla de mi teléfono y veo dos llamadas perdidas y un mensaje de texto de Paula. Abro el mensaje:


DE:PAULA. HORA: 6:26 p.m.
¡Hola! No estoy segura de cuándo vuelves a casa, pero no te asustes si llegas y no estoy allí.
Maca y Vanesa me han secuestrado para una noche de chicas.
Estamos en Salem’s, si quieres pasarte. <3


―Estás frunciendo el ceño ―dice Luciano―. ¿Qué pasa?


Cierro la pantalla y lo dejo caer de nuevo en el bolsillo. 


Espero que sepan lo que están haciendo. Paula y yo tenemos una cena formal con la MMAC a las nueve.


―Maca y Vanesa han llevado a Paula fuera para una noche de chicas. 


Pone los ojos en blanco y se aparta de la pared.


―Entonces, ¿qué vamos a hacer esta noche?


Luciano está implicando mucho con sus palabras, pero él está fuera de su mente si piensa que voy a salir. Ya he terminado con la escena de los clubes. ¿Qué sentido tiene? 


Puedo emborracharme, tener sexo, y ahorrar dinero en la
comodidad de mi propia casa. Además, no hay manera de que vaya a dejar a Paula sola en Las Vegas con mi hermana ex desnudista y Vanesa.


―Vamos a reunirnos con ellas en Salem’s.


Luciano niega.


―No, hombre, las cosas no están bien entre Vanesa y yo en estos momentos.


Normalmente, le resto importancia a los problemas de Luciano con Vanesa, sobre todo porque ella es irritante, pero voy a picar en este momento.


―¿Qué hiciste?


―¿Qué hice?


Asiento, con una media sonrisa.


―Sí.


Se encoge de hombros y su mirada cae al suelo. Lo veo meditar por un segundo, trabajando su mandíbula con fuerza. No me sorprendería si se decide no decírmelo. No es de compartir realmente sus problemas... no hasta que llegó Vanesa, de todos modos.


Exhala y se deja caer contra la pared.


―Ella me dijo que me amaba.


Inhalo bruscamente, haciendo un ruido que podría hacerse cuando a uno le han cortado el dedo. De repente, me siento mal por Vanesa, pero seguramente ella tiene que saber que Luciano no es el tipo de persona de estar muy involucrado con una chica... ¿no le ha dicho eso? ¿No ha establecido líneas claras para definir el tipo de relación que originalmente quería con ella? Él quiere sexo. Todo lo que él
quiere es sexo.


―Solo me le quedé mirando, Pedro, como un ciervo a unos faros y apenas asentí. ―Golpea su mano en su cara y gime―. ¿Cómo pude ser tan estúpido?


―¿La amas? ―pregunto y siento una pequeña burbuja de emoción en mi pecho.


Luciano, mi mejor amigo, mi hermano, y el padrino de mi boda, merece ser feliz. Se merece estar enamorado, ser llenado con la misma pasión que Paula me llena todos los días. No esa cáscara rota que esa mujer zorra-puta, Amelia, le dejó.


Él comienza a sacudir la cabeza y luego se detiene y se encoge.


―Ni siquiera sé lo que eso significa. ―Él mantiene sus ojos en el suelo, sumido en sus pensamientos―. ¿Me preocupo por ella? ¿Ella significa mucho para mí? Sí. No quiero lastimarla y no quiero compartirla con nadie más... pero al mismo tiempo, te miro y a Paula y ustedes dos son felices juntos. Es algo que me pone enfermo.


Me burlo.


―Vete a la mierda.


Se ríe, extendiendo las palmas calmantes hacia mí.


―Todo lo que estoy diciendo es que no creo ser capaz de hacerla tan feliz como tú haces a Paula. Estoy feliz solo existiendo... y no sé si soy feliz haciéndolo solo, o con Vanesa. Eso es lo que estoy tratando de averiguar. ―Se muerde el labio antes de decir―: Todavía estoy tratando de dejar de lado a…


―Lo sé ―le digo antes de que su nombre caiga de sus labios―. Ella.


Él traga saliva.


―No le he dicho a Vanesa toda la historia. Sabe que había una chica y que no funcionó... pero no entiende cómo todavía estoy atorado donde estaba... con ella. La amaba. 
Le di todo, cumplí sus deseos, me moldeé a mí mismo en el hombre que ella quería, completamente perdiéndome en el proceso... y no puedo hacer eso otra vez.


Doblo mis brazos. Él no tiene que explicarme nada.


―Lo entiendo... pero no creo que ella lo hará.


―No sé lo que voy a hacer. ―Exhala, empujándose fuera de la pared, por segunda vez―. Pero se me ocurrirá algo.


Siempre lo hace, pero por ahora necesito su compañía. Si las chicas están borrachas, no puedo llevar a las tres a casa.


―Sabes que tienes que venir a Salem’s conmigo, ¿verdad?


Él comienza a caminar hacia la puerta al final del pasillo y se ríe.


―Sí, lo sé.

miércoles, 29 de octubre de 2014

CAPITULO 241




Después que Pedro nos trajo de vuelta al hotel y se duchó en la seguridad de nuestra propia habitación (solo, podría añadir) se fue para asistir a una conferencia de prensa, y resolver las cosas con Matt Somers. Él no estaba demasiado interesado en asistir a la conferencia. Ignorando el hecho de que Dom también estará allí, resulta que mi boxeador seguro de sí mismo es un pequeño tímido para las entrevistas y realmente odia hablar de sí mismo. ¡Ja! ¿Quién lo hubiera pensado?


Cuando se fue, me tumbé en el sofá y me quedé dormida, solo para ser despertada una hora más tarde por los golpes excitados en la puerta.


―¿Paula?


Abro los ojos y los entrecierro alrededor de la habitación del hotel. ¿Tal vez estoy escuchando cosas? Cierro los ojos y jalo mis rodillas contra mi pecho, acurrucándome más en el sofá.


―¿Paula?


Sea quien sea, está cantando la palabra en una aguda voz de ópera antes de estallar en ataques de risa.


¿Paula? ¿En serio? Creo que tengo un montón de apodos y definitivamente prefiero “Pauly” sobre “Paula”. Levanto mi cabeza y mi cerebro gira en mi cráneo.


Mis ojos se sienten pesados y la fuerza que se necesita solo para mantenerlos abiertos es suficiente para agotarme a otra siesta.


―¡Pauuuuulllaaa! ¡Abre!


Gruño. Tengo que cortar esto de raíz antes de que se extienda a alguien que disfruta atormentándome como Pedro o Vanesa. Me arrastro fuera del sofá, sintiéndome peor de lo que lo hice antes de mi siesta. 


Tiro de la puerta y frunzo el ceño de inmediato cuando veo la cara de la hermana de Pedro sonriéndome.


―¿Qué estássss haciendoo? ―Sonríe perezosamente, pasando sus dedos finos por su cabello oscuro.


Incluso borracha hasta las tetas ella es irritantemente hermosa... igual que su hermano. Hombre, ¿su familia tiene buenos genes o qué?


―¿Paula? ―Ella se ríe, agarrando el marco de la puerta y mirándome como si yo fuera una loca certificada.


―Estaba durmiendo la siesta, gracias por eso.


―¿Siesta? Diablos, incluso estas empezando a actuar como mi hermano.


Ella se empuja más allá de mí, y mientras voy a cerrar la puerta detrás de ella, Vanesa atasca su mano dentro.


―Cristo, P ―maldice mientras jalo la puerta abierta―. Estoy aquí, también.


Abro la puerta un poco más y la dejo entrar ―Lo siento ―digo. Atrapo un pequeño rizo entre mis dedos y tiro de él―. No te vi.


Vanesa me golpea alejándome mientras Maca se pavonea con entusiasmo hacia los banquillos de cocina y se desliza directamente en un taburete. Cuando Vanesa se une a ella, observo su apariencia. Maca está usando jeans ajustados que se aferran a las curvas de su trasero y sus piernas. Su camisa blanca sin espalda se sumerge bajo en la parte delantera complementando su bronceado muy bien y
los blancos parecen más brillantes con su cabello negro cayendo por sus hombros.


Trato de no mirar fijamente, pero una buena parte de los pechos de Maca están en exhibición para que todos los vean. Cuando ella no está mirando, les doy un vistazo un par de veces, tratando de decidir si son reales o no. Creo que lo son, pero a menos que los toque, nunca lo sabré. En vez de jeans ajustados, Vanesa opta por una blusa azul real brillante que se aferra a su cuerpo antes de ser escondida bajo la cintura de su falda lápiz. Se ve inteligente y sexy, todo lo que una mujer de negocios debería ser. Lo único que le falta es un negocio. Miro hacia abajo a mis pantalones cortos y camiseta de tirantes.


―¿Me estoy perdiendo algo aquí? ―pregunto, rascándome la cabeza y ahogando un bostezo a la vez.


―No lo estarás si te vistes. ―Vanesa me sonríe, pero la sonrisa no hace que sus ojos se plieguen como lo hacen normalmente.


―¿Vestirme para qué?


―Una noche fuera, solo las chicas.


Oh diablos no. Sacudo la cabeza. No he salido en Las Vegas desde el Spearmint Rhino y no estoy a punto de cambiar eso esta noche. Si el pasado año me ha enseñado algo es que no lo hago bien en los clubes. Cada vez que estoy en uno, el karma se las arregla para localizar mi ubicación exacta y afilar toda su energía en mí.


―No, gracias.


―No puedes decir que no, Paula ―replica Maca―. Solo seremos nosotras y voy a llevarte a uno de mis lugares favoritos. Conozco al dueño, al gerente, la seguridad, a todo el mundo. Podemos beber y divertirnos sin ningún tipo de molestias, y además, Vanesa realmente necesita un trago en estos momentos.


―O dos ―añade ella mansamente.


―¿Por qué? ―pregunto.


―Luciano y yo estamos pasando por una pequeña mala racha y lo eché de nuestra habitación. ―Ella lo dice como si no fuera nada del otro mundo y rápidamente se encoge de hombros.


Mi boca se abre. ¿Debo estar ofendida, de que apenas estoy enterándome de esto ahora? ¿Después de Maca?


―¿Ustedes terminaron?


Se encoge de hombros otra vez, desplomándose.


―Sí… no… no lo sé. Ni siquiera sé si estábamos saliendo en primer lugar.


Doy un paso hacia adelante.


―Vane, ¿por qué no me llamaste?


―Porque pensaba que él lo arreglaría para ahora.


―Luciano siempre ha sido difícil ―dice Maca, deslizándose de su taburete―. Y él es fácilmente el tipo más jodido que conozco, pero no lo descartes por completo. Él también es apasionado y cariñoso. Nunca haría nada que pudiera perjudicarte a propósito, eso lo sé a ciencia cierta.


―¿Cómo lo sabes? ―le pregunta Vanesa en un tono esperanzado.


―Solo lo sé, ahora, ¿vamos a sentarnos y hablar o vamos a salir?


Maca me sonríe, sus ojos castaños brillando. ¿Cómo puedo rechazarla? Ella es mi cuñada, después de todo, y estoy segura que a Pedro no le importaría que salga con Maca por la noche. No puedo dejar a Vanesa lidiar con esto sola, tampoco. Ella necesita mi apoyo y si eso significa pasar un rato en un bar en contra de mi voluntad, entonces que así sea.


Exhalo y me giro.


―Dame diez minutos.