viernes, 30 de mayo de 2014

CAPITULO 189




Ella atrapa su regordete labio inferior entre los dientes y lo libera,iluminando mi cuerpo como un maldito árbol de Navidad. Paula siempre ha sido indiferente cuando se trata de chicas hasta ahora, y el pensamiento de ella reclamándome hace que mi cuerpo se encienda con fiera pasión. Ella engancha su muslo sobre mi cadera, apretándome contra ella.


—No me gusta oír tu nombre en los labios de otras chicas. —Sus dedos serpentean alrededor de mi cuello y lleva mi cabeza más cerca hasta que sus labios acarician mi oído—. Tu nombre saliendo en jadeos de excitación debe solo caer de mis labios y los labios de tus espectadores, no de chicas al azar en restaurantes. 


Su tono es agresivo y posesivo, un tono que nunca pensé que iba a oír venir de mi dulce “hago lo que me dicen” Paula. Quiero desabrochar mi camisa para poder respirar un poco mejor, pero tengo que esperar y ver, esperar a lo que ella va a decir a continuación. Sus ojos se estrechan. 


—No desaparecerás con otra chica nunca más. Incluso si estoy llorando y mi pecho está hipando con sollozos, no me dejarás, maldición.


Abro la boca para estar de acuerdo con todo lo que quiera, pero ella da un tirón de mi cuello, deteniendo la formación de mis palabras y tirando de mis labios con fuerza contra los suyos. Sus manos empujan con fuerza contra mi pecho y dejo que me gire sobre mi espalda. Ella está a horcadas sobre mí, su cálido centro cerniéndose directamente sobre mi longitud que presiona con fuerza contra mis pantalones. 


Puedo sentir su calor irradiando a través de la tela,provocándome. Su lengua se desliza contra la mía y este beso no es como nuestros besos habituales, la clase de besos donde yo lidero. Ella me está reclamando,diciéndome exactamente cómo van a ir las cosas y no puedo estar más atento. 

Demonios, estoy de acuerdo en cualquier cosa que quiera que haga si eso significa que ella tomará control de mí así todo el tiempo.

Su mano corre por mi estómago antes de deslizarse entre nuestros cuerpos y presionar su palma derecha contra mi pene duro. 

—Podría hacer que te olvides donde estás… olvides tu nombre y te olvides de ella con un golpe de mi lengua. —Su dedo se contrae nerviosamente contra mi pene y yo sutilmente flexiono las caderas contra su mano. Ella nunca ha puesto su boca en mi pene antes. He pensado en eso un millón de veces y he querido que lo hiciera, pero nunca he presionado—. Pero me gustaría mucho más que te sientes y te cocines a fuego lento, culpándola por no conseguir nada esta noche. 


Paula se desliza fuera de mí y yo de repente me apoyo sobre mis codos. Mi cabeza gira mientras el oxígeno inunda mis pulmones, descuidando mi cerebro. 

Sus dedos se arrastran hacia arriba por un lado de su cuerpo antes de curvarse alrededor de la cremallera y arrastrarla hacia abajo a lo largo de la longitud de su torso. Cuando la cremallera se acerca el final, el vestido cae de ella, quedando en un charco junto a sus altos tacones cristalinos. Las palabras me fallan ante la vista de ella y toda su maldita perfección desnuda cuando mis ojos se arrastran por su cara bonita, sobre sus delgados hombros y se detiene en sus perfectos pechos redondos. Miro fijamente durante unos segundos mientras ella se queda allí parada, dejándome admirar su forma completa. Mi mirada finalmente deja sus pechos antes de hacer su descenso hacia su ombligo suave y hacia la hendidura desnuda entre la brecha en sus muslos. Jodido. Jesucristo. Cierro mis ojos por un instante en un intento de evitar un accidente prematuro. Ella no tiene que tocarme y estoy listo para correrme. Quiero que se acaricie mientras me toco y quiero que ella lo haga con esos tacones. Ella se gira y camina hacia el cuarto de baño. 


Yo me siento de golpe. ¿A dónde se cree que va?


Ella se vuelve hacia mí, protegiendo su cuerpo con la puerta del baño. 

—Voy a ducharme y luego me voy a la cama. 

¿A la cama? ¿Ahora? ¿Después de que me llevó al borde? No lo creo. Me lanzo fuera de la cama, listo para unirme a ella en la ducha, pero ella niega con la cabeza, deteniéndome en mi camino de guerra al éxtasis.

—No. 

—¿No? —No puedo creerlo. ¿Cuándo me ha dicho que no a mí? ¿Es posible fruncir el ceño con una sonrisa? Estoy bastante seguro de eso es lo que estoy haciendo—. Eres sádica. 

Con un movimiento de sus cejas, ella cierra la puerta del baño, dejándome solo en el dormitorio. Miro los paneles color chocolate de la puerta, mis dedos pican de ganas por alargar la mano y girar la manija dorada de la puerta. Si no la hubiera cabreado esta noche, tiraría la puerta debajo de una patada y le mostraría exactamente quién está en control aquí, pero ya que ya soy el malo, voy a dejarlo. 

La lastimé, así que puede tener el control de la noche y solo por esta vez. Suspiro, girando sobre mis talones y saliendo del dormitorio. Va a ser una larga puta noche.

CAPITULO 188



Pedro
 
Ella se deja caer sobre la cama y comienza a quitarse los zapatos, mientras me apoyo contra la pared con los brazos cruzados firmemente sobre mi pecho. 


Observo mientras tira de los grandes aros de sus orejas y uno después el otro, los arroja a la mesita caoba. Ella está preparándose para la cama, pero no hay manera en el infierno de que vaya a dejarla ir a dormir aún, no hasta que derrumbe cada pensamiento que tiene y le asegure que ella es todo lo que quiero. Voy a reponer el amor que haya perdido conmigo esta noche y algo más, no voy a tomar nada menos que ciento cincuenta por ciento.


—Dime las dos pequeñas palabras que te dije en Boston.

Ella niega con la cabeza. Sé que no quiere entrar en esto ahora, pero le daré opción.


—Pedro… 


—Dime —exijo, dando un paso adelante—Quiero escucharte decirlo. 


—Te amo —murmura. 


Bastante fácil.


—Ahora pregúntame a cuántas chicas se las he dicho, aparte de ti.


Olivia suspira, su actitud de repente irradia de ella en olas.

—No quiero…


—Pregúntame. —Mi voz sale mucho más agresiva de lo que pretendía, pero la asusta lo suficiente como para responderme.


—¿A cuántas? —espeta.


—Ninguna. 

Ella me mira y la vista de su rostro es casi suficiente para hacerme fallar y olvidar toda la situación.


—Pero eso ya lo sabías, entonces ¿por qué estás molesta?

Ella mira hacia abajo, a sus manos.


—Porque… 

—¿Por qué una chica con la que tuve sexo en el pasado se acercó a nosotros en la cena? ¿Por qué la acompañé lejos de la mesa porque me di cuenta de lo mucho que te estaba molestando? —Descruzo mis brazos—. No podía dar dos mierdas sobre esa chica y me duele que pienses que significa algo para mí.Rápidamente paso mis dedos por mi cabello. Necesito que crea que la chica no era… no es nada para mí—. Ella era tan extraña para mí como lo fue para ti.


Me acerco a la cama y me dejo caer de rodillas delante de ella. Su cuerpo está tenso, a la espera de que yo haga algo. 


Deslizo mis manos por sus lisas pantorrillas hasta los lados de sus muslos. Sus magníficos ojos verdes se fijan en
los míos y la intensidad de ello hace que mi corazón se acelere. 

—¿Qué más puedo decir? ¿Tuve sexo con esa chica? Sí, dos veces, pero te puedo decir con un cien por ciento de honestidad que ni siquiera recuerdo cómo fue… Ya no me acuerdo de mi vida sexual antes de ti. No lo hago. Tú eres mi resolución, O. Tú eres la persona con la que estoy aquí… la persona con la que elijo estar aquí. —La agarro, acercándola más a mí—. Te amo. Joder, te amo más
de lo que nunca sabrás y sé que esta noche te hice daño, pero te juro por Dios que pasaré el resto de mi vida compensándote.

Sus ojos se mueven rápidamente entre los míos mientras absorbe lo que dije.

—Ni siquiera puedo decirte su nombre —añado, con sinceridad—. Pero puedo decirte tu nombre. —Siento mis labios sacudirse—. Puedo decirte tu color favorito, comida favorita, libro favorito y tu marca favorita de perfume. Puedo descargar tu canción favorita en este momento y no tener que pensar dos veces en ella. Sé que te gustaría que nunca hubiera conocido a ninguna otra persona. —Me acerco unos centímetros, llevando mi cara a la de ella—. Si pudiera volver atrás y cambiar las cosas, lo haría, sin dudar. Pero no puedo. Por lo tanto, todo lo que estoy pidiendo es que confíes en mí. Nunca podría ni te haría daño de esa manera. Nunca. Eres buena y te mereces algo bueno. Sé que estoy lejos de eso,pero lo que soy es todo lo que tengo para ofrecerte. Si me quieres, tendrás todo: mis problemas, mis pasiones, mi pasado, todo. 

No necesito una respuesta de ella para saber que está contenta con lo que he dicho y obtengo la reacción que quiero al sentir las yemas de sus dedos subiendo por mis brazos. 

Paula es la clase de persona que se cierra cada vez que está molesta. No tocará o hablará. Ella prefiere la soledad, revolcarse en sus propios pensamientos. 

Al diablo con eso. La idea de dejarla sola durante un segundo cuando está molesta me mata y es aún peor cuando sé que soy el que la puso molesta en primer lugar. 


No hay filtro en mi boca o mis acciones. Lo hago y veo los químicos reaccionar. Es un experimento científico, la verdad. 

Los dedos de Pau se enroscan alrededor de mi cuello y me tira sobre la cama.

De buen gusto la sigo, dejando de lado sacarme los zapatos. Su cuerpo suave y sensual se amolda perfectamente al mío, y me encanta lo suave y femenina que es.

Bajo mi boca a la de ella y puedo sentir su aliento rápido y nervioso en mi cara,pero antes de que la toque le digo: —Malditamente te amo, con todo lo que tengo... y no voy a tomar nada menos de ti.

—Y yo también te amo.

Paso la mano sobre la parte superior de su cabeza, alisando los mechones oscuros mientras la miro a los ojos.

—Dime cuánto me amas.

Quiero oírlo. Quiero que ella use metáforas ridículas y líneas débiles. Lo necesito. Tengo que estar tranquilo porque jodidamente no la perderé, no esta noche. 

Su mirada se mueve nerviosamente sobre mi cara.

—No puedo...

Siento que mis cejas se juntan.

—¿Por qué? 

—Porque no hay palabras que describan lo que siento por ti. —Ella traga fuerte—. Puedo decirte que te amo hasta la luna ida y vuelta, pero en lo que a mí concierne, no es suficiente. Puedo decirte que te amo hasta otro universo ida y vuelta y la distancia aún no es suficiente para describir lo que siento. Te amo. Te amo más que cualquier palabra, cualquier objeto, cualquier emoción y cualquier medida de distancia que esta vida pueda representar alguna vez. 

Los grandes ojos verdes de Paula siguen fijos en los míos y ella se aclara la garganta.


—Reaccioné exageradamente... —La esquina de su deliciosa boca se tuerce—Tal vez, pero es solo porque te amo y eres mío. 

Estoy de acuerdo. 

—Soy tuyo. 

Líneas abren camino a través de su la cara de otra manera suave, como si quisiera sacar algo fuera de su pecho. 

—No quiero que otras chicas te toquen.

jueves, 29 de mayo de 2014

CAPITULO 187



Paula
 
Miro las hermosas chicas con vestidos glamorosos que prácticamente se deslizan por el restaurante. Las envidio a ellas y a su piel de porcelana. Envidio la forma en que se mecen con fluidos movimientos, movimientos tan elegantes, haciendo que el movimiento de las flores con el viento queden en vergüenza.


Definitivamente me siento como que estoy abajo en la escala atractiva esta noche,especialmente con la leve quemadura de sol que recibí después de estar en la playa con Pedro todo el día. Por qué me dejó dormir en el medio de una playa californiana al medio del día, está más allá de mí. Aparentemente, lucía “demasiado cómoda” para despertarme. Me sonríe desde el otro lado de la mesa y ruedo mis ojos hacia él. No me importa lo cómoda que parecía, no me siento cómoda ya, mi piel pica un poco y estoy cansada como el infierno.


El vestido negro ajustado con escote profundo que he decidido ponerme esta noche puede hacerme parecer más delgada, pero no hace nada para disminuir el tono rosado en mi piel.  


 —¿Asumo que has estado en California antes? —digo, deslizando un pedazo de ravioli en mi boca. 


Pedro ha sido más que atento aquí en California. Él sabe a qué playas ir,cuales restaurantes hacen la mejor carne y todavía no he tenido que sacar mi billetera para pagar por cualquier cosa, lo cual es muy extraño para mí. Con Ramiro, yo pagaba por casi todo. No me gusta depender de la gente, me hace sentir incómoda. Depender de otra persona no es natural para mí, pero Pedro no tiene ningún problema con deslizar su tarjeta en cualquier lugar que vayamos. 

 
—Luciano y yo solíamos venir aquí cada verano durante un par de años. 

 
Me sonríe antes de tomar un largo sorbo de su agua helada. Admiro la forma en que su camisa formal negra se estrecha alrededor de sus gruesos brazos mientras baja el cristal de la mesa.  


—¿Difícilmente una visita inocente, supongo?

 
Sus ojos estallan, dejándolos caer brevemente a mi pecho antes de arrastrarlos de vuelta a mi cara. Curva sus labios en una sonrisa pícara.  


—¿Cualquier cosa que hago es inocente?


Maravillada por mis mejillas ardientes y la rapidez con que las hizo arder,respondo:  
—Nunca.


Me sostiene en su mirada y de repente tengo la boca seca. Trago saliva y sus ojos oscuros caen a mi garganta. La forma en que me mira fijamente, como si quisiera llevarme ahora mismo, envía una gran cantidad de calor a través de mi cuerpo y late en todas partes. Corro rápidamente la lengua por mis labios para humedecerlos. Tengo que hacer algo, cualquier cosa, para saciar mi deseo por él y para contenerme a mí misma de no saltar sobre la mesa y correr mi boca sobre él.


Mira a mis labios con tanta ferocidad, la intensidad erótica antes de que finalmente me mire a los ojos. 

 
—Vamos a salir de aquí.



No hay pregunta en sus palabras. Quiere salir de aquí, ahora. Dejo caer el tenedor contra mi tazón con una adherencia, asiento con la cabeza. ¿Quién necesita la cena cuando el postre me espera? Pedro se apresura a ponerse en pie a toda prisa, sacando dinero de su bolsillo de atrás y dejándolo caer sobre la mesa.  

Mientras empujo mi asiento hacia atrás, una hermosa chica alta, en un bello traje rojo viene graciosamente hacia nuestra mesa. Sus ojos están sobre mí primero y miro hacia Pedro, quién me miraba con un brillo de cuestionamiento en sus ojos.


Arqueo una ceja. Es extraño que piense que ella está aquí por mí, yo no he hecho ningún amigo en California y Vanesa es mi única amiga verdadera, chica, de todos modos. Le doy un “Ella no es mía” sacudida de la cabeza y miro de nuevo a la chica, que ha cerrado la distancia entre ella y la mesa. 


Una vez que está aquí, su mirada se desplaza a Pedro y ya no soy digna de su atención. Asimilo su vestido rojo ajustado. Se adhiere a las curvas sutiles de su cuerpo y no me gusta que se vea tan jodidamente bien en ella.


 —¡Pedro! —vitorea ella, dando un paso hacia adelante y envuelve sus brazos alrededor de su cuello—. ¡No puedo creerlo, ha pasado tanto tiempo! 

 
Observo, con curiosidad, mientras su cuerpo se pone rígido y coloca una mano en la parte baja de su espalda, devolviendo el abrazo, más o menos. Cuando ella se aleja, parece casi frustrado.


 —¿No me digas que no te acuerdas de mí?


Me mira con una expresión facial de fusión molesto-preocupado. Hay una burbuja en mi pecho... ¿Celos? Creo que sí. Estoy molesta, pero no quiero que lo sepa. 


Frustración surge en medio de mis costillas y me siento de nuevo en mi silla.


Me olvidé de que Pedro tiene una miríada de damas seguidoras, recuerdo las que vinieron por él en el gimnasio con claridad. 

 —No, lo siento. 

 
 Ella cambia el peso, plantando firmemente una cuidada mano en su cadera.  


—¿Jesica? Nosotros estuvimos en la fiesta de la playa de Newport del año pasado. —La forma en que ella dice “estuvimos” me enferma. Realmente espero que deje de restarle importancia mis sentimientos, de todos modos, ¿qué edad tiene?


—¿Cuántos años tienes? —dejo escapar, inclinándome hacia delante en mi silla. 

Pedro mira de golpe hacia mí, advertencia clara en sus ojos. No estoy insinuando a Pedro voluntariamente tener relaciones sexuales con alguien por debajo del límite legal, pero no hay forma de esta chica sea mayor de diecisiete.


—Veintiséis.


Aprieto los dientes para evitar que mi boca caiga abierta. ¿Veintiséis? ¿Cómo es más vieja que Pedro y yo? Su cara es como una muñeca y tiene una masa de rizos dorados que se atan en un moño elegante. Tiene pómulos altos y enormes ojos azules. Diecisiete. Lo juro por Dios que es diecisiete.  

—De todos modos —exhala ella, volviendo su atención a Pedro—. ¿Hasta cuándo vas a estar en California?  

—No mucho... —Él mira de reojo—. Tal vez deberíamos hablar de esto en otro lugar.  

La sonrisa de labios rojos que se extiende sobre su cara me pone enferma.


Mientas camina hacia él, éste se vuelve hacia mí. 

 
—Ya vuelvo. Quédate aquí.  

Estoy mirándolo con furia, puedo sentirlo. Con una mandíbula apretada, Pedro vira y sigue a la chica a alguna parte. Cuando desaparecen de la vista, me desplomo sobre mí misma.


Golpeo mis dedos a lo largo del mantel blanco por lo que se siente como mi cuarta hora. Saco mi teléfono de mi bolso. Solo ha pasado once minutos. Suspiro, lo dejo caer de nuevo en el interior, colocando mi bolsa sobre la mesa. 


¿Qué demonios es esto? Vamos de cenar en un momento y a punto de ir a casa y desgarrarnos el uno con el otro. Y en el próximo, se va con una chica con la que ha jodido y estoy sola en la mesa. Eso no está bien, ¿no? Mierda. No sé. ¡No sé lo que es aceptable y lo que no lo es! ¿Por qué no pudo decirle que se fuera? ¿Por qué no podía decirle que nos íbamos? ¿Por qué estoy tan enojada? Puedo sentirlo envenenando mi estado de ánimo.


 En cuanto pasan estos pensamientos, Pedro aparece de nuevo en el borde de la mesa. 

 
—¿Lista para irnos?  


Sin decir una palabra, agarro mi bolso y me levanto. Mantengo mis ojos en el suelo a medida que dejamos el restaurante. Cuando llegamos al coche, abre la puerta para mí y subo. Cuando se desliza en el asiento del conductor y cierra la puerta, mi cerebro envía palabras para salir por mi boca antes de obtener la aprobación de mi lengua.  

—¿Tuviste sexo con ella la última vez que estuviste aquí? —Estoy orgullosa de la indiferencia en la voz.  


—Sí. —No hay un segundo de vacilación por su parte, y no sé si debo estar inquietada u orgullosa por su honestidad—. ¿Estás molesta?   

Me planteo la pregunta, rastrillando mis dientes sobre mi labio inferior con nerviosismo.  


—No sé... ¿Es que siempre va a ser así?  

No responde y lo tomo como un gran y gordo sí. 

 
—Paula, te dije que esta parte de mi vida fue complicada. 
No es complicada con drama y oscuros secretos. Es complicada con las muchachas y sus parejas que quieren patear mi culo. Quiero decirte que no pasará de nuevo, pero eso sería una mentira. —Exhala—. No soy bueno... y no tengo ninguna historia de fondo emocional que te hará simpatizar con mi comportamiento. Me gusta el sexo,amor-sexo, me encanta la forma en que se siente. Simple y llanamente. Soy malo,te dije eso antes... y todavía me querías

.  
Tiene razón, lo sé, pero las cosas eran diferentes antes de que me enamorara de él. En aquel entonces, solo quería divertirme. Solo quería devolvérselo a Ramiro,pero ahora, quiero estar con Pedro para el resto de mi vida. Quiero estar orgullosa de él... No quiero sentirme enferma cada vez que una chica habla con él porque han jodido. No es una sensación agradable.  

—No quiero pelear, solo llévanos a casa —le digo, mi espalda apoyada en el reposacabezas y cerrando los ojos contra el dolor de cabeza que amenaza con venir. Sé que va a tratar de resolver esto antes de dormir y espero que podamos.


No quiero que nuestro tiempo sea arruinado debido a esto.


Me gustaría decir que estoy feliz con mis propios pensamientos, pero en este momento, mis pensamientos apestan. Sigo imaginándolos teniendo sexo... su cabello oro que fluye por todas partes, sus fuertes manos agarrando sus caderas mientras se mete dentro de ella.


Abro los ojos, desesperada por escapar de las visiones mentales.


—Disfruta el silencio mientras puedas —refunfuña—Debido a que apenas lleguemos vamos a hablar.


Miro por la ventana mientras el temor me llena el estómago. Las conversaciones con Pedro son siempre intensas... él no cree en el mal humor y hacer caso omiso de la cuestión. Se enfrenta a las cosas de frente y no se detiene hasta que se tome una conclusión. No sé si me gusta ese enfoque... o absolutamente lo detesto. De cualquier manera, iba a suceder.