jueves, 29 de mayo de 2014

CAPITULO 186




Pedro  


 
Mi cara pica, pero he sido golpeado por cosas diez veces más grandes y más fuertes que la 120 libras de mi madre. No me importa, no es como si no me lo mereciera. La había alejado de su sueño y la envié al otro lado del país para la rehabilitación. Yo también estaría enfadado.


—¿Estás bromeando? —chilla Paula, caminando hacia delante. Levanto una mano, presionándola firmemente contra su estómago. Lo último que quiero es una pelea entre mi madre y mi novia, mamá es alta y tiene alcance por su parte,pero no subestimes a la fiereza de Paula. La chica puede lanzar un golpe cruel,también. 


—Es tu hijo —continua Pau y siento su estómago apretarse debajo de mi mano.


Paula... 


—Y yo soy su madre —interrumpe mamá. Ella golpea su largo cabello hacia detrás de su hombro y endereza su blusa azul—. Y aun así me ha enviado a California contra mi voluntad, pateando y gritando.


A pesar de los enfadados gestos que contorsionan su cara, ella parece saludable. Su piel está libre de ese sudor inducido por el alcohol y sus ojos están abiertos y en alerta. 


Realmente es una mujer maravillosa y no aguanto el golpe
contra ella. 


—Te ves bien, mamá —le digo, incapaz de esconder mi sonrisa.


Puedo sentir la mirada confusa de Paula ardiendo. No creo que ella incluso me comprenda. Soy impredecible, el mejor tipo de impredecible. Las lágrimas anegan los ojos de mamá y sé que ella ya me ha perdonado por echarla de aquí.


—¡Oh, Pedro! —solloza antes de lanzarse hacia delante y abrazarme con sus brazos alrededor de mi cuello. Le devuelvo el abrazo. No sé cuánto tiempo nos abrazamos, pero es agradable. Con un abrazo, todas las aprehensiones y nervios que tenía por su llegada se han ido. Han sido reemplazadas por sentimientos de felicidad. Quizás funcionó esta vez y ella está mejor. Quizás puedo llevarla a casa.




Mamá se aparta cuando Paula habla. 

 
—Te esperaré en el vestíbulo cuando estés listo. —Veo sus labios ligeramente haciendo un mohín, aún está un poco enfadada y es bonito que ella se molestara por protegerme.

Asiento hacia ella y se gira alrededor de sus talones antes de dirigirse de vuelta por el camino que llegamos.


—Veo que trajiste a Nata...  

Miro a mamá y frunzo el ceño. ¿Por qué no puede recordar su nombre? No es difícil. Es el único nombre que quiero que recuerde y ella ni siquiera puede hacer eso. 

—¿Sara... Juana?  

Aguantando mi frustración.

Paula.  

Paula, cierto. Aún está alrededor, ya veo. —Mamá se gira alrededor y entra en su habitación.  

La sigo y cierro la puerta detrás de mí. La habitación de mamá está inmaculada, definitivamente vale la pena el dinero que suelto para esto. 

—Debe ser buena en la cama para que la mantengas alrededor tanto tiempo.


Las otras chicas que venían a casa entraban y salían en el mismo día.

Paula es buena en la cama, genial en la cama, pero ese no es el por qué la mantengo alrededor. Me apoyo contra la pared y doblo mis brazos sobre mi pecho cuando mamá deja caer una dura mirada al sillón. 

—Ella está alrededor porque la quiero. 

Las cejas de mamá se elevan y saca una pequeña bola de relleno de sus negros rizos. 

—¿Tú? ¿Enamorado? Vamos, Pedro, ambos sabemos que eso no es cierto. El amor no está en ti.


Me encojo de hombros.


—Ahora lo está.


He estado un largo camino en un muy corto periodo de tiempo que mi madre ni siquiera sabría quién soy ahora y eso es por una chica. Mi chica.


—Voy a casarme con ella.


Sus labios se retuercen hacia arriba. 

—Suenas seguro.


—Lo estoy.


Ella comienza a buscar en sus uñas, un hábito que realmente llega debajo de mi piel. 

—Estás muy confiado, ¿por qué no se lo has preguntado aún?


Aprieto mis dientes, frustrado. Es la misma maldita pregunta que me he estado haciendo cada noche antes de dormir. Los labios de mamá se vuelven a retorcer en una completa sonrisa.


—¿Quieres casarte con ella? ¿Necesitas mi bendición? 

Sacudo mi cabeza.  

—No necesito la bendición de nadie. Solo te estoy informando de mi plan.  

—¿Y niños? La última vez que te oí nunca quisiste niños. ¿Eso ha cambiado?


—Sí, quiero niños. Tres... todos chicos —se lo digo sin dudar. 

¿Cuándo demonios decidí eso? Los niños solían ser una zona a dónde “no ir”, pero, ¿ahora sé cuántos quiero y el sexo que quiero que sean? Si no soy cuidadoso, estaré escribiendo nombres de bebés en una libreta al final de la semana. Escalofriante.


—No puedes elegir su sexo, Pedro. ¿Por qué no quieres una niña?  

—Karma, ese es el por qué.


Mamá ríe y el sonido es un ruido bienvenido a mis oídos. Ha pasado mucho tiempo desde que oí su risa con hipo liberada.


—De todas formas, tenemos tiempo limitado. Cuéntamelo todo. ¿Cómo fue tu torneo? 

—Gané —respondo—. Estoy en los profesionales ahora.


Ella se mueve hacia delante en su asiento, excitada y eso me hace sentir todo cariñoso y una mierda por dentro.

—¡Eso es genial! Sabía que podías hacerlo. ¿Cómo está Maca?


¿Cómo está Maca? Debería haber asumido que una conversación sobre mi éxito desataría uno sobre los suyos.


—No lo sé —digo inexpresivo. Y no lo sabía. He estado ignorando sus llamadas desde que se trasladó a Las Vegas—. No hemos hablado desde que la golpeaste.


Mamá se encoge por el recuerdo y se echa hacia atrás en su silla.


Inmediatamente me siento mal. No debería haber sacado el tema. Fue hace años.

Antes de trasladarnos a Portland, mamá vino a casa bastante borracha y Maca y yo estábamos viendo una película. En esa escena, no era inusual para mamá permitirse alcohol después del trabajo y nosotros no se lo reprochábamos,considerando que papá se había ido. 


Maca le habló a mamá sobre sus planes para abandonar la carrera de Derecho e irse a Las Vegas con el cretino de su novio, Brian y mamá perdió su mierda. Tiró cosas, maldijo, juró y lloró, fue a través de las habituales desmesurando emociones de borracha antes de insolentarse y atacar a Maca. Sabía que mamá había cruzado la línea, pero la dejé golpear a Maca repetidamente con la esperanza de que Maca volvería a sus sentidos, infiernos, yo quería golpearla. 


No me gusta Brian. No me gusta la manera en la que mira a mi hermana, o la manera en la que la toca. Llena su cabeza con esperanzas y sueños, y si por algún condenado milagro, su banda consigue mejorar, no quería que Maca se convirtiera en algo secundario para él. Ella tiene que ser la primera, siempre. No quiero nada excepto lo mejor para mi hermana pequeña. Él la follará y sé que lo hará... porque es como yo. La diferencia es que yo follé antes de conocer a la chica de mis sueños. He experimentado todo. Él no y cuando las mujeres empiecen a tirarse hacia él... me preocupa que mi hermana salga herida.


De todas formas, volviendo al tema. No debería haberme sentado y dejar que mamá golpeara a Maca. Debería haber hecho alguna condenada cosa.


—Fue hace mucho tiempo —murmura mamá—. No era yo misma.


Doy un paso más cerca.  

—Pero lo eres ahora y pareces estar bien. Déjame llevarte a casa.  

Una repentina lágrima sale desde los ojos de mamá y cae a lo largo de su mejilla. Ella la limpia.   

—No estoy lista para ir.


Bueno, no me esperaba eso. Me agacho despacio, poniéndome al nivel de sus ojos. ¿La he oído correctamente?


—Aquí es dónde necesito estar ahora mismo. Estoy demasiado cerca de patear el hábito. Quiero ir a casa, pero todo en lo que pienso ahora mismo es en ir a un bar para un Cosmo. Quiero ponerme mejor, Pedrito, y tengo que estar aquí para hacerlo. 

Ella mete un mechón de cabello negro detrás de su oreja.


—Estoy bien físicamente, pero mentalmente, estoy drenada. No puedo volver al mundo real aún. Todavía no.


Quiero que venga a casa, pero no voy a presionarla. Si ella siente que necesita más tiempo, entonces eso es exactamente lo que le daré durante tanto tiempo como quiera.


—Puedes tener más tiempo, pero en el segundo que realmente creas que estás lista para ir a casa, llámame y estaré en el primer vuelo, pese a dónde esté en el mundo.


Mamá levanta una mano y acuna mi cara.


—Oh, mi niño. —Aspira por la nariz y parpadea las lágrimas—Lamento que tuvieras que cuidar de mí. Has hecho mucho por mí... yo soy la madre, no tú,y aún refuerzas el plato y me mantienes avanzando.


Oír que admite todo lo que he hecho me golpea directamente en el corazón. 

Hace que todo lo que he hecho valga la pena. Hace que todo el estrés, todas las noches sin dormir y los miedos que he sufrido valieran la pena.


Su labio inferior tiembla y quiero retroceder. Ver a tu madre llorar es lo peor en el mundo. Eso te hace sentir pequeño e indefenso, como un niño.


—Ahora que he pasado la etapa oscura en la que estaba, puedo admitir para mí misma y para ti que quise morir. 
Antes de dormir todas las noches, rezaba para morir. 
Suplicaba a Dios para que no me dejara despertar, sabiendo que tendría que repetirlo una y otra vez, caminar sola, conducir al trabajo sola, comer sola, todas esas cosas que estaba tan acostumbra de hacer con tu padre, tenía que hacerlas sola y eso me afectó.


Ella se inclinó hacia delante, plantando un rápido beso en mi frente.


—Nunca quiero sentir eso otra vez. Nunca quiero que mis hijos me vean así otra vez. Ahora estoy mejor, no perfecta, pero mejor.


Realmente nunca he tenido una conversación profunda y significativa con mamá. No así, de todas formas. Ella deja caer sus manos de mi cara y le sonrío.  

—Nunca has estado sola y nunca lo estarás.  

Un pitido distractor sobre la P.A. nos saca de nuestra conversación y mamá se limpia su cara rosa con el dorso de su mano, y aspira por la nariz con tristeza...no, felicidad, quizás ambas.  

—Atención invitados, la hora de visita se está acabando ahora. Por favor digan sus despedidas. Son más que bienvenidos a volver en cuatro horas cuando las horas de visita empiecen de nuevo. Gracias.

Me pongo de pies y recorro mis dedos brevemente a través de mi cabello.


—¿Cuánto tiempo vas a estar en California? —pregunta mamá,levantándose del sofá.


—Hasta mañana por la mañana. Llevaré a Paula a la playa esta tarde, pero volveré y te visitaré en su lugar.


Ella se burla y me golpea alejándome.


—No seas tonto. Lleva a la chica a la playa. California es demasiado maravillosa para estar metido dentro.


—Pero...


—Nada de peros. —Sus largos, delgados brazos me rodean cuando me empuja para un abrazo y su olor familiar me envuelve—. Llévala a la playa.Estaré bien.


Después de un rápido adiós, cierro su puerta detrás de mí y tomo una profunda inhalación. Cuando exhalo, me siento diferente, renovado. Mamá está bien. Por primera vez en mucho tiempo, no está jugando con mi mente y estoy completamente liberado cuando pienso en ella. Han pasado muchos años desde que me sentí de esa manera y desde que conozco a Paula, los viejos capítulos de mi historia se han cerrado uno por uno, Carlos, mamá, todas las chicas casuales e,incluso, Dom. Desde aquí, nuevos capítulos serán escritos y presentarán a Paula en cada simple frase de cada simple párrafo. Sin ella en mi historia no puede avanzar y no puede estar completo. La amo. Ella es lo único bueno que me he permitido tener desde que dejé a papá meterse en mi cabeza, y hasta ahora, todo bien. Quizás soy bueno. Si no lo fuera, ¿por qué infiernos me darían a Paula? No pondrían a alguien tan inocente como ella en un camino dañino.


Quizás papá estaba equivocado conmigo

CAPITULO 185



Una vez que pasamos la recepción y ellos nos registran más de un par de veces para asegurarse de que no estamos tratando de pasar de contrabando nada,una enfermera nos lleva hasta las amplias salas y a través de lujosas áreas de descanso. Todo parece ser de un blanco brillante adornado con dorado. Todo el trabajo en piedra es de mármol y las luces son bajos candelabros de cristal. Este lugar es más como un hotel seis estrellas que un centro de recuperación de alcohólicos. La enfermera da vuelta a una esquina y seguimos. Los uniformes de aquí no son batas de médicos en varios colores de azul, sino más atuendo de oficina, ajustados vestidos de negocios y lujosos tacones demasiado altos. Por desgracia, yo encajo bien aquí. 


La enfermera se detiene ante una puerta y de repente un tornado de nervios barre a través de mí. Odio no saber lo que hay al otro lado de la puerta. Esto puede girar en ambos sentidos. O esto va a hacer que este viaje valga la pena o va a ser una completa pérdida de tiempo. 


La bonita enfermera rubia se vuelve hacia nosotros.  


—Atención, ella tiene un poco de mal humor esta mañana. 


Genial. Lamo mis labios en un intento para humedecer la sequedad nerviosa que se ha apoderado de ellos, no ayuda. Con un gesto amable, nos deja solos en la puerta. Me muevo más cerca de Pedro, permitiendo que mi dedo se deslice sobre el dorso de su muñeca.


—Voy a esperar aquí por ti. —Me aparto de él, sintiéndome un poco aliviada de que no tenga que ir allí con Julia, casi me evado de esto también, hasta que la mano dura, fuerte de Pedro envuelve la mía y me jala de nuevo hacia él. 

—Te quiero conmigo —dice él en voz baja mientras me aplasta contra su pecho. Es bajo y agresivo, golpeando todos los acordes correctos—. No me hagas enfrentarla solo. 

Pedro, ella es tu mad…


—Yo no te lo estoy pidiendo,Pau. Te necesito en la habitación conmigo.


Su cara... ni siquiera puedo soportarlo. Es dulce y exigente todo a la vez.


¿Cómo puede mi cerebro competir contra mi corazón? Mi cerebro sabe que es mejor para Julia, y para mí misma, si no estoy ahí contaminando su reencuentro, pero mi corazón sabe que debo estar ahí para apoyar a Pedro,
independientemente de cuan incómoda me sienta.


Asiento con la cabeza en acuerdo y él me sostiene más cerca por un poco más de tiempo. Tiempo y espacio se alejan mientras me sostiene con su mirada. El edificio podría estar en llamas en este momento, las alarmas podrían estar a todo volumen, los aspersores volando y no tendría ninguna idea. Estaría completamente ajena a todo lo que no sea Pedro. Sus manos circundan mi cintura y mi vista cae a sus labios mientras él los baja a los míos. Siento su respiración en mi rostro mientras dolorosamente elimina la distancia entre nuestras bocas. Mis labios están separados para el momento en que su mirada baja a la mía y antes de que se sellen con fuerza, su cuerpo se pone rígido y él vuelve su cabeza, alejando sus labios pulposos de mí. 


Parpadeo rápidamente, sintiendo como si hubiera acabado de salir de algún control mental, loco y lleno de lujuria. Yo estaba demasiado consumida por Pedro para oír la puerta de Julia abrirse y cuando giro mi cabeza, me encuentro con los ojos oscuros, color café expreso, que pertenecen a una madre enojada.

Pedro cambia su peso y me apartó de él, enderezando mi camisa y falda. 

Siento que mi cara se enciende y me aclaro la garganta. No hay rastro de vergüenza en las facciones de Pedro y me pregunto, si a él realmente le importa que fuéramos sorprendidos por su madre fuera de su puerta. 

Hay un largo silencio y mi mirada vacila entre los dos. Ellos se miran entre sí en algún silencioso enfrentamiento, por lo menos ahora sé de dónde lo sacó. El silencio no duró mucho, y es rápidamente roto cuando la mano de Julia se dispara y abofetea a Pedro a través de la cara. Jadeo y mis manos vuelan hasta cubrir mi boca. Él apenas se ve afectado por la bofetada y sigue observando a su madre. El pelo se eriza sobre la superficie de mi cuerpo y todo mi sistema se inunda con sorpresa e ira.


¿Qué carajos?

miércoles, 28 de mayo de 2014

CAPITULO 184




El instituto no es nada como lo que imaginé. Me imaginé un cubo frío, blanco, como edificio, no me esperaba un balneario en la playa. Conducimos por un camino largo y recto, bordeado con hermosas palmeras y arbustos. Yo bajo mi ventana y el coche se inunda con el olor de flores diferentes. Qué lugar encantador.



El esquema de color de los edificios, los marrones y los carboncillos,contrastan bien con el cielo azul y la arena casi blanca, no es nada como la prisión sin brillo que preveíamos. Contemplo soltar una broma acerca de convertirme en un alcohólico sólo para quedar atrapada en un lugar como este, pero decido no hacerlo. En un sentido es demasiado pronto para hacer bromas como esa.

Aspiro el aroma fresco de la sal del mar y esta hace cosquillas en la parte posterior de mi garganta. Me encanta estar aquí.

California se siente a mundos de distancia de Portland, Maine.


Estoy paralizada de asombro ante la serenidad de la institución, desde el camino de entrada al estacionamiento, todo esto me sorprende y no es hasta que siento los labios llenos de Pedro presionados rápidamente contra mi mejilla, que me doy cuenta de que hemos parado. Cuando lo miro, me sonríe, pero es una sonrisa falsa que asumo se supone que me haga sentir mejor. Sus ojos son oscuros, nublados, y los hermosos ríos de oro son apenas distinguibles. 

Sin decir una palabra, me deslizo de mi asiento y cierro la puerta. Mientras nos rodeamos la parte trasera del coche, Pedro mete las manos en sus bolsillos. Yo lo estudio de cerca mientras él respira profundamente, preparándose para el reencuentro con su madre. Su camisa azul cielo se estrecha alrededor de su pecho con cada inhalación y me acerco a él, pasando mis brazos por las duras aristas de sus bíceps y hacia su nuca. Suelta aire de sus mejillas.

—Me siento estúpido. 

Yo frunzo el ceño. 

 
—¿Por qué te sientes estúpido? 

Encoge sus anchos hombros. 

 
—Porque estoy nervioso... —Sus párpados caen una fracción y por alguna razón, su repentina vulnerabilidad perfora mi corazón—. Hay una sensación de malestar en la boca de mi estómago y siento ganas de vomitar.


En este momento, veo un vislumbre de lo que Pedro podría haber parecido como un niño, con toda su inocencia aún intacta, grandes, brillantes ojos marrones, labios rectos, y un pequeño surco de preocupación entre las cejas.


Adorable. 

—No te sientas estúpido —le digo, incapaz de ocultar una sonrisa.


Bajo mis brazos y engancho uno alrededor del suyo. Poco a poco, lo acerco más a la puerta principal. 

 
—Tú tienes todo el derecho a estar nervioso y si termina en una buena nota o una mala nota, todo esto se acabará pronto. Entonces, los dos podemos sentarnos y estar de mal humor o podemos ir a la playa, lo que quieras hacer, lo haremos.


Asiente con la cabeza y el movimiento me mantiene ligada a su infancia.


Tan jodidamente adorable.