viernes, 16 de mayo de 2014

CAPITULO 143



Pedro 

A menos de una semana para las Vegas
 
Ella salta delante de mí, sus pechos elevándose un poco más alto cada vez que se empuja fuera del suelo. Resulta que, Paula es muy competitiva.Luciano había apostado cien dólares a que no podía darme un golpe. Decidida a demostrarle que se equivocaba, se coloca un par de guantes y sube al ring de boxeo conmigo. Sus maravillosos ojos verdes se encienden hacia mí desde debajo de sus espesas pestañas oscuras y sonríe alegremente antes de saltar hacia mí.
Rápidamente, doy un paso fuera del camino y toco su hombro. Ella se arroja hacia mí y su cabello oscuro sigue su ejemplo, dando vueltas a su alrededor de manera sexy antes de deslizarse a través de la parte superior de sus pechos. Arrastro mi mirada de sus pechos a su cara. La expresión traviesa de Paula, ahora, se convirtió en frustración. Realmente pensó que esto iba a ser fácil... Luciano y Damian ríen en el banquillo, molestándola aún más. 


—Me subestimaste. —Me río de ella, haciéndola sonreír de nuevo.


Dios, amo hacerla sonreír.


Se lanza hacia mí de nuevo, y la eludo, como la última vez y mantengo mis puños en alto a pesar de que no tengo la intención de utilizarlos en ella.


—¿Estás huyendo de mí, Pedro? —bromea, tratando de conseguir una reacción de mí—. ¿Tienes miedo de que te lastime?


No puedo detener la risa que retumba en mi pecho.  

—Estoy aterrorizado. 


Arquea una ceja. 


—Estoy aterrorizado de que te lastimes intentando lastimarme.


Paula niega, entrecerrando los ojos. Se lanza hacia delante, enviando un puño hacia mi sección media, pero muevo mis caderas hacia atrás y el puño no conecta. Ahora me tiene en el pie de atrás y sonríe mientras salta hacia adelante.
Oigo a Luciano jurar por lo bajo, pero no estoy sudando. Él no va a perder un centavo contra Paula y si no tiene cuidado, va a hacerme venir con toda su fuerza en el segundo en que estemos fuera de este ring. Envuelvo mis brazos alrededor de ella, sujetándola de lado y sonrío hacia ella mientras su pequeño cuerpo lucha contra mí.
Siento a mi polla sacudirse y trato de calmarme, manteniendo mis ojos en su cara y no en los montículos voluptuosos que presionan firmemente contra mi pecho. No sé cómo lo hace, pero cuando estoy con ella es como si fuera un adolescente fuera de control que nunca antes ha tenido sexo con una chica. 

—Esto no es justo —gruñe, dejando caer su cabeza contra mi pecho y relajando su cuerpo. 

Luciano tira de las gruesas cuerdas del ring, gritando y animando mientras entierro mi nariz en su cabello y beso su cabeza. 

—Tal vez, la próxima vez —le digo, dejándola ir.

—Tal vez. —Da un paso atrás y sostiene sus guantes hacia mí—. ¿Puedes ayudarme a salir de esto? 

Esas siete palabras incitan algo salvaje dentro de mí, y no tengo ni idea de por qué. Todo se reduce al hecho de que ha pasado un tiempo desde que tuvimos sexo, gracias a Damian y sus reglas. No creo que pueda aguantar un minuto más sin poner mis manos sobre ella... o en ella.
Deslizo mi lengua por mi labio inferior para humedecerlo y Paula observa de cerca. La repentina tonalidad rosada en sus mejillas no se me pasa de largo y sé que ella me desea tanto como yo la deseo. Estiro la cinta en mis manos y las desenvuelvo con facilidad mientras Luciano y Damian dejan la sección de boxeo y entran en la sala de entrenamiento, listos para iniciar el resto de mi sesión de entrenamiento. Por el momento, no voy a entrar ahí. Estoy llevando a mi chica a la ducha y voy a cuidar de ella. Miro a Pau y engancha su mirada con la mía mientras saco sus guantes, liberando sus manos. Muerde su labio inferior con sus dientes y se acerca unas pulgadas, mirándome a través de sus pestañas oscuras.


Está prácticamente rogándome que la tome. 

Agarro su mano y la llevo hacia el borde del ring. Estiro las cuerdas, abriéndolas, lo que le permite deslizarse a través de ellas con facilidad y la sigo de cerca.


—Pedro, ¿a dónde vas? —me llama Damian después que le sonría por encima de mi hombro. 

—Estaré fuera un minuto. 

Él jura por lo bajo.


—Puse reglas para ayudarte a ti, no a mí. 

Paula mira por encima del hombro a mí y yo asiento para que siga caminando.
A pesar de la protesta de Damian, la sigo a las duchas femeninas. En el interior, entramos en una cabina y lo bloqueamos detrás de nosotros. Cuando estamos solos en el gimnasio, nos bañamos en el abierto, pero cuando hay otras personas alrededor nos duchamos en una de las cabinas, incluso si es solo Luciano y Damian quienes están afuera. Eso es lo que más me gusta de Paula. Se respeta a sí misma y a mí. Las chicas que tenía normalmente alrededor eran generalmente rápidas en mostrar sus tetas a cualquiera que pasaba, pero no mi Paula.

Ella es la primera en arrojar su ropa y observo de cerca cómo se saca su sujetador deportivo sobre su cabeza,dejando al descubierto sus duros pezones rosados. Necesito de toda mi fuerza para permanecer apoyado contra la pared y no descender con avidez sobre ella, tomándola con fuerza, atrayendo sus picos en mi boca. Mi mirada va desde sus pechos a sus caderas mientras sus dedos se enroscan alrededor de sus diminutos shorts negros. Observo como los arrastra por sus largas piernas. Mi mirada revolotea sobre su cuerpo, sin saber en qué concentrarse primero. Disfruto de todo, cada uno de sus poros, cada uno de los folículos de su cabello y pecas. Es mío.

Alcanza el grifo de agua fría y enciende la ducha. Todo su cuerpo se tensa mientras se encuentra justo debajo de la corriente fría.
 
—¿Vas a tomar una ducha fría? —le pregunto, incapaz de contener una risita.


Se estremece, dejando a las corrientes frías correr por su cuerpo y haciendo arder mi sangre.


—Bueno, sí, ¿de qué otra manera voy a aguantar el resto del día?


Piel de gallina erupciona sobre la superficie de su piel, convirtiendo a sus pezones en guijarros. Listo para unirme a ella, bajo de un jalón mis pantalones e inmediatamente veo sus ojos descendiendo por mi longitud. Estoy tan duro que todo me duele, pero no trato de ocultárselo. Sus ojos atrapan a los míos cuando alcanza el soporte de la ducha y le da un codazo, volviéndola al grado extra frío.
No tiene sentido para mí tener una ducha ahora, cuando salga voy a tener que empezar la otra mitad del entrenamiento, pero quiero complacerla,satisfacerla, antes de que se vaya de aquí hoy. A paso lento me acerco a ella e incluso por encima del ruido de la ducha oigo el aliento en su garganta. Tiembla ligeramente cuando llego a su alrededor, colocando poco a poco la ducha en caliente y más caliente, hasta que el vapor comienza a llenar la cabina a nuestro alrededor. La deseo caliente y nerviosa. Quiero que me suplique que la folle y hacerla venir. Me apoyo muy cerca, presionando cada centímetro de mi cuerpo contra el suyo hasta que presiona su espalda firmemente contra el cemento frío. 

Bajo mi boca a su cuello, lamiéndola lentamente.


—Por favor,Pedro —gime en mi oído. 

Jodido infierno.


De nuevo la miro a los ojos y descanso mi frente contra la suya. Corrientes de agua sobre nuestras cabezas se deslizan por la piel y fluyen fuera de los ángulos de nuestras caras. Sus iris verdes me queman desde debajo de sus pestañas oscuras y me están pidiendo que la devore mientras sus manos se deslizan por las crestas de mis brazos y sobre mis hombros antes de parar alrededor de mi cuello. Lentamente, mueve su boca hacia la mía y cuando me presiona contra sus labios flexibles y rosados, lo pierdo. Necesito tenerla y no hay reglas que vayan a detenerme. Fuerzo mi lengua entre sus labios y voluntariamente abre su boca. Arrastra sus dedos por mi cabello, apretándome con más fuerza contra ella y deslizo mis manos por la curva de sus caderas, agarrando su culo desnudo. Gime en mi boca mientras engancha un delicioso muslo alrededor de mi cadera. Mi pene presiona ansiosamente contra su coño caliente y resbaladizo y ahora no hay manera de que me detenga.


—Hazlo —jadea contra mis labios, flexionando sus caderas hacia mí—. Por favor, hazlo. 

―¿Lo quieres? —le pregunto, sonriendo—. ¿Me quieres sentir dentro de ti?
—Sí —respira, capturando mi labio entre sus dientes—. Ahora.


Me agacho y me posiciono justo donde quiero estar y entro despacio, sabiendo que si voy demasiado rápido todo esto habrá terminado antes de que comience. Se siente tan bien, más allá del bien y un bajo gutural gemido se libera de mi garganta. Siento que las paredes de su coño suave aprietan la punta de mi polla y esta late en respuesta. Ha pasado demasiado tiempo desde que la he tomado.


—¿Pedro? —Una voz profunda familiar hace eco por toda la habitación y Paula libera mi labio mientras su cuerpo se pone rígido. 

Cierro los ojos por un momento, rogándole a Dios, o quien coño este escuchando, que haga desaparecer a Damian. 

—Hay un promotor de la MMAC aquí. Quiere hablar con el dueño y el gerente del gimnasio sobre la publicidad —llama Damian por encima del rugido de la ducha y Paula se muerde el labio inferior conteniendo una risita mientras una tonalidad rosa destella a través de sus mejillas—. Así que ustedes dos animales tienen que ponerse algo de ropa y salir aquí Con una exhalación fuerte alcanzo el grifo, girando el de agua caliente fuera y sumergiéndonos a ambos en agua fría. El agua se conecta con mi cuerpo, y Paula y yo saltamos, presionándonos a nosotros mismos con más fuerza contra lo demás mientras el agua lleva nuestra caliente sesión por el desagüe, llevando mi erección con ella. Bueno, fue divertido mientras duró. Una amplia sonrisa se extiende sobre los labios de Paula y sus manos se disparan para cubrirla mientras risitas brotan de ella. Supongo que vamos a tener que esperar.

CAPITULO 142



PEDRO 
 
He estado golpeando mis puños en esta maldita bolsa durante la última hora, esperando que Paula termine de limpiar el gimnasio. No hay nadie más, las puertas están cerradas y las persianas bajadas, pero ella insiste en tener todo en la mejor forma para cuando se abre por la mañana.

No puedo decir que no disfruto viéndola caminar por el lugar con un pequeño mohín determinado en sus sexys labios rosados, porque lo hago.

Hace una ronda, recogiendo algunas toallas de aquí y allá. 

Me acuerdo del día en que dejé caer mi toalla y le exigí recogerla. Fue un movimiento estúpido, pero estaba tan enojado con mi madre y creyendo que iría al programa de alcohólicos. Estaba decepcionado, de nuevo.


La compra del gimnasio fue un buen movimiento de mi parte. Paso la mayor parte de mi tiempo aquí y me da la oportunidad de ver a Paula todo el día y aunque no puedo tocarla, ella es siempre agradable a la vista. Ella entra en la sección de boxeo del gimnasio y le hablo. Dejo que la toalla que tengo en mi mano caiga de mis dedos y sus gloriosos ojos verdes, la siguen todo el camino hasta el suelo. 
―Se te olvidó una ―digo, incapaz de contener mi sonrisa.
Ella chasquea su larga cola de caballo color chocolate por encima de su hombro y se acerca hacia mí con una pequeña sonrisa de suficiencia,dispuesta a jugar mi juego. 

Su lengua se dispara para humedecer su delicioso labio inferior y lucho contra el deseo de hacerlo yo mismo.

Presiona su dedo índice firmemente contra mi pecho sudoroso.

―Recoge tu maldita toalla ―declara, haciendo que mi polla dé un tirón.

Mi mirada cae a su pecho. Veo sus pezones presionando con fuerza contra su camiseta sin mangas de color rosa. Su sostén deportivo falla al ocultar su evidente excitación.

Agarro su cadera, acercándola más a mí y ella felizmente accede. Siempre pienso en lo que hubiera pasado entre nosotros si esa mujer rubia no hubiera aparecido. 
¿Me habría dejado tomarla? Me gusta pensar que sí.
En el principio, odiaba Portland, pero en el momento en que vi a Paula sabía que ella iba a cambiarme.

Verla una y otra vez me volvió loco y ella rápidamente se convirtió en una obsesión. Obligándome a mantener mis manos lejos de ella cuando estaba tan dispuesta a entregarse a mí fue, sin duda, una de las cosas más difíciles que he hecho, pero valió la pena. Ella es buena y yo estoy… bueno,estoy trabajando en ello.

Me sonríe a través de sus pestañas oscuras y trazo mi pulgar a lo largo de su mandíbula. Quiero pasar mi lengua a lo largo de ella y saborearla.

Quiero recostarla en la colchoneta debajo de mí y hacerla suspirar y gritar mi nombre, un sonido del que nunca me cansaré.

―¿Qué estás pensando? ―me pregunta, buscando mis ojos.

Si presiono más fuerte contra ella, será capaz de sentirme y sumar dos más dos. En su lugar, yo sonrío.
 
―No es muy PG , te diré eso.(parental guide)

Paula arrastra sus dientes sobre su labio inferior y la palma de su mano se aplana contra mi pecho.  

―Entonces deberíamos ducharnos y salir de aquí.

Mi piel bajo su mano se estremece cuando ella se aleja y la sigo a la sala de duchas.

Mantener los ojos delante de mí y no en su apretado trasero cubierto resulta ser difícil, hasta que llegamos a la sala de ducha. Tantas veces que he estado a solas con ella aquí y ni una sola vez la he tomado con fuerza contra la pared de cemento, a pesar de que he querido, desesperadamente.

Normalmente, Paula se baña en una casilla, al parecer es tímida. Dios sabe por qué, tiene el cuerpo más perfecto, desde las pantorrillas bien formadas hasta sus grandes pechos turgentes con sus grandes pezones rosa claro.

Pensándolo bien, tal vez es bueno que se bañe a puerta cerrada.

Odiaría que los ojos de alguien más la vieran como lo hago yo.

Cuando enciende la ducha, el vapor se acumula rápidamente. Ella se saca sus zapatillas de deporte y poco a poco se baja sus mallas. Permanezco quieto, mirando como revela su piel lechosa para mí, pieza por pieza, y sigo viendo hasta que está completamente desnuda y de pie bajo el flujo del agua. El agua rueda por su cara y labios carnosos.

Viaja sobre los picos de sus pechos y por su vientre plano.

Niego un poco. No puedo ayudar, pero verme envuelto en los pequeños detalles cuando estoy cerca de ella… ella
simplemente tiene ese efecto en mí.

Ella me afecta y me encanta. La amo. Cuando alguien te afecta tanto que no puedes dormir por la noche sin ellos, no puedes pensar con claridad cada vez que están en la habitación y lo has arriesgado todo por ellos, vas por ello. 

No tomas ningún riesgo. Paula sabe que la amo. Sabe que arriesgue todo mi futuro por ella, pero no sabe acerca de mis planes para hacerla mi esposa.

Paula Alfonso.

¿Tiene un bonito sonido? ¿No es así?

jueves, 15 de mayo de 2014

CAPITULO 141



Me siento junto a la tumba fresca de mi padre, silenciosas lágrimas rodando por mis mejillas. El sol se pone sobre el puerto y el color rojo-naranja abriga el matiz completo en una luz rosa. He estado sentada aquí durante horas, temiendo al pensamiento de volver a casa. Agustin se fue esta mañana para regresar a Pakistán. Se comprometió a conseguir más tiempo por Skype, lo que hizo su salida más llevadera y mi mamá no va a estar en casa tampoco.

Ella decidió pasar un poco de tiempo a solas en una escondida cabaña por dos noches. Al parecer, ella y papá se quedaban allí todo el tiempo. No sé cómo voy a soportar estar en la casa sola. No he estado realmente sola con mis pensamientos todavía. Siempre había alguien flotando alrededor del lugar, pero por los próximos dos días estoy por mi cuenta. 

Me levanto y me doy la vuelta de la tumba de papá. Quiero evitar estar en el cementerio sola en la noche, así que camino el kilómetro hacia mi auto y me alejo manejando. 

Cuando llego a casa, no hay autos en el camino de
entrada y entro, estacionando, justo en frente del garaje.

Aspiro profundamente, preparándome mentalmente y salgo del auto. Me acerco a la pequeña puerta blanca y mis dedos se detienen en el pestillo. No puedo quedarme aquí sola. No esta noche. La puerta chilla cuando la dejo ir y me giro de vuelta a mi automóvil. Me quedaré en mi apartamento.

―No vas a dejarme aquí solo, ¿verdad?

La voz de Pedro me sobresalta, y me giro rápidamente hacia la casa. Un movimiento por el árbol me llama la atención, y ahí está, apoyado en el árbol de roble en el patio delantero. 

Su cabello está en un salvaje desorden más de lo normal, dándole un atractivo sexual devastador mientras se asoma más o menos sobre su frente. Tiene los brazos cruzados sobre el pecho y las mangas cortas de su camisa negra aferrándose firmemente a él, acentuando los fuertes, musculosos, antebrazos desnudos. Se ve positivamente delicioso y los pezones se endurecen contra mi sujetador de encaje cuando mi mirada se posa sobre su boca. Sus labios carnosos se curvaron en una pequeña sonrisa arrogante, como si supiera lo que estoy deseando. Miro sobre mis hombros. No puedo ver su auto en cualquier lugar.

 ―¿Cómo? 

 ―Me estacione a la vuelta de la esquina.

Olvidando el pestillo, salto la puerta y corro hacia él. Él abre sus brazos y encajo perfectamente, envolviendo mis piernas alrededor de su cintura y estampo mis labios contra los suyos.Pedro me aprieta contra él con una presión devastadora, pero no me atrevo a quejarme. No quiero que me suelte, nunca. Alejo mis labios, jadeando sin aliento.

 ―No tenía idea de que ibas a estar de vuelta hoy. 

 ―Fue doloroso evitar deliberadamente tus llamadas, pero quería darte una sorpresa. 

 Me río. ―Misión cumplida. Estoy feliz, realmente feliz. Si alguien puede llevarse la angustia y las dudas, ese es Pedro. Siempre es Pedro. Me deslizo de él y tiro de su mano. Me sigue al porche y saco la llave del bolsillo trasero de mis vaqueros. Abro la puerta y lo llevo al interior. 

Enciendo las luces del cuarto de estar y cierro la puerta detrás de él. ―¿Tu mamá está…?   

―Ella no está en casa.―Corté ansiosamente. Tiro de él hasta el pasillo y lo llevo a mi antigua habitación. Enciendo la luz y Pedro casi se encoge. ―Es tan rosa. ―Lo sé. No sé en qué demonios estaba pensando. Pedro agarra mis caderas en un firme e inquebrantable agarre, capturándome con la guardia baja. Una emoción se dispara por mi espalda con su toque. Un segundo más tarde, me está empujando hacia atrás sobre la cama. Aterrizo en mis codos,deslizándome hacia arriba mientras se sube encima de mí. Su cuerpo pega el mío firmemente contra la cama. 

Gimo cuando sus labios llenos chocan con los míos y su lengua sale rápidamente deslizándose contra mi labio inferior. Sus dedos se mueven constantemente por debajo de mi camisa, rozando la delicada piel de los costados.

Extrañamente, su dedo se desliza sobre un punto específico en mis costillas y me encojo. Apartándome de su boca me reí y él sonríe hacia mí. 

 ―¿Cosquillas? 

 ―Por supuesto que no. Acaricia el lugar con su dedo de nuevo y me retuerzo, mordiéndome el labio. Me las arreglo para detener el flujo de risa lo suficiente como para que él se rinda y plante un beso en la nariz. 


 ―Te extrañé como loco, ¿sabes?
   
Me burlo, juguetonamente.  

―Sí, claro, vi todas esas muchachas bonitas promotoras. Apuesto a que tuviste el momento de tu vida.

Él apoya la barbilla en mi pecho y me mira a través de esas espesas pestañas oscuras.

―Fue un infierno, en realidad. ¿Quieres saber cuántas chicas se presentaron en mi habitación prácticamente desnuda? ―Niego. Algunas personas no tienen vergüenza y me da rabia―. ¿Te importaría si te dijera que le di a cada una de ellas la espalda? ―Miro sus ojos y los remolinos de oro en sus iris destellan―. Fui un chico muy bueno, no me tente por nada durante un segundo. 
Está sonriendo ampliamente, como si estuviera muy orgulloso de sí mismo. Estoy orgullosa de él. Ha recorrido un largo camino desde la persona que solía ser.

―Bueno, hubo una falta de hombres desnudos arrojándose hacia mí en tu ausencia, por desgracia, así que no tengo nada para ayudarte a aumentar tu confianza, no es que necesites a nadie para aumentar ese ya increíblemente alto ego tuyo.

Soltó la carcajada que tanto amo y eso me obliga a unirme a él.  
―Eres muy hilarante. Debo de estar estrujándome sobre ti.
La palabra “estrujar” enciende algo en lo profundo de mi estómago y ahueco su cara entre mis manos, arrastrando su boca hacia la mía.  
―Hablando de estrujar… ―Me reí entre dientes contra sus labios.

―Estoy un paso por delante de ti. ―responde él,deshaciendo el botón de mis pantalones vaqueros con facilidad. Mis caderas se flexionan contra él mientras su dedo se desliza debajo de mis pantalones y la tela de mi ropa interior. Me río una vez más antes de que su lengua se deslice en mi boca y me disuelvo en él. Sus dientes atrapan mi labio inferior, rudamente y yo jadeo. 
―Te amo, nena. ―Susurra. 
Le sonrío.  
―También te amo.


CAPITULO 140



Pedro deja que Dom llegue hasta él primero, sin duda tratando de medir su ritmo de juego, la mano favorable, y cuál pie le gusta presentar primero.

Dom se balancea hacia Pedro, pero él esquiva inclinándose hacia atrás rápidamente. Cuando Dom tira su brazo hacia atrás, Pedro se dispara hacia adelante pegándole con la mano abierta sobre su sien izquierda. Dom sacude su cabeza y los comentaristas adoran que Pedro esté jugando con su competidor. Uno de los comentaristas incluso lo llama “suicida” por tratar de molestar a Dom Russell. Pude ver la mandíbula de Dom contrayéndose furiosamente mientras él lanza implacables golpes hacia Pedro. La mano  
izquierda de Pedro se levanta, bloqueando cualquier golpe que Dom está lanzando, mientras su puño derecho lanza un gancho al exterior, dándole un puñetazo en el estómago. 

Dom balancea su pierna para patear las piernas de Pedro por debajo de él, pero Pedro bloquea la pierna con la suya, enviando un gancho asesino directo a la mandíbula de Dom. Conecta y envía el rostro de Dom a un lado. Me estremezco ante el poder en su puño y casi salto de mi asiento, incapaz de contener mi emoción. Dom tropieza hacia atrás, aturdido y Pedro sigue el golpe con un pie en las costillas. Dom se recupera rápidamente y se lanza hacia Pedro, aterrizando un buen y fuerte golpe a un lado de su cabeza. Mis manos vuelan hasta taparme la boca mientras Dom envuelve sus brazos alrededor del pecho y los hombros de Pedro, llevándolo hacia atrás y en la jaula. 

Dom atrapa a Pedro y deja sus puños volar.  

Repetidamente, golpeando a Pedro en la cabeza una y otra vez. Los sonidos horribles me cubren poniéndome la piel de gallina.

―¡No! ―rugí, tratando de mantener la voz baja, para no despertar a mamá. Cada vez que los puños de Dom conectaban me estremezco. Puedo escuchar el sonido escalofriante de hueso chasqueando contra la carne, y los cabellos de mi cabeza hormiguearon de miedo. Veo a Luciano más abajo de Pedro, gritándole y Pedro presiona los talones en el pie de Dom, forzándolo a perder el equilibrio. Pedro empuja a Dom de espalda y va al nivel bajo, envolviendo sus brazos alrededor de las piernas de Dom y derribándolo. Él no malgasta el tiempo en lanzarse hacia Dom. Se monta a horcajadas presionando los muslos en la sección media de Dom y comienza a llover golpes en la cabeza y la cara. Los brazos de Dom surgen para proteger su rostro de los golpes, por lo que Pedro se inclina hacia atrás para lanzar golpes en las costillas de Dom. 

Puedo ver el sudor corre por la espalda de Pedro y su  
pecho subiendo y bajando con dificultad. Dom mueve rápidamente sus caderas, tirando a Pedro de él justo cuando los comentaristas juraron que el árbitro iba a terminar la pelea. Cuando Dom intenta rodar lejos, Pedro agarra su brazo y envuelve sus piernas alrededor de Dom, enderezando su brazo.

―¡Oh, no! ―Un comentarista grita, sobresaltándome―. Pedro tiene a Dom en una barra de brazo. ―Pedro tira con fuerza hacia abajo y el rostro de
Dom se contrae. Él no quiere darse por vencido. El árbitro se pone cerca de la cara de Dom, hablando con él.

Cada pocos minutos Dom sacude la cabeza, negándose a rendirse. Pedro ajusta su posición y jala aún más fuerte. 

Dom no puede mantener los ojos abiertos. Es demasiado dolor y de pronto me siento mal por él. Hay una sonrisa sardónica en la cara de Pedro, él sabe que lo tiene. Todo lo que tiene que hacer es aplicar un poco más de presión y el brazo de Dom se romperá,pero él quiere que Dom se someta a él. Quiere que Dom golpetee ligeramente y sea humillado. Cierro los ojos mientras la cámara se acerca a la forma incomoda del brazo de Dom. El público se vuelve loco, rogando porque Pedro lo rompiera. Cuando abro los ojos, soy testigo de la palma de Dom palmear el suelo del ring salto de mi silla. ¡Pedro lo hizo! Derrotó a Dom. 

Bailando alrededor de mi sala de estar después de una pelea no es algo que alguna vez admitiré de hacer, pero lo hago. Lo hago de felicidad, por orgullo,infierno, incluso lo hago por la excitación, porque me es imposible sentarme sin retorcerme. Nuevas olas de gritos rasgan entre la multitud, forzándome a volver mi atención a la pantalla. Los equipos están en el ring, separando a los dos combatientes.

Ellos están gritándose el uno al otro, muriéndose por ir
a otra ronda ente ellos. Dom está enojado, con el rostro al rojo vivo. Pedro sonríe hacia Dom y eso le molesta aún más. Seguridad vuela al ring para ayudar al equipo de Dom a contenerlo. No puedo oír nada por encima del rugido de la multitud o las voces molestas de los comentaristas y nerviosamente muerdo mis uñas. Pedro observa con las manos sobre sus caderas mientras arrastran a Dom del ring.

Cuando se fue, el árbitro levanta la mano de Pedro y la gente enloquece.

Ellos gritan, aúllan, cantan, aplauden y pisotean fuerte sus pies. La energía fluye a través de mí cuando el director general de la MMAC da un paso al ring. El locutor le entrega un micrófono y se dirige a la multitud.

Mis ojos están puestos en Pedro, no prestando atención a una sola palabra de lo que el director está diciendo. Pedro está sonriendo modestamente así que sé que tiene algo que ver con sus dotes impresionantes. El director le tiende a Pedro un contrato enmarcado y se toman fotos. Y los comentaristas pasan por los aspectos más destacados de la pelea, cierro el navegador y apago el monitor con una gran sonrisa en mi cara.

Pedro logró su sueño. Lo persiguió y lo consiguió. Eso me deja pensar en mi sueño, el sueño de convertirme en una autora de romance. En los últimos meses, sin duda me he desviado de lo que quiero hacer. Por lo menos ahora tengo suficiente material para escribir ese, felices para siempre en el que he estado pegada. Tal vez manejar el gimnasio me dará tiempo para escribir Si no, voy a tener que hacer tiempo.

No puedes llegar a tu sueño, a menos que lo intentes, ¿verdad?

CAPITULO 139



Han pasado exactamente siete días después de la última vez que vi a Pedro. Mamá y Agustin se fueron a la cama hace media hora. Me siento en el escritorio, acercándome a la pantalla de la computadora tanto como puedo. 

Abro el navegador web y escribo "Pedro vs Dom Las Vegas" en el buscador. De inmediato me lleva a la página web de la MMAC y la transmisión en vivo de la pelea. El edificio en el que están luchando es enorme, fácilmente albergando a decenas de miles de personas. La cámara exploraba sobre la rugiente muchedumbre antes de mostrar una repetición más destacada de otras luchas antes esa noche. Cuando esta terminó, se mostró un resumen de la ceremonia del pesaje entre Pedro y Dom. Los patrocinadores se alineaban en la pared del fondo como lo hacían las chicas de promoción, con pantalones cortos de color rojo y bikinis. 

Escuché atentamente a los comentaristas mientras recapitulaban las directrices del torneo.

―Es un formato de lucha de ocho hombres. El último hombre en pie recibe cien mil dólares, un contrato con la MMAC y el título de Campeón Amateur. La pelea de campeonato requiere de un profesional del pesaje dentro. 

Ninguno debe de superar los ochenta y seis kg.


Sintonizo a los comentaristas y veo la báscula de pesaje dentro. Dom va primero. Él tira de su camisa, dejando al descubierto su espeluznante tatuaje del dragón, y se la entrega a su entrenador. Dom dio pasos a la báscula y pesa ochenta y seis exactos. Sorprendente, considerando el tamaño de él.

Damian sostiene la camiseta de Pedro mientras él pasa a la báscula, ocho-seis-con-cinco. Mi pulso aumenta y empiezo masticar mis uñas. ¿Qué significa eso? ¿Quiere decir que está descalificado? Veo a Dom sonreír y quiero darle una bofetada a través de la pantalla.

Luciano le da a Damian una toalla y el CEO de la MMAC ayuda a Damian a cubrir el frontal de Pedro mientras se desliza de sus pantalones cortos. Los ojos de Pedro se bloquean con la cámara y sus labios se curvan en una sonrisa arrogante. El calor atraviesa mi cuerpo, porque sé que es para mí. La toalla está un poco baja y puedo ver la forma de "v" del musculo oblicuo de Pedro.  

Estoy sonriendo mientras otros sofocos me atraviesan y exprimo mis piernas juntándolas. Me fijo en los ojos de las chicas detrás de él permanecer en su parte trasera y no pueden contener las sonrisas de sus caras tampoco.

Frunzo el ceño a la pantalla, luchando contra el impulso de gruñir "mi precioso".

Él da un paso de vuelta en la báscula y no baja en absoluto. 

Oigo a los comentaristas decir que Pedro tiene una hora para cortar ese medio kilo. ¿Es eso posible? Da un paso atrás en sus pantalones cortos y la toalla cae.

La película se corre al segundo pesaje de Pedro. La toalla sale y sus pantalones cortos caen. Cuando él da un paso de vuelta en la báscula, está en el peso ideal para la pelea. 

Pedro y Dom se paran cerca el uno del otro, con los puños levantados hasta que la gente toma las fotos. Cuando vi esto en el pasado, papá siempre me dijo que es sólo diversión y que en realidad no se odian entre sí, pero estoy viendo a Dom y a Pedro y veo el odio. Lo siento.  

La imagen nos lleva de vuelta al ring vacío y oigo la canción de introducción de Dom. Es una canción que nunca he oído antes y estoy el noventa por ciento segura de que es en alemán. Las cámaras lo siguen desde su pista, todo el camino al ring. Hay un destello de arrogancia en sus ojos. 
Esta exactamente donde quiere estar. Dios sabe cuánto tiempo ha querido luchar con Pedro sin las restricciones y ahora puede. Dom entra en el ring y se detiene en su esquina. No ofrece ninguna reacción a la multitud y a ellos les encanta. Los comentaristas hablan al fondo del boxeo de Dom y sus ocho a cero en las estadísticas de lucha, afirmando que está invicto. Odio cada segundo que la cámara se detiene en su cara enojada.

Mi estado de ánimo al instante se ilumina cuando escucho la canción de introducción de Pedro. Un pequeño cuadro aparece en el lado de la pantalla que me dice que la canción es "Somos los dueños" de Wiz Khalifa. 
Hago una nota mental de comprarlo más tarde. Es fácilmente mi canción favorita ahora. La cámara sigue a Pedro de cerca, incluso mostrando fragmentos de Damian y Luciano detrás de él. Sus rostros eran duros,determinados.

Una vez en el ring, la música de Pedro se corta y me doy cuenta de que he estado aguantando la respiración. 

Durante la conversación del locutor, las manos de Pedro se aprietan en puños. Se aflojan y luego se aprietan de nuevo.

Él rebota sobre las puntas de sus pies un par de veces antes de inclinar la cabeza hacia el techo, los ojos cerrados.

Su pecho cae mientras sopla un suspiro largo y lento. El árbitro llama a ambos chicos al centro del ring. Él exige una pelea limpia y los envía de regreso a sus esquinas. Con una palmada de sus manos, comienza la lucha.