jueves, 30 de octubre de 2014
CAPITULO 243
Salem’s Lot es un bar de moteros. Por supuesto Maca arrastraría a las chicas aquí. Mi hermana siempre ha tenido una obsesión enfermiza con motos rápidas, tatuajes y cuero, por lo que tiene todo el sentido que las encontrara en el club más grande de Las Vegas que contiene sus cosas favoritas.
Salgo de mi coche y cierro la puerta tras de mí. A mi izquierda, oigo un grito de una mujer y miro en la dirección del ruido. Un hombre y una mujer yacen sugestivamente en la parte superior de una Harley Davidson. Para mí...
lamentable sorpresa, la mujer no logra cubrir el pezón a tiempo para que yo no vea el tatuaje de dragón que lo rodea. Aparto la mirada y me río.
―Jesucristo.
Me encantan los tatuajes, pero la idea de tener uno tallado en mi pezón los hace encogerse.
La música de rock que se vierte desde el establecimiento es ruidosa, pero no lo suficientemente fuerte como para ahogar las historias horrendas y risas borrachas de los ocupantes en el interior. He decidido, en el poco tiempo que ya he terminado aquí, que Paula, mi hermana, y Vanesa no se van a quedar un minuto más.
―Cuidado, Pedro ―grita Luciano en mi oído mientras agarra la manija a la puerta principal―. Este es el último lugar en el que quieres meterte en una pelea.
Él tiene razón. Una lucha en este caso sería (probablemente) una muy mala jugada para mí. ¿Quién sabe qué clase de cosas locas le gustan a estos tipos? Tiro de la puerta abierta y paso al interior. Inmediatamente, me abro paso a través de una multitud de personas, con cuidado de no rozar el cuero de nadie. No porque tengo miedo, sino porque odiaría que el olor se pegara a mi ropa.
Por suerte, cuando me meto en la profundidad suficiente, el olor a cerveza rancia y cacahuetes supera al olor del cuero.
Mientras me empujo hacia la barra, dejo que mis ojos escaneen los clientes, en busca de vestidos cortos de colores brillantes y risitas de tono alto. Las chicas están muy por fuera de su zona habitual esta noche.
Cada otra mujer aquí está usando una cierta variación de cuero y hebillas brillantes. Están cubiertas de tatuajes y piercings, y la mayoría de ellas se divierten con algún tipo de cabeza rapada. ¿Hermosas? Algunas. ¿Atemorizantes? Joder, todas.
Al acercarme a la barra, veo un flash de una tela brillante color rosa en la esquina de mi ojo. Me vuelvo, pero dos grandes hombres pasan en mi camino, bloqueando el vestido. Es o Vanesa o Paula. Mi hermana no sería atrapada ni muerta en un club de Las Vegas en rosa, a pesar de que es su color favorito. Hago una pausa y espero pacientemente a que los hombres se muevan, lo hacen con el tiempo y cuando lo hacen, veo a Paula sentada en el bar llevando un vestido corto, de color rosa. También veo a Maca de pie junto a Paula tomando chupito tras chupito.
Mentalmente cuento un total de cuatro. Resulta que Maca es muy bebedora. Paula, sin embargo, apenas puede mantener su mierda junta después de un solo vaso de vino y debe saber mejor que beber en exceso cuando no estoy
cerca para cuidar de ella, especialmente en un lugar como este. Cuando Maca se aparta, un motero con apariencia de niño alto llevando un chaleco de cuero y vaqueros oscuros se desliza en su lugar y se inclina hacia Paula, respirando sobre mi esposa.
Empiezo a avanzar, pero Luciano toma mi brazo.
―Mira ―grita en mi oído―. Ella no sabe que estás aquí, ve cómo lo maneja.
Él mantiene su agarre en mi brazo, sin permitirme intervenir y ayudar.
Paula sonríe cortésmente a ese baboso que tan obviamente (y babosamente) está comiéndosela con los ojos. Lo odio.
Arranco el brazo del agarre de Luciano y empiezo a caminar.
Cuando llego a ella, el hombre deja su silla y se desploma fuera de la barra. Quiero gritar tras él, pero por el bien de la situación, decido no hacerlo. Paso desapercibido mientras Paula se desploma sobre la barra, dejando caer la cabeza sobre sus brazos, por lo que tiendo la mano y tomo un mechón de cabello de su mejilla. Ella se sacude en posición vertical, golpeando mi mano. La superficie de mi piel pica y mis ojos capturan los de ella. Su mirada feroz es la de un gato salvaje y sonrío. Bien. Ella debería abofetear manos como esas. Cuando sus ojos se centran en mi cara, el ceño fruncido en la suya se desvanece, reemplazada por una sonrisa emocionada.
―¡Me has asustado! ―espeta, lanzándose fuera de la silla y en mis brazos―. Por favor, por favor, por favor, llévame a casa.
―¿Dónde está Vanesa? ―le pregunta Luciano a Paula, escaneando casualmente el bar.
El rostro de Paula cae y puedo ver que su borracha consciencia no puede ocultar la frustración que siente hacia Luciano. Supongo que Vanesa le dijo.
―Ella fue a su casa ―responde sin rodeos―. No estaba de gran ánimo, gracias a ti.
―Parece que le hice a su hígado un favor ―replica Luciano.
Paula frunce el ceño y sacude la cabeza hacia él. Es jodidamente típico de Vanesa arrastrar a Paula a algún lugar y luego decidir que no está en el estado de ánimo. Una gran parte del tiempo, Vanesa solo cuida de sí misma y ese es mi
mayor problema con ella. Esa mujer es egoísta hasta la médula.
―Oh, por favor, ¿dime que no me estás quitando a mi única compañera de copas? ―Maca hace pucheros, deslizándose frente a nosotros. Le indica al camarero y este le sirve dos chupitos más. Ella se balancea sobre sus pies mientras bajas los dos pequeños vasos de whisky. Debería darle una mirada desaprobatoria o regañarla por venir aquí, pero lo sé mejor. Maca hace lo que quiere.
―Cógela ―le digo a Luciano, alejándome de la barra―. Vamos a casa.
No tengo que revisar mi teléfono para saber que solo tengo una hora y media hasta la cena. Una cena a la que se suponía que Paula y yo asistiríamos juntos.
Parece que voy solo, algo que no he hecho en mucho tiempo... en todos los sentidos de la palabra.
CAPITULO 242
PEDRO
Mastico mi palillo de dientes y tuerzo un pequeño trozo de papel entre mis dedos, haciendo cualquier cosa que pueda para distraerme de ir más allá de Matt y golpear a Dom en la boca. Mantengo mis ojos en la mesa, haciendo caso omiso de todas las luces y gente ansiosa. Si hay una cosa que odio de convertirme en profesional, es la atención. Las probabilidades de que diga o haga algo estúpido son altas.
Una palabra mal y voy a ser la sopa en los periódicos y revistas de Internet, también. Siento a Luciano cerca de mi espalda. Su tensión está rodando fuera de él en oleadas y sé que no tiene nada que ver con nuestra situación actual.
Vanesa le dio una patada y claramente espera que se disculpe primero. No sé lo que pasó entre ellos, pero lo que sí sé es que Luciano nunca ha dicho la palabra “lo siento” en toda su vida, incluso cuando él tiene la culpa.
―¿Qué piensas, Pedro? ―pregunta una ronca voz femenina.
Su voz se parece mucho a la de Paula, y eso en sí mismo es suficiente para que levante mi mirada hacia el mar de periodistas frente a mí. Miro a la muchacha con su grabadora lo más cerca de mí posible. A pesar de que suena como Paula, de seguro no se parece a ella. Su cabello es castaño y recortado en sus orejas, como un pequeño duendecillo. Parpadea hacia mí, esperando mi respuesta.
Mierda. No tengo ni idea de lo que está hablando. Para ganar tiempo, llevo mi mano a mi boca y tiro del palillo.
―Dom te ha insultado, hermano ―murmura Luciano, pateando mi silla.
Dejo caer el papel que estoy girando en mi mano y juego con mi palillo de dientes en su lugar.
―Dom no tiene ni idea de lo que está hablando. ―Los periodistas ríen―. Llegué aquí por mi cuenta. Él llegó aquí en mi nombre, porque fue el chico al que vencí para llegar hasta aquí.
―Mientras que ese puede ser el caso ―responde Dom―, todavía te gané en la última ronda, chico, y estoy seguro que tienes el orgullo herido para demostrarlo, por no hablar de que se grabó en video.
Miro alrededor de Matt, mi visión borrosa y un poco de rojo en los bordes. Si no tengo cuidado, voy a saltar de la mesa y patearle el culo ahora mismo.
―Hiciste trampa, y a quién mierda le llamas chico, hijo de pu…
―Cómo pueden ver ―interrumpe Matt, tocando una pequeña tarjeta blanca sobre la mesa y cortándome. Me recuesto en mi silla y meto mi palillo de dientes sobre-masticado en la boca―.Pedro y Dom todavía tienen un montón de cosas que resolver, y pueden ser testigos de todo, el 16 de julio.
Muelo el palillo entre los dientes y jugueteo con mi lengua.
Matt me mira de reojo antes de continuar.
―Pedro está un poco de mal humor esta noche. Se enteró antes que él y Dom estarán entrenando en el mismo centro.
Esta mañana, Dom llegó temprano para su sesión y se topó con una... íntima... escena entre Pedro y su esposa, Paula.
Los espectadores dijeron “oohs” y silbaron hacia mí, como si tuvieran derecho a estar al tanto de ese tipo de información.
Poco a poco, vuelvo la cabeza en dirección a Matt. ¿Qué tiene eso que ver?
Oigo a Dom reírse.
―Pedro es un hombre con suerte...
Sé exactamente dónde va esto. Aprieto los puños y la mandíbula. El palillo de dientes se parte a la mitad entre mis dientes.
―... Paula tiene un buen culo.
Reacciono sin pensar y empujo la mesa, tirando mi silla hacia atrás y lanzándola a mis pies. Dom hace lo mismo, y todo ello con una gran puta sonrisa en su rostro. El brazo de Luciano aparece debajo de mi axila y alrededor de mi hombro, y el otro alrededor de mi pecho mientras Matt se levanta de un salto. Él acomoda su cuerpo hacia mí y extiende sus manos en un gesto tranquilizador.
Sus manos se acercan cada vez más y empujo a Luciano antes de encogerme de hombros lejos de Matt.
―No me toques, joder ―gruño y toma cada fibra de mi fuerza de voluntad dar la vuelta y no golpear a ambos en sus culos.
Empujo pasando a Luciano y salgo en dos pequeños pasos antes de empujar una puerta lateral y entrar en un pasillo.
Antes de que la puerta se cierre, oigo a los periodistas volverse locos, bombardeando a Matt y Dom con preguntas
excitadas. Por supuesto que les entretienen como unos malditos ponis. Luciano me sigue y empiezo a caminar de un lado a otro. Siete pasos adelante. Gira. Siete pasos más.
Tengo suerte de que Damian no está aquí. Él estaría masticando mi culo en este mismo momento si estuviera... o tal vez él estaría orgulloso de que me fui sin golpear a nadie.
―Bueno ―exhala Luciano, apoyado en la pared. Se frota la parte posterior de su cuello tatuado―. Eso fue mucho mejor de lo que esperaba.
Detengo mis pasos y le frunzo el ceño. Luciano parece satisfecho con el resultado de la conferencia. Su labio superior está ligeramente hacia arriba, como si estuviera tratando de no sonreír. Relájate, me digo. Saliste de allí sin golpear a nadie. Rápidamente, mi ceño se convierte en una sonrisa y me río para mis adentros mientras aflojo mis puños.
―¿Pensaste que lo golpearía?
―Mierda, sí, yo lo habría hecho.
Él se dobla de rodillas y por completo se relaja en la pared mientras meto mis manos en los bolsillos de mis vaqueros.
―Damian va a estar enojado ―le digo.
Luciano se encoge de hombros.
―Nah, nos las arreglamos para salir sin que te cueste tu contrato en la MMAC, así que creo que va a estar feliz sin importar lo que pasó.
Asiento.
―Está jugando con nosotros, ya sabes.
―¿Quién? ¿Damian?
Niego y digo:
―Matt. Nos está agitando como perros salvajes, sabiendo que no podemos tocarnos hasta que estemos en la jaula.
―Esta es la pelea taquillera del año, él quiere que sea intensa. No sé por qué se sale de su camino para hacerte enojar, sin embargo. Quiero decir, todo lo que Dom tiene que hacer es mirarte y ya lo quieres golpear.
Sonrío, sacando mi teléfono de mi bolsillo.
―Sí, bueno, no hay tal cosa como mala publicidad, ¿no? Él quiere que estemos a la greña hasta la pelea.
Y tengo la sensación de que no va a ser un problema. Echo un vistazo a la pantalla de mi teléfono y veo dos llamadas perdidas y un mensaje de texto de Paula. Abro el mensaje:
DE:PAULA. HORA: 6:26 p.m.
¡Hola! No estoy segura de cuándo vuelves a casa, pero no te asustes si llegas y no estoy allí.
Maca y Vanesa me han secuestrado para una noche de chicas.
Estamos en Salem’s, si quieres pasarte. <3
―Estás frunciendo el ceño ―dice Luciano―. ¿Qué pasa?
Cierro la pantalla y lo dejo caer de nuevo en el bolsillo.
Espero que sepan lo que están haciendo. Paula y yo tenemos una cena formal con la MMAC a las nueve.
―Maca y Vanesa han llevado a Paula fuera para una noche de chicas.
Pone los ojos en blanco y se aparta de la pared.
―Entonces, ¿qué vamos a hacer esta noche?
Luciano está implicando mucho con sus palabras, pero él está fuera de su mente si piensa que voy a salir. Ya he terminado con la escena de los clubes. ¿Qué sentido tiene?
Puedo emborracharme, tener sexo, y ahorrar dinero en la
comodidad de mi propia casa. Además, no hay manera de que vaya a dejar a Paula sola en Las Vegas con mi hermana ex desnudista y Vanesa.
―Vamos a reunirnos con ellas en Salem’s.
Luciano niega.
―No, hombre, las cosas no están bien entre Vanesa y yo en estos momentos.
Normalmente, le resto importancia a los problemas de Luciano con Vanesa, sobre todo porque ella es irritante, pero voy a picar en este momento.
―¿Qué hiciste?
―¿Qué hice?
Asiento, con una media sonrisa.
―Sí.
Se encoge de hombros y su mirada cae al suelo. Lo veo meditar por un segundo, trabajando su mandíbula con fuerza. No me sorprendería si se decide no decírmelo. No es de compartir realmente sus problemas... no hasta que llegó Vanesa, de todos modos.
Exhala y se deja caer contra la pared.
―Ella me dijo que me amaba.
Inhalo bruscamente, haciendo un ruido que podría hacerse cuando a uno le han cortado el dedo. De repente, me siento mal por Vanesa, pero seguramente ella tiene que saber que Luciano no es el tipo de persona de estar muy involucrado con una chica... ¿no le ha dicho eso? ¿No ha establecido líneas claras para definir el tipo de relación que originalmente quería con ella? Él quiere sexo. Todo lo que él
quiere es sexo.
―Solo me le quedé mirando, Pedro, como un ciervo a unos faros y apenas asentí. ―Golpea su mano en su cara y gime―. ¿Cómo pude ser tan estúpido?
―¿La amas? ―pregunto y siento una pequeña burbuja de emoción en mi pecho.
Luciano, mi mejor amigo, mi hermano, y el padrino de mi boda, merece ser feliz. Se merece estar enamorado, ser llenado con la misma pasión que Paula me llena todos los días. No esa cáscara rota que esa mujer zorra-puta, Amelia, le dejó.
Él comienza a sacudir la cabeza y luego se detiene y se encoge.
―Ni siquiera sé lo que eso significa. ―Él mantiene sus ojos en el suelo, sumido en sus pensamientos―. ¿Me preocupo por ella? ¿Ella significa mucho para mí? Sí. No quiero lastimarla y no quiero compartirla con nadie más... pero al mismo tiempo, te miro y a Paula y ustedes dos son felices juntos. Es algo que me pone enfermo.
Me burlo.
―Vete a la mierda.
Se ríe, extendiendo las palmas calmantes hacia mí.
―Todo lo que estoy diciendo es que no creo ser capaz de hacerla tan feliz como tú haces a Paula. Estoy feliz solo existiendo... y no sé si soy feliz haciéndolo solo, o con Vanesa. Eso es lo que estoy tratando de averiguar. ―Se muerde el labio antes de decir―: Todavía estoy tratando de dejar de lado a…
―Lo sé ―le digo antes de que su nombre caiga de sus labios―. Ella.
Él traga saliva.
―No le he dicho a Vanesa toda la historia. Sabe que había una chica y que no funcionó... pero no entiende cómo todavía estoy atorado donde estaba... con ella. La amaba.
Le di todo, cumplí sus deseos, me moldeé a mí mismo en el hombre que ella quería, completamente perdiéndome en el proceso... y no puedo hacer eso otra vez.
Doblo mis brazos. Él no tiene que explicarme nada.
―Lo entiendo... pero no creo que ella lo hará.
―No sé lo que voy a hacer. ―Exhala, empujándose fuera de la pared, por segunda vez―. Pero se me ocurrirá algo.
Siempre lo hace, pero por ahora necesito su compañía. Si las chicas están borrachas, no puedo llevar a las tres a casa.
―Sabes que tienes que venir a Salem’s conmigo, ¿verdad?
Él comienza a caminar hacia la puerta al final del pasillo y se ríe.
―Sí, lo sé.
miércoles, 29 de octubre de 2014
CAPITULO 241
Después que Pedro nos trajo de vuelta al hotel y se duchó en la seguridad de nuestra propia habitación (solo, podría añadir) se fue para asistir a una conferencia de prensa, y resolver las cosas con Matt Somers. Él no estaba demasiado interesado en asistir a la conferencia. Ignorando el hecho de que Dom también estará allí, resulta que mi boxeador seguro de sí mismo es un pequeño tímido para las entrevistas y realmente odia hablar de sí mismo. ¡Ja! ¿Quién lo hubiera pensado?
Cuando se fue, me tumbé en el sofá y me quedé dormida, solo para ser despertada una hora más tarde por los golpes excitados en la puerta.
―¿Paula?
Abro los ojos y los entrecierro alrededor de la habitación del hotel. ¿Tal vez estoy escuchando cosas? Cierro los ojos y jalo mis rodillas contra mi pecho, acurrucándome más en el sofá.
―¿Paula?
Sea quien sea, está cantando la palabra en una aguda voz de ópera antes de estallar en ataques de risa.
¿Paula? ¿En serio? Creo que tengo un montón de apodos y definitivamente prefiero “Pauly” sobre “Paula”. Levanto mi cabeza y mi cerebro gira en mi cráneo.
Mis ojos se sienten pesados y la fuerza que se necesita solo para mantenerlos abiertos es suficiente para agotarme a otra siesta.
―¡Pauuuuulllaaa! ¡Abre!
Gruño. Tengo que cortar esto de raíz antes de que se extienda a alguien que disfruta atormentándome como Pedro o Vanesa. Me arrastro fuera del sofá, sintiéndome peor de lo que lo hice antes de mi siesta.
Tiro de la puerta y frunzo el ceño de inmediato cuando veo la cara de la hermana de Pedro sonriéndome.
―¿Qué estássss haciendoo? ―Sonríe perezosamente, pasando sus dedos finos por su cabello oscuro.
Incluso borracha hasta las tetas ella es irritantemente hermosa... igual que su hermano. Hombre, ¿su familia tiene buenos genes o qué?
―¿Paula? ―Ella se ríe, agarrando el marco de la puerta y mirándome como si yo fuera una loca certificada.
―Estaba durmiendo la siesta, gracias por eso.
―¿Siesta? Diablos, incluso estas empezando a actuar como mi hermano.
Ella se empuja más allá de mí, y mientras voy a cerrar la puerta detrás de ella, Vanesa atasca su mano dentro.
―Cristo, P ―maldice mientras jalo la puerta abierta―. Estoy aquí, también.
Abro la puerta un poco más y la dejo entrar ―Lo siento ―digo. Atrapo un pequeño rizo entre mis dedos y tiro de él―. No te vi.
Vanesa me golpea alejándome mientras Maca se pavonea con entusiasmo hacia los banquillos de cocina y se desliza directamente en un taburete. Cuando Vanesa se une a ella, observo su apariencia. Maca está usando jeans ajustados que se aferran a las curvas de su trasero y sus piernas. Su camisa blanca sin espalda se sumerge bajo en la parte delantera complementando su bronceado muy bien y
los blancos parecen más brillantes con su cabello negro cayendo por sus hombros.
Trato de no mirar fijamente, pero una buena parte de los pechos de Maca están en exhibición para que todos los vean. Cuando ella no está mirando, les doy un vistazo un par de veces, tratando de decidir si son reales o no. Creo que lo son, pero a menos que los toque, nunca lo sabré. En vez de jeans ajustados, Vanesa opta por una blusa azul real brillante que se aferra a su cuerpo antes de ser escondida bajo la cintura de su falda lápiz. Se ve inteligente y sexy, todo lo que una mujer de negocios debería ser. Lo único que le falta es un negocio. Miro hacia abajo a mis pantalones cortos y camiseta de tirantes.
―¿Me estoy perdiendo algo aquí? ―pregunto, rascándome la cabeza y ahogando un bostezo a la vez.
―No lo estarás si te vistes. ―Vanesa me sonríe, pero la sonrisa no hace que sus ojos se plieguen como lo hacen normalmente.
―¿Vestirme para qué?
―Una noche fuera, solo las chicas.
Oh diablos no. Sacudo la cabeza. No he salido en Las Vegas desde el Spearmint Rhino y no estoy a punto de cambiar eso esta noche. Si el pasado año me ha enseñado algo es que no lo hago bien en los clubes. Cada vez que estoy en uno, el karma se las arregla para localizar mi ubicación exacta y afilar toda su energía en mí.
―No, gracias.
―No puedes decir que no, Paula ―replica Maca―. Solo seremos nosotras y voy a llevarte a uno de mis lugares favoritos. Conozco al dueño, al gerente, la seguridad, a todo el mundo. Podemos beber y divertirnos sin ningún tipo de molestias, y además, Vanesa realmente necesita un trago en estos momentos.
―O dos ―añade ella mansamente.
―¿Por qué? ―pregunto.
―Luciano y yo estamos pasando por una pequeña mala racha y lo eché de nuestra habitación. ―Ella lo dice como si no fuera nada del otro mundo y rápidamente se encoge de hombros.
Mi boca se abre. ¿Debo estar ofendida, de que apenas estoy enterándome de esto ahora? ¿Después de Maca?
―¿Ustedes terminaron?
Se encoge de hombros otra vez, desplomándose.
―Sí… no… no lo sé. Ni siquiera sé si estábamos saliendo en primer lugar.
Doy un paso hacia adelante.
―Vane, ¿por qué no me llamaste?
―Porque pensaba que él lo arreglaría para ahora.
―Luciano siempre ha sido difícil ―dice Maca, deslizándose de su taburete―. Y él es fácilmente el tipo más jodido que conozco, pero no lo descartes por completo. Él también es apasionado y cariñoso. Nunca haría nada que pudiera perjudicarte a propósito, eso lo sé a ciencia cierta.
―¿Cómo lo sabes? ―le pregunta Vanesa en un tono esperanzado.
―Solo lo sé, ahora, ¿vamos a sentarnos y hablar o vamos a salir?
Maca me sonríe, sus ojos castaños brillando. ¿Cómo puedo rechazarla? Ella es mi cuñada, después de todo, y estoy segura que a Pedro no le importaría que salga con Maca por la noche. No puedo dejar a Vanesa lidiar con esto sola, tampoco. Ella necesita mi apoyo y si eso significa pasar un rato en un bar en contra de mi voluntad, entonces que así sea.
Exhalo y me giro.
―Dame diez minutos.
CAPITULO 240
Ni siquiera tengo que mirar. Reconocería esa voz en cualquier lugar. Dom “el cabrón” Russell. Pedro y yo giramos bruscamente nuestras cabezas hacia la puerta.
Al segundo en que lo veo, cualquier fluido corporal que Pedro incita en mí se seca.
Él se inclina perezosamente contra el marco de la puerta abierta, sonriéndonos como si fuéramos viejos amigos. Su camiseta gris permite que su tatuaje de serpiente esté en exhibición y frunzo el ceño. Alguien realmente debería cortarlo. El número de pobres chicas estúpidas que debe haber traumatizado debe ser suficiente para iniciar una petición.
Los ojos de Dom azotan entre nosotros mientras Pedro se desprende de mí y camina hacia adelante. Agarro su muñeca y lo obligo a quedarse. La última cosa que quiero es que una pelea empiece ahora mismo. Por suerte, Luciano aparece en el marco de la puerta al lado de Dom y pasa al interior. Él mira a Dom con la intención de matar, lo veo tan claro como el día. Lo que me pone nerviosa es el hecho de que realmente creo que Luciano mataría por Pedro. Es admirable, por decir lo menos.
Cuando teníamos quince años, Vanesa me tiró en el camino de un perro ladrando por temor de que la atacara hasta su muerte. Por suerte, y no es que le importara, el perro estaba encadenado... a veces me pregunto por qué ella es mi mejor amiga. De todos modos, está claro que Luciano está aquí para cubrir la espalda de Pedro en caso que algo se salga de control. Tendría miedo de Luciano, todo alto y musculoso con tatuajes extravagantes, pero Dom no le hace caso, como si no existiera.
―¿Qué demonios estás haciendo aquí? ―exige Pedro.
Todo su cuerpo está tenso y listo para atacar en un momento sin previo aviso, todo esto lo siento por el contacto que tengo en su muñeca.
Dom se extiende y rasca su cabeza calva, sin dejar de sonreír como si hubiera ganado la lotería.
―Oh, ¿Matt no te lo dijo?
Mi mandíbula se aprieta.
―Estamos entrenando bajo el mismo techo. ―Él se ríe antes de permitir que su mirada viscosa se enfoque únicamente en mí. Sus ojos me rastrillan de arriba y hacia abajo, deteniéndose en todas mis partes privadas. Es escalofriante y me pongo un poco detrás de Pedro para bloquearlo―. Lo qué significa no más sesiones de joder después del entrenamiento... a menos que me estén invitando, por supuesto.
Él me guiña uno de sus ojos pequeños y brillantes y Pedro comienza a avanzar. Uso el impulso creado por su cuerpo para lanzarme rápidamente frente a él. Desesperadamente, me presiono contra su torso y finalmente se detiene, pero no sin un gruñido molesto que hace estremecer mis manos.
―Soy una chica grande ―le digo―. Puedo manejarlo.
Me giro a Dom, presionando mi espalda contra Pedro. Siento sus músculos del estómago contraerse y relajarse, tensarse y soltarse.
―Eres repugnante ―le escupo a Dom, y su sonrisa se convierte en una mueca de desprecio.
―Encantador ―replica.
―Arrogante.
―Apasionado.
Aprieto los puños con más fuerza con cada replica.
―Eres desagradable, malvado, infantil, estúpido y vil.
La sonrisa de Dom se ensancha, dejando al descubierto sus molestos dientes perfectos mientras mira a Pedro.
―Cuidado, Pedro, el odio y la lujuria están separados por la línea más delgada.
Jadeo. ¿Cómo se atreve siquiera a insinuar que alguna vez tendría “lujuria” por él? Me quedo con Luciano o Damian antes que con Dom, demonios, incluso treparía de nuevo en la cama de Ramiro antes que la de Dom. El hecho de que él tiene las pelotas para estar allí y faltarme al respeto y a mi relación en frente de mi marido es terrible, un acto que solo alguien todavía en la escuela secundaria haría.
Me lanzo hacia adelante, viendo solo rojo.
―¡Hijo de perr…!
El aire se me escapa mientras el fuerte brazo de Pedro se apodera de mí. Su grueso brazo se envuelve alrededor de mi cintura antes que él me levante y me lance por encima de su hombro como si fuera un niño que no quiere dejar el campo de juego.
―¡Pedro! ¡Bájame! ―Aprieto mis manos en puños y golpeo su espalda con la base de mis manos. La sangre se eleva a mi cabeza, haciendo que la presión se acumule detrás de mis ojos.
―Llama a Matt ―ordena Pedro a Luciano, su voz sorprendentemente tranquila―. No voy a entrenar en el mismo centro que este imbécil de mierda.
Dom se ríe, y cuando pasamos a su lado siento sus dedos rastrillar entre mi cabello. Miro hacia arriba y veo mis hebras color chocolate deslizarse a través de sus dedos.
―¡Piérdete! ―chasqueo, golpeándolo para alejarlo y ganándome otra carcajada―. No me toques.
Veo el piso de la sala de entrenamiento pasar por debajo de los pies de Pedro mientras me carga.
―¡Pedro! ―lo llama Damian desde algún lugar. Trato de encontrarlo, para pedirle que le diga a Pedro que me baje, pero mi cabeza gira y aprieto mis dientes―. Voy a resolver esto.
Pedro lo ignora y en poco tiempo, me encuentro en el pasillo justo fuera de las puertas del gimnasio.
―Puedes bajarme en cualquier momento... ―le digo, pero Pedro decide ignorarme, también.
Suspiro. Estúpido Dom. Podría estar en la ducha teniendo sexo épico con mi amor épico en este instante. En cambio, estoy siendo cargada como un saco de carne.
Muchas gracias, Dom. Te debo una, imbécil.
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