domingo, 9 de noviembre de 2014

CAPITULO 264



No fue difícil localizar a Dom. Vanesa encontró su página de Twitter y el imbécil publicó una foto de su ubicación con una rubia delgada sentada muy bien en su regazo. Son las nueve de la mañana y está en las piscinas elípticas del Aria con la chica, bebiendo daiquiris. Parece que no es tan serio como yo en su entrenamiento. Si cree que tiene esto en su bolsa, hay algo mal con él.


Damian me advirtió que me mantuviera alejado de Dom. Me rogó que ignorara las palabras de Matt, pero ya no puedo. 


Voy a destruir a Dom, no físicamente, no esta vez. El juego que jugaré será puramente mental. Le pegaré tan fuerte que va a entrar en la sala de entrenamiento y no salir hasta que sea la noche de la pelea. Quiero ver el vapor de sus orejas y juro por su vida que me lo va a dar. Es hora de entrar en su cabeza y sacarlo de la mía.


Dejé a Paula en el baño cuando salí esta mañana. Ella no se sentía tan bien y verla en el suelo, acostada medio dormida contra las baldosas envió golpes de temor a mi estómago. Va hacerse esa prueba hoy y tengo que prepararme para el resultado… lo que sea. Le dije que la amaba y que me alejaré de los problemas…a pesar de que sabía que la segunda parte era una mentira.


El casino Aria es precioso. Se alza en lo alto, al parecer brillante y hermoso, con sus sutiles curvas. Si alguna vez vuelvo a Las Vegas, aquí es donde me hospedaría. Paula también le encantaría. Con otro murmullo de desaprobación de Damian se detiene frente al casino.


―¿Estás seguro que sabes lo que estás haciendo, Pedro? ―pregunta Luciano desde el asiento trasero.


Asiento.


―Esta es la única manera de mantener a Dom y Matt fuera de mi vida hasta la pelea.


―¿Y después de la pelea, qué pasará? ―interviene Damian con voz condescendiente y agresiva.


Me encojo de hombros y abro la puerta.


―Vamos a ver.


Damian levanta las manos exasperado.


―¿Vamos a ver?


Me deslizo fuera del coche y enderezo mi camiseta negra. 


Tanto Luciano como Vanesa siguen mi ejemplo, pero Damian permanece sentado, con los dedos agarrando el volante.


―¿Vienes? ―lo llama Luciano por encima de mi hombro.


―No quiero ser parte de esto.


Empujo la puerta y la cierro de golpe. No necesito la ayuda de Damian, de todos modos. En la mayoría de los lugares, se sienta como un ángel en mi hombro, me dice qué hacer y qué no hacer. No puedo tener eso hoy. Tengo que volver al
momento cuando todo me importaba una mierda, a un momento cuando solo tenía a Luciano y mi libre voluntad.


No necesitamos mucho tiempo para encontrar las piscinas. 


Vanesa es bastante lista con su teléfono y logró encontrar las direcciones directamente de él.


Le dije a Luciano que no la trajera, pero ahora me alegro de que no lo haya hecho.


Nos salvó de tener que hablar amablemente nuestro camino por el hotel con el personal para poder entrar. Andamos por el lugar como si estuviéramos aquí desde hace años y cuando las miradas curiosas permanecen mucho tiempo en nuestra dirección lanzamos los brazos a nuestro alrededor pasando por borrachos y fingiendo que somos parte de ellos. No es a prueba de tontos pero funciona.


La piscina está llena a esta hora de la mañana y hay un montón de personas más embriagadas de lo que esperaba. 


Exploro el área, mirando hacia arriba y debajo de la piscina elíptica por un hombre calvo que probablemente está
sonriendo demasiado duro, riendo a carcajadas y siendo un idiota total.


―¡Ahí! ―Vanesa señala―. Al final del bar.


Efectivamente, en la zona delimitada al otro lado de la piscina está un odioso Dom, riendo hasta por el culo mientras le pellizca el trasero a su amiga. Ella chilla y acorta la distancia. Es hermosa, con su largo cabello dorado, un cuerpo asesino y piernas largas. Lo siento por la chica… no porque ella sea lo suficientemente estúpida para mezclarse con Dom, sino porque voy a usarla para destruirlo en este
lugar. Todo su equipo está allí, también, hasta su compañero de entrenamiento.


Si la mierda va mal, esto podría ser un problema para nosotros. Luciano y yo no podemos vencer a seis chicos, no importa lo bueno que seamos. Sin embargo, espero que esto no escale a un nivel físico… o Dom y yo estaremos acabados.


―Muy bien, Vanesa, ve a divertirte. Luciano y yo tenemos algo de mierda que hacer.


Ella se desliza frente a mí, impidiéndome caminar más cerca del bar.


―Como el infierno, me vas a necesitar.


Cruzo los brazos con fuerza sobre mi pecho.


―¿Yo te necesito a ti?


Asiente.


―Eso es correcto. Te vi mirando a esa chica. Si quieres su atención, vas a necesitar mi ayuda.


Luciano resopla, lo que me hace gracia.


―¿Voy a necesitar tu ayuda para conseguir la atención de una chica?


Luciano tiene razón, estás loca.


Vanesa entrecierra sus ojos.


―Escúchame, Sr. Macho, no tengo ninguna duda que puedes conseguir su atención, pero Dom va a verte antes de que siquiera entres en alcance. Cuando lo haga, tu plan se va al traste.


―¿Qué estás sugiriendo?


Sin decir una palabra, agarra el dobladillo de su blusa y tira de su top celeste por encima de su cabeza. Lo presiona en su pecho y ajusta su pequeño, diminuto bikini blanco.


―Voy a atraer su atención.


La tela expone gran parte de sus generosos pechos y es tan delgada que simplemente puedo ver los círculos oscurecidos de sus pezones debajo. Me aclaro la garganta y alejo la mirada, mirando por encima del hombro a Luciano. Se encoge de hombros, todo con una sonrisa perezosa en su cara. Yo estaría forzando mi camisa sobre Paula y arrastrando su culo de vuelta al hotel si se cambiaran los
papeles.


―A él no le importa ―dice Vanesa, mirando a mi alrededor hacia Luciano―. No somos nada, ¿cierto?


Él no responde de inmediato, pero cuando lo hace su voz es oscura y castigadora.


―Cierto.


Con una sonrisa, ella se desabrocha la falda de mezclilla y la empuja por sus piernas antes de levantarla con los dedos de sus pies y envolver su teléfono en la tela.


―Este es mi plan ahora. Obtén la atención de la otra chica y luego sígueme la corriente con todo lo que haga. ―Me da sus cosas y se gira. Antes de irse se voltea rápidamente hacia atrás, sus ojos de repente suplicantes―. La mierda, probablemente, se va a poner un poco rara, así que cualquier cosa que hagas, no le digas a Paula. Ella me odiará para siempre.


―¿Puedes decirme por lo menos cuál es el plan para saberlo?


Ella sacude la cabeza y acaricia su cabello con los dedos.


―Si te lo digo, no te va a gustar, pero te prometo que va a encabronar a Dom más que nada que puedas llegar a lograr por tu cuenta. ―Me hace un guiño sobre su hombro antes de pavonearse en dirección al bar con un seductor balanceo de sus caderas.


Sabe exactamente lo que está haciendo... sabe exactamente cómo llamar la atención de un hombre y Dom se va a tragar todo.


Luciano y yo rodeamos la piscina, yendo hacia la izquierda hasta que estamos en el lado opuesto de la barra. Tomamos dos taburetes contra la barra de madera y pedimos una cerveza cada uno. No estaba pensando en beber la mía, pero parece que Luciano tiene otra idea. Él termina su cerveza en menos de treinta segundos y señala la otra.


―¿Sediento, Luciano?


Me descarta y vuelve a su cerveza. Supongo que esto es más difícil para él de lo que pensaba que sería. Vanesa está a la vista, casualmente paseando por el lado de la piscina y usando su mano para protegerse los ojos del sol de la mañana.


Poco a poco gira su cuerpo y da unos pasos hacia la barra. 


Luego se detiene y asiente hacia algo en el otro lado de la piscina.


―¿Cerveza? ―grita, llamando la atención de cada cliente del bar a la vista―. ¿Una jarra de cerveza?


Vanesa da a sus amigos fantasmas un saludo y un pulgar hacia arriba.


Entonces, trota, sus pechos balanceándose, mientras hace camina hacia el lado donde Dom está sentado. Lo miro, su atención ya no está en la chica a su lado cuyo culo estaba apretando hace unos minutos. Está en Vanesa, su atención está pegada a ella como pegamento caliente, y, a juzgar por la forma en que Luciano termina su segundo vaso de cerveza y pide otra me dice que también lo notó.


Vanesa se inclina contra la barra junto a Dom, sacando su culo mientras charla con un camarero. Él descarta a la otra rubia y se desplaza más cerca de Vanesa.


Ella mira por encima del hombro de Dom, inclinando su cabeza hacia la rubia haciendo pucheros, apoyándose contra la barra a mi lado. Supongo que estoy dentro.


La otra rubia ordena un Martini y espero mi oportunidad de entablar conversación con ella. Ella maneja su salida como una dama. Sin amargura, sin maldecir o una pelea de gatas, solo un gesto de comprensión de la cabeza. Un camarero coloca su copa y se aleja. Ella agarra el tallo de la copa entre sus dos dedos delgados y la gira lentamente.


―No vas a beberlo todo, ¿verdad? ―pregunto, inclinando mis rodillas en su dirección. Inclino mi codo contra la barra y le sonrío. Mi sonrisa se siente forzada y falsa, pero dudo que ella lo note. La chica vuelve la cabeza hacia mí y todo su cuerpo se tensa. Sus labios se separan mientras sus ojos me observan y deja escapar una exhalación lenta y constante. No lo notó.


―No, si no tengo que hacerlo. ―Desliza su copa de Martini a lo largo de la barra hasta que está contra la mía.


Así de fácil, tengo a la mosca en mi red. Ella se coloca más cerca y sus ojos resplandecen.


―¿Cuál es tu nombre? ―me pregunta, dando golpecitos con su dedo largo y delgado en mi muslo.


―Pedro. ―Señalo por encima de mi hombro―. Este es mi amigo, Luciano.


Él da un medio gemido saludando.


―Soy Tahney.


―Veo que te dejaron tirada ahí, Tahney ―declara Luciano y una pequeña risa sale al final de su oración.


Pongo los ojos en blanco. Se supone que debemos seducirla, no deprimirla. Idiota. El cuerpo de Tahney se tensa y se estira para alcanzar su copa. Toma un largo trago y lo devuelve a la superficie.


―Él no va a ser capaz de complacerla, de todos modos ―añade―. A ella le gustan unas mierdas muy extrañas.


Jodido infierno. La chica se ríe, renunciando a su incomodidad anterior.


―¿Cómo lo sabes?


Luciano se encoge de hombros con una sonrisa maliciosa.


―Ella ha estado alrededor, y el pene de Dom Russell es pequeño. Nunca sería capaz de satisfacer a una chica como ella, o como tú.


Todos miramos a Dom. Él presiona un pequeño cubo de hielo en el pecho de Vanesa y lo deja caer en su escote. El hielo derritiéndose se desliza entre sus pechos y hacia abajo sobre su estómago firme. Ella no se mueve, ni sus músculos tiemblan. Eso es algo de control increíble. Tengo que darle eso. Jadeo y hago muecas como una perra cuando es la hora del baño de hielo. No puedo soportar el frío.


Luciano escupe en voz baja:
―Tolerancia al hielo. Le enseñé eso, sabes.


Niego. Por supuesto que sí. Dios no permita que le enseñe a una chica un truco normal como, no sé, cómo dar una mamada. No a todo el mundo le gusta jugar con hielo... mamadas, por otra parte, todo el mundo quiere una de esas. 


De repente, la música se desvanece y la conversación entre Vanesa y Dom se puede escuchar. Esfuerzo mis oídos a escuchar por una pista sobre lo que debo hacer a continuación.


―Te ves muy familiar ―le dice a ella―. ¿Estás segura que no nos hemos visto antes?


Vanesa lame su labio inferior color cereza, manteniendo los ojos fijos en los suyos.


―Estoy segura.


Tahney se coloca entre mis piernas, frotando mi muslo a través de mis jeans.


Miro de reojo a Luciano, quien sacude la cabeza y regresa a sorber su cerveza. Es todo por un bien mayor. Para que nos dejen en paz a Paula y a mí. Ella lo entenderá.


Vanesa se inclina más cerca y Dom no se mueve. Está completamente fascinado por ella, atrapado en su hechizo. 


Oigo a Luciano gruñir a mi lado, pero no me muevo. A medida que sus labios están a punto de rozarse, sus iris parpadean hacia los míos y ella aleja su cabeza, jadeando.


―¿Pedro Alfonso? ―chilla, huyendo de las garras de Dom. 
Se limita a mirarme toda sexy y excitada. Me pone incómodo―. ¡Dios mío! No puedo creerlo.


Tahney maldice en voz baja y agarra su copa, pero atrapo su muñeca, manteniéndola en su lugar. Puedo sentir el rasgueo desigual de su pulso y odio estar afectando a alguien que no es Paula.


―Soy Vanesa ―afirma, acomodando sus pechos―. Soy una gran fan.


Se necesita toda mi fuerza de voluntad para no reírme o rodar los ojos. Es buena actuando, eso es seguro. Vanesa se voltea hacia Tahney y el brillo que pone en sus ojos me pone en el borde.


―Me encanta tu cabello. ―Vanesa pasa los dedos por el cabello de Tahney, tirando ligeramente―. ¿Es natural?


Tahney asiente, pellizcando la punta del cabello de Vanesa entre los dedos a cambio.


―¿El tuyo es natural, también?


No soy idiota. He visto esto antes y ahora sé exactamente a dónde va Vanesa con su plan. ¿Por qué tomar una chica de Dom cuando puedes tomar dos? No estoy seguro de si estoy aterrorizado por su ingenio o impresionado. Me pregunto cuántas veces ha hecho algo como esto. Le sale muy natural, para que sea su primera vez. Vanesa mueve su cara más cerca hasta que sus labios están apenas a
centímetros de distancia de los de Tahney. Las miro fijamente porque... porque soy un maldito hombre y está sucediendo justo en frente de mí. Antes que sus labios se toquen, Vanesa mueve su boca al oído de Tahney y susurra algo que no puedo oír. Entonces, los dos pares de ojos caen sobre mí. No hay inocencia en sus ojos... los azules cargados de lujuria, ¿los verdes? De determinación. Ellas se
acercan, enterrando sus uñas en mis piernas, mientras acercan sus labios a los míos. Miro por encima de sus cabezas a Dom, veo que se gira en su asiento, confundido mientras nos observa. Miro fijamente de nuevo a Vanesa y mantengo mis ojos en ella. No sé por qué… supongo que me hace sentir menos idiota, como si estuviera más cerca de Paula. Si beso a Vanesa, tal vez haya una mayor
posibilidad de perdón si se entera más tarde. Sus ojos reflejan mi propia incomodidad y puedo ver su disculpa brillar en las profundidades verdes de sus ojos. Ni un segundo más tarde, ambas chupan mi labio inferior en sus bocas y me siento… jodidamente horrible. No soy un genio, pero sé que esto es técnicamente engañar. Trato de razonar conmigo mismo... esto es por un bien mayor. Matt no va a poner presión extra sobre mí después de esto. Cuando estoy estresado, me desquito con ella. Lo que estoy haciendo ahora me hará un mejor esposo. Un esposo más tranquilo.


―¿Alfonso? ―gruñe Dom, empujándose de su banquillo. Se estrella de golpe contra la barra, poniendo a los transeúntes nerviosos―. ¿Tu esposa sabe lo que estás haciendo?


Las chicas liberan mi labio.


―¿Esposa? ―escupe Tahney. Me encojo de hombros mientras aleja su cuerpo de mí bruscamente y sale alejada con furia sin mirar por encima del hombro.


No la persigo. Ni siquiera trato de ofrecer una explicación y eso es simplemente porque no significa nada para mí. Con ella fuera del cuadro, puedo respirar mejor.


―Eso no es asunto tuyo ―le contesto, casualmente levantando mi cerveza y bebiendo.


He llegado hasta aquí. No puede ser todo en vano. Envuelvo mi brazo alrededor de la cintura de Vanesa, agarro su mandíbula, y tiro de ella hacia mí.


Sus ojos se abren y su cabeza se sacude minúsculamente. 


Tuve que seguir adelante con su plan, ahora ella puede seguir con el mío. Dom no se encabronó lo suficiente para mi gusto. Aplasto mi boca a la suya, pero me aseguro malditamente de mantener mi lengua donde pertenece. A lo lejos, oigo sillas siendo empujadas fuera del camino y la gente gritando. Mientras libero a Vanesa, ella es arrancada de mis brazos por uno de los hombres de Dom.


―¡Ni de puta madre lo creo! ―grita Luciano, empujándose más allá de mí.


Él avanza sobre el hombre, y con un grito, Vanesa se agacha mientras Luciano agarra un puñado de la camisa del tipo y conduce su puño a su cara. Él libera a Vanesa y tropieza hacia atrás, apretando su rostro mientras la sangre se filtra de su nariz y a través de sus dedos. Hay una pausa... una larga y tensa pausa, entonces hay un grito y el infierno se desata.


Junto las cosas de Vanesa y se las entrego.


―Toma tus cosas y reúnete con nosotros en el coche. 
―Ella parte sin vacilar mientras la seguridad y la gente convergen en el bar. Las sillas están volando y la sangre va en todas las direcciones. Un motín. En realidad empecé un motín. Dom está mirándome desde el otro lado de la barra, en la parte superior de la refriega. No me puede golpear, pero puedo verlo en su rostro, él nunca quiso pegarme tan desesperadamente como lo hace ahora y lo tomo como un triunfo. Lo vencí en su propio juego.


Soy sacado de pelea de miradas con Dom mientras soy empujado hacia adelante. Mis latidos aumentan y yo serpenteo alrededor. El compañero de entrenamiento de Dom y sus dos metros y diez centímetros están delante de mí.


Nunca he peleado contra alguien mucho más alto que yo antes. Él tira un golpe y lo esquivo, envolviendo mis brazos alrededor de sus caderas. Lo empujo hacia atrás hasta que nos estrellamos y caemos en los taburetes postrados. Lo fijo al piso y agarro vuelo colocando mi puño hacia atrás. 


Mientras lo suelto, es atrapado y no conecta con su rostro. 


Miro por encima de mi hombro.


―¿Damian?


―¡Fuera, Pedro! ―Está enojado, tirando de mí lejos del tipo―. ¡Te lo advertí, mira lo que ha pasado!


―Dam…


Vuelve sus oscuros ojos hacia mí y asiento. Nunca los he visto tan oscuros.


He cabreado a Damian muchas veces en el pasado, probablemente más de las que debería, pero nunca lo he visto alguna vez tan enojado. Me empujo a través de la pelea, escondiendo la cabeza y esquivando puños al azar. 


Los guardias de seguridad están maldiciendo y exigiendo que retrocedamos. A lo lejos, oigo las sirenas de la policía a todo volumen y me limpio el sudor de mi cabeza. Mientras
camino por el hotel, mi corazón sigue palpitando rápidamente y una pesada sensación se hunde en mi estómago. Ahora tengo que ir a casa con Paula… La chica cuyos labios no estuvieron contra los míos hace unos minutos. A la mierda lo que le dije a Vanesa, tengo que contárselo. Ella lo entenderá cuando le explique.


Si hay algo que Paula es, es que es comprensiva. Tengo que hacer las paces con ella. No quiero que piense ni por un segundo que deseo a alguien más.


Ella es mía…


Me desplomo contra una pared y dejo caer mi cabeza… No quiero a nadie más.

sábado, 8 de noviembre de 2014

CAPITULO 263




Sacudo mi antebrazo cuando una insoportable presión irradia de mi codo. Antes de saberlo, estoy sobre mi espalda y Dom tiene sus piernas sobre mi pecho mientras endereza mi brazo. Siento mis articulaciones hacer pop y grito de dolor. No¸ no, no, no, no.


―¡No!


Trato de alejarme pero solo intensifica el dolor.


―¡Pedro! ―Múltiples personas gritan mi nombre, pero no puedo diferenciarlos.


Se escucha un nuevo crujido y mi brazo libre se siente pesado, como si estuviese hecho de oro sólido y no puedo moverlo. Bajo mi brazo estirado, el que está siendo apretado bajo Dom, siento su pecho vibrar por la risa, entonces, flexiona sus caderas hacia adelante…


…Y mi brazo se rompe.


Me estremezco de vuelta a la realidad. Veo mi cuarto, sutilmente iluminado por el sol naciente. Me paso las manos por mi rostro, limpiando una ligera capa de sudor frio.


Estoy en casa.


No he perdido.


Esto aún no ha terminado.


Ignoro el rápido e inestable repiqueteo de mi corazón. Está golpeando mi pecho como un mazo al concreto. Estiro mi brazo en busca del calor de Paula.


Hay un bloque de desesperación en mi estómago mientras pondero la posibilidad de que ella no esté aquí. Luego de actuar como un idiota anoche, no me sorprendería. Cuando mis dedos rozan su columna, la desesperación se desintegra y me deslizo cerca. La recojo en mis brazos y siento como su pequeño cuerpo se relaja, como si yo fuera todo lo que necesita para dormir bien. Mi corazón se golpea contra mi tórax y me pregunto si puede sentirlo en su espalda.


Entierro mi nariz en su cabello e inhalo. Su olor, la esencia más dulce y sexi que sentido en mi vida, llena mis pulmones. Y hace su magia. Fluye de mis pulmones a mi tórax… toma mi corazón y lo calma, devolviéndolo a su ritmo normal. Exhalo y me relajo completamente mientras recorro mis dedos sobre su estirado estómago, tocando su abdomen en busca de algo… realmente no lo sé. Anoche
sentí frío… cuando le di la espalda. No debí hacerlo, pero ella ya había hecho dudar mi confianza. ¿Que si Vanesa tenía razón? ¿Podría estar pasando? ¿Podría estar en camino a la paternidad? No… no puedo. No estoy listo. 


Necesito tiempo para aprender algo, cualquier cosa sobre ser un padre. No. Necesito enfocarme en mi carrera. 


Necesito vencer a Dom antes de pensar en algo o en alguien más. He trabajado demasiado duro estas pasadas semanas para rendirme ahora. He detenido tantas emociones como puedo, incluso he recurrido tratar a Paula como mierda para mantener mi mente en el camino. Te sorprenderías lo fácil que es empujarte más cuando te fuerzas a que no te importe nada. Miro la ventana y el
resplandor que entra por las esquinas. Debe faltar poco para la hora del entrenamiento.


Volteo sobre mi hombro hacia el reloj de alarma en la mesa al lado de la cama, tengo dos minutos antes de tener que levantarme e iniciar el entrenamiento.


Preferiría quedarme en la cama con mi semidesnuda y ardiente esposa, pero al fin de cuentas, tengo rutinas que perfeccionar e imbéciles que golpear. Con increíble dificultad, me alejo de Paula y deslizo de la cama.


Cuando bajo las gradas, Damian y Luciano ya están esperándome. Lamento haberle permitido al hotel que le dé una llave a Damian. Tal vez entonces podría saltarme algunas sesiones y quedarme en casa cuando realmente quiera.


―¿Estás listo, Pedro? ―dice Damian desde el final de las gradas. Muerde una crujiente manzana verde y me mira.


Asiento una vez.


―Hagámoslo.



*****


Para cuando he terminado, mi pecho se agita y mi cuerpo está recubierto por un sudor espeso. Damian y Luciano están apoyados en la ventana, Damian está llenando de cosas su pequeño portapapeles y Luciano descansa su cabeza contra el vidrio, sin camisa y tan sudoroso como yo. 


Mostrando todos sus tatuajes, desde su cadera derecha hasta la parte superior de su cuello. Le advertí en contra de los tatuajes excesivos, pero parece que no tiene ningún problema con el aspecto de un traficante de drogas.


―Bueno, no voy a decir que odio vivir aquí ―anuncia Vanesa, sonriendo para sí misma mientras cae sobre un sofá con su plato de cereal. Sus ojos recorren a Luciano y a mí, y le sonreímos. Ella dirá cualquier cosa que venga a su linda cabecita.


Mirando por la ventana, suena mi teléfono y lo contestó, silenciando el molesto tono de timbre antes de que se despierte Paula. Todavía no puedo creer que esté dormida. 


La cantidad de ruido que hicimos durante esta sesión de
entrenamiento pensé que despertaríamos a todo el hotel. 


Me detengo y miro las escaleras. Nada. Paula sigue dormida.


―¿Supongo que ella no es una persona madrugadora? ―Luciano ríe, sus verdes ojos brillando hacia mí.


Le gusta ver esto, como estoy envuelto alrededor del dedo de una chica.


―No por el momento.


―¿Quién es? ―pregunta Damian, sin levantar la vista de sus papeles.


Miro la pantalla y me congelo.


―Mierda.


Matt Somers. Deslizo a la tecla verde y llevo el teléfono a mi oreja.


―Tengo la sensación de que me arrepentiré de contestar esta.


Matt ríe.


―Vamos,Pedro ¿Por qué siempre tienes que asumir que tengo alguna agenda secreta cuando te llamo?


―Porque lo haces, pero si por un milagro no lo haces esta vez, déjame en paz. No puedo soportar la plática.


Damian y Luciano se inclinan más cerca, forzando sus oídos.


―Cierto. ―Él se ríe nerviosamente―. Solo pensé salir de la rutina y ver como lo estás haciendo. ¿Cómo están las cosas? ¿Cómo está tu esposa?


―Habla rápido ―le advierto con un gruñido―. Estoy ocupado.


―Muy bien, muy bien. ―Se ríe una última vez―. Te llamo porque el equipo de entrenamiento de Dom se dio cuenta de que no has usado el gimnasio.


―¿Por fin lo notaron? No he estado entrenando ahí por un tiempo, Matt.


Los ojos de Luciano y Damian se ensanchan.


―¿Por qué no? ―Toda la diversión ha desaparecido de su voz y tomado un nuevo tono.


―Tú sabes exactamente por qué. No estoy entrenando bajo el mismo techo que ese cerdo y no voy a jugar tu maldito juego. Sé que lo haces. Sé que alimentas nuestras confrontaciones, así que me he encerrado en mi habitación de hotel.


El resopla.


―¿Estás huyendo, Pedro? No pensé que fueras de ese tipo de…


―No estoy huyendo ―espeto―. Esto puede ser una broma para ti, pero esta es mi vida y mi carrera.


―¿Tu carrera, dices? Pues bien, ya que lo pones de esa manera, como tu jefe, te digo que te arrastres fuera de tu maldito caparazón y hagas algunas apariciones públicas. Si quieres sobrevivir en este negocio, chico, mejor escucha con atención.


Me perteneces, ¿me entiendes? Haces las mierdas que te diga. Golpeas cuando digo que golpees, te sientas cuando digo que te sientes, saltas cuando digo salta.


―Hace una pausa y mi teléfono cruje cuando lo aprieto con mi mano. Cómo se atreve este idiota―. He tenido gamberros como tú antes, Pedro. ¿Pregúntame dónde están ahora? Es de tu mejor interés que me escuches, y por tu beneficio, será mejor que la pelea llegue a los libros de historia, o tu culo estará sobre la hierba.


Cuelga y bajo el teléfono antes de dejarlo caer sobre la alfombra. Va a obligarme a seguirle el juego…. Y no tengo otra opción. Tengo que jugar bajo sus reglas o correr el riesgo de perderlo todo.


Eso es todo. Sé lo que tengo que hacer.


―Vamos a salir ―anuncio, saltando hacia las escaleras.


―¿A dónde vamos? ―pregunta Luciano detrás de mí.


―A encontrar a Dom. ―Doy dos pasos a la vez. Si Matt quiere una aparición pública, va a conseguir una. Va a tener el espectáculo más grande que jamás haya visto. Voy a empezar un jodido motín y terminarlo en el MMAC. Matt Somers va a desear nunca haberme pedido que jugara su juego. Me gustan los juegos; más importante aún, me gusta ganar, y voy a ganar.

CAPITULO 262



En la oscuridad, deslizo mis pies a lo largo de la alfombra para palpar piezas de ropa o zapatos abandonados. 


Tropezar en lo oscuro no es divertido, especialmente cuando tu habitación está llena de mesas de cristal y adornos de
cerámica al azar. Tú pensarías que sacarían todas las cosas que pueden romperse fácilmente cuando escuchan que Pedro está viniendo a la ciudad.


No muy lejos, oigo su respiración constante y envía remolinos de culpabilidad a mi estómago. Es el tipo de culpa que come el revestimiento de tu estómago y se siente como que hay rocas en tus intestinos. A pesar que no he hecho nada malo, me siento como si estuviera ocultándole algo… que todos los pensamientos que tuve en la ducha fueron a escondidas y él no los aprobaría. Mis dedos se deslizan al borde de la cama y me encorvo hacia delante, tratando de
alcanzar el colchón con mis manos. Me deslizo a mí misma en la cama, con mi vientre sellado. Rodando sobre mi espalda, uso mis pies para deslizar las sábanas de satén debajo de mi culo. Me muevo lo menos que puedo mientras agarro la sábana y cubro mi cuerpo con el tejido suave. 


Dormir en ropa interior es una gran idea cuando tienes sábanas sedosas como estas. Me aparto de Pedroacurrucándome en una bola. No lo abrazo mientras duerme… con miedo de que huela mis pensamientos. Ni un segundo más tarde, su gran cuerpo se desplaza en mi dirección. Contengo la respiración, esperando, rezando, para que no se despierte. Por primera vez en la historia, me estremezco cuando sus duros brazos me rodean y me arrastra hacia él. Lo respiro, huele increíble.


―¿No estás de humor para acurrucarte esta noche? ―pregunta y puedo sentir la sonrisa en sus labios.


Él es cálido, increíblemente cálido, y su calor penetra en mi piel, calentando mis órganos. Me presiono en su contra.


―Pensé que estabas dormido.


No una completa mentira.


Me aprieta más contra su cuerpo, dejando a su pulgar cepillar sobre mi delgado sujetador para dormir. Su pulgar cepilla mi pezón y aprieto los dientes.


La sensibilidad es demasiado difícil de soportar. Es casi doloroso, se endurece inmediatamente y estoy seguro de que fácilmente puede sentirlo a través de la ultra delgada tela de encaje.


―¿Sin ti? Nah.


Mis labios se contraen mientras besa mi cabeza una vez. Dos veces. Tres veces. Cuando termina, sitúa su cabeza contra la parte trasera de la mía, hundiendo su nariz en mí cabello húmedo.


―Dios, hueles bien ―murmura, respirando aire caliente sobre mi cuero cabelludo.


Sus manos bajan a mi estómago y corre la dura palma arriba y abajo, dudando en la línea de mi ropa interior, antes de regresar a las costillas. Su toque hace hormiguear mi piel, anhelo sentirlo todo en mi pecho, entre mis piernas. Lo hace una y otra vez durante unos minutos, casi me adormece en la tierra de los sueños, entonces su mano se vuelve marginalmente más pesada.


―¿Pedro? ―murmuro. Aprieto mis ojos cerrados con la esperanza, de pronto, de no conseguir una respuesta.


―Hmm. ―Su pecho vibra contra mi espalda, despertando cada célula de mi cuerpo. Me siento gravitar hacia él, tratando de tirar de su cuerpo contra el mío.


Maldita sea. Aquí viene.


―Estamos en esto juntos, ¿cierto? Para largo plazo, quiero decir.


―Absolutamente. ―Hace una pausa y el aire se torna tenso―. ¿Por qué? ¿Qué pasa? ―Su voz es fuerte y despierta, todo rastro de somnolencia se ha ido.


―Nada… Estaba pensando en lo que dijo Vanesa.


Exhala y se desplaza en la cama, tirando de sus brazos lejos de mí mientras rueda sobre su espalda. Se lleva el calor con él y pongo mi mano en su cadera solo para sentirlo de nuevo.


―Vanesa habla solo para oír su propia voz, lo sabes mejor que nadie.


―Lo sé, pero si…


―Mira, si estas preocupada, hazte la prueba de embarazo y ve por ti misma.Has estado tomando la píldora. Te he visto hacerlo.


Ruedo hacia el con más confianza para hablar sobre el “tema”.


―¿Y si el resultado es positivo? ¿Qué sucede entonces?


Otra pausa larga y tensa llena la habitación y lo odio.


―No lo será.


―Pero si lo es…


―Buenas noches, Paula ―interrumpe, rodando su cuerpo lejos de mí. La desaparición de su cuerpo, se mezcla con la oscuridad de la habitación y si no supiera, asumiría que estaba sola aquí… seguro que así es como se siente. Una pesadez se posa en mi pecho e inhalo en un intento por zafarme de ella. No hay suerte. Semanas atrás, este tipo de conversación fue bien recibida… luego se fue y vio la arena del MGM con Damian y todas las puertas que conducen a los niños y progresar como familia se han cerrado y la llave escondida debajo de una roca que no puedo hallar. Es por conversaciones como estas que hacen que me preocupe por él… Sobre las promesas que ha hecho.


Confianza. Al final del día, tengo que confiar en Pedro. Él es mi marido… soy la chica que eligió para pasar el resto de su vida. Tengo que confiar en que no importa lo que se filtre hacia afuera, el estará allí en todo el camino para apoyarme como siempre me lo ha prometido. Él me apoya como yo lo apoyo… sé que lo hará.


Mañana voy hacer la prueba de embarazo y todo estará hecho y terminado.


Va estar bien… Vamos a estar bien.